Un canto a la amistad

Fue un momento especial y era un lugar especial. Un lugar en el que es difícil encontrar caras jóvenes.

El lugar era un tanatorio y el momento el inicio del duelo por mi madre. Y allí estaban aquellos dos jóvenes, arropándome con un cariño venido de lejos y tejido a base de profundos sentimientos compartidos.

Un día, hace ya 26 años, mi vida profesional se cruzó con la del padre de esos dos muchachos. A partir de ahí nuestras vidas personales se entrelazaron. Luego se incorporaron nuestras mujeres y nuestros hijos hasta acabar constituyendo un bello 4x4, repleto de intensas experiencias compartidas.

La vida me ha enseñado que educamos con lo que decimos. Mucho más con lo que hacemos. Pero sobre todo con lo que somos.

Porque es fácil hablar y ordenar pero es mucho más difícil el hacer. Y son los buenos hechos los que constituyen la esencia de la vida, mientras que las nobles palabras son simplemente el adorno.

La conducta de esos muchachos no es sino el reflejo de lo que han visto en sus padres. Ese es el principal referente que impregna la vida de nuestros hijos.

Esos muchachos sobre los que escribo me arroparon con el cariño que habían visto en sus padres y de la que ellos mismos se acabaron contagiando. ¡Qué bella es la amistad! ¡Qué gratificante! ¡Qué impactante y educadora!

No es necesario que el amigo sea perfecto, ni tampoco un clónico de nuestra manera de pensar y de comportarnos. Basta con que sea, simplemente, amigo. Y la única manera de tener un amigo es serlo. Honrarlo cuando esté presente. Valorarlo cuando esté ausente y asistirlo cuando lo necesite.

M.L. King se lamentaba de que hemos sido capaces de dotarnos de medios para volar como los pájaros y nadar como los peces pero que no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos. Pero podemos y debemos hacerlo. La posibilidad de trabajar juntos en la búsqueda por dar un sentido a nuestra existencia está ahí y no debemos renunciar a ello.

En nuestra sociedad queda sitio para la amistad y vale la pena cuidarla y cultivarla. Pocas cosas son tan importantes y tan impactantes como ella. Esos dos muchachos (Dani y Alex) y sus padres (Juanma y Karina) que hoy celebran sus bodas de plata, me lo han demostrado y quiero pregonarlo a los cuatro vientos. ¡Porque es verdad!
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