Universidades católicas: ¿sinodales o colonizadas?
El máximo desafío para las universidades católicas será reconocer valor epistémico al sentir y pensar de los pobres, y crear los mecanismos para escucharlos y aprender de sus modos de luchar para encarar grandes peligros y salir adelante
Las universidades católicas enfrentan un desafío nuevo: han de pensarse y estructurarse sinodalmente. Probablemente desde Gaudium et spes no se les hacía un requerimiento de tanta importancia. Ex corde Ecclesiae sigue siendo el documento fundamental sobre su identidad, pero el Documento Final del último Sínodo de los Obispos pone una nueva vara al modo de ser Iglesia y, con ello, a sus universidades.
La sinodalidad no es un procedimiento de gobierno. Es la forma que tiene la Iglesia de ser lo que es: un pueblo que camina junto y que, en virtud del bautismo, ha de escuchar, discernir y decidir.
¿Cómo atañe a las universidades? El fin sigue siendo la búsqueda de la verdad. La sinodalidad no reemplaza ese fin: indica un modo de alcanzarlo y exige a las universidades progresar en algo que les pertenece por naturaleza. Lo que no puede ser en la Iglesia es que alguien se exima de articular su fe y su razón. Por eso la ciencia y la técnica son fundamentales. El reto hoy es que las universidades revisen su epistemología, su modo de organizarse y los resultados sociales de su trabajo.
En América Latina han predominado dos modos de ser universidad: el «guevarista» y el neoliberal. Ambos conducen al fracaso en sus extremos. La universidad guevarista está al servicio de una causa revolucionaria; la segunda aspira a una autonomía completa respecto de toda causa exógena. Las universidades católicas latinoamericanas tienen de lo uno y de lo otro, y muchas han sido cautivadas por el neoliberalismo. No existen las «torres de marfil». Hoy las exigencias neoliberales de la gran empresa son enormes. En las universidades manda el mercado. Los números indican lo que vale y, subterráneamente, las cifras monetarias. La relación entre ellas es una carrera brutal por ganarles a las demás.
El mundo universitario católico sufre además la intervención externa de autoridades eclesiásticas por cuestiones teológicas o disputas de poder, menoscabando la libertad que necesitan para ser universidades y ser cristianas.
En este contexto, la sinodalidad constituye un correctivo fundamental: demanda oír todas las voces, con honesta intención de generar justicia y fraternidad. Ayuda, además, a hacer los ajustes que contribuyen a la misión de la Iglesia, discerniendo los signos de los tiempos. Esta tarea requiere trabajo universitario. La Iglesia se ha empeñado en exhortar a una conversión ecológica integral y a una búsqueda de la verdad en tiempos de manipulación.
El máximo desafío para las universidades católicas será reconocer valor epistémico al sentir y pensar de los pobres, y crear los mecanismos para escucharlos y aprender de sus modos de luchar para encarar grandes peligros y salir adelante.
