A los que ayudan, a los ayudados y a los que podrían ayudar
El día 7 de junio, a las 19h, en el Real Casino Liceo de Alicante tendrá lugar un recital del Orfeón Mare Nostrum. Y una entrega de placas de reconocimiento a personas que trabajan por ayudar a Lorca. Yo también quiero hacer algunos reconocimientos y reflexiones.
Puesto que se trata de un acto de agradecimiento quiero decir, a las personas que habéis sido ayudadas, que es de bien nacidos ser agradecidos. Ciertamente Lorca ha sido tremendamente impactada por catástrofes y crisis que han provocado motivos para verter muchas lágrimas. Hay personas sin hogar ni recursos. Pero no tenéis derecho a dejaros invadir por la desesperanza. Porque sería un insulto a quienes os han acompañado y ayudado. A tantos voluntarios que os han dado un poco (o un mucho) de sus recursos, de sus sonrisas, de su calor humano, de su tiempo.
A los que habéis ayudado quiero reconocer en vosotros la versión actualizada de la parábola del buen samaritano. Porque entre las luces y las sombras de este mundo nuestro sigue resonando con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Porque como dijo Benedicto XVI “Dios nos sigue pidiendo que seamos guardianes de nuestros hermanos, que nos cuidemos los unos a los otros, que estemos atentos a las necesidades del otro, de hacerles siempre el bien.
A los que podían haber ayudado y no lo hicieron quiero animarles a que no se encierren en sus propios intereses; a que busquen el interés de los demás. Porque a eso es a lo que estamos llamados los creyentes: a reproducir las actitudes de misericordia que Jesús nos mostró. Porque Jesús vuelve a decirnos que esos en los que hay mucho amor y mucha entrega “nos llevan la delantera en el camino del Reino de Dios”.
A los que quieren ayudar pero no saben cómo. Puedes no tener recursos que compartir. Pero seguro que tienes una ocasión y un momento para interesarte por el otro. Para conocer su nombre y sus problemas. Para sonreírle desde dentro. Para hacerle sentirse persona.
A las Instituciones políticas, económicas y sociales quiero decirles que, muchas personas, son pobres por causas económicas, sociales y políticas. Y que sobre esas causas se puede y se debe actuar. Más que pobres son empobrecidos. Y es por ello que, en un mundo con desigualdades tan sangrantes como las del nuestro, la pobreza tiene una dimensión ética y una evidente relación con la justicia.