Las instituciones religiosas encuentran dificultades para invertir de forma responsable

Una investigación fiable ha puesto de manifiesto que las instituciones religiosas tienen dificultades para invertir de forma responsable y mantener, a su vez, una estrategia que encaje con sus creencias.

La mayoría de las instituciones religiosas encuestadas afirmaron que, aunque sus creencias religiosas se reflejan en sus prácticas inversoras, invertirían más si hubiera herramientas seguras para hacerlo de conformidad con sus creencias.

A pesar de que las instituciones religiosas son mayoritariamente consideradas como las pioneras de la inversión responsable y constituyen el tercer mayor grupo inversor a escala mundial, parece que el mercado bursátil presenta dificultades cuando se trata de alinear las necesidades religiosas con una estrategia de inversión responsable.

Las dificultades con las que se encuentran son que los bancos, a menudo, no proporcionan los servicios necesarios coherentes con la inversión respetuosa con la fe.

La investigación dio con una posible solución a dicha situación: un mercado de inversión menos complejo, con productos de inversión religiosa personalizados.

El cuestionario se envió a distintas religiones y el 90 % de las personas que respondieron a la encuesta eran cristianas. Más del 70 % de las instituciones religiosas de la encuesta realizan alguna forma de inversión de impacto en áreas como el desarrollo comunitario, las microfinanzas, las viviendas asequibles y el comercio justo, y no sólo la evaluación negativa y positiva. Y más del 80 % de las instituciones religiosas de la encuesta practican algún tipo de compromiso de accionista con las empresas en las que invierten.

Las instituciones religiosas deberían ir más allá de la simple búsqueda del beneficio económico. Moverse más por el impacto que puede tener la inversión sobre el comportamiento de la empresa que por la simple rentabilidad financiera. Tender a tener preferencia por invertir en proyectos o empresas que actúan responsablemente y “hacen el bien”, en vez de simplemente apostar por quien más intereses paga.

Algunas ya lo hacen y es el ejemplo a seguir y a extender.

La investigación fue difícil, porque a las instituciones religiosas no les gusta hablar de dinero ni de cómo lo invierten. Pero puesto que lo tienen y lo necesitan deberían ser trasparentes, presentarse como referentes de lo que es una inversión socialmente responsable y contribuir a su difusión.
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