Pasión y muerte en la calle

Romance de Semana Santa

Semana Santa en la calle

de pena, dolor y pueblo…

Pasión y muerte en la calle
Pasión y muerte en la calle | Kimberly Cruz Medinilla Lacaba
Jesús Mauleón
07 abr 2023 - 07:42

Pasión y muerte en la calle

Semana Santa en la calle

de pena, dolor y pueblo.

Huerto de Getsemaní,

Jesús penando en el huerto.

Tiembla y el sudor de sangre

le corre por todo el cuerpo.

(¿Aún siguen sus tres amigos

tan ajenos y durmiendo?)

Viene Judas Iscariote:

“Al que bese detenedlo”.

Negra en el alma y la noche,

va delante en el cortejo

gente con palos y espadas

a prender al Nazareno.

El traidor, en su traición,

se acerca y le estampa un beso

mientras con la voz mentida

le dice: “Salve, Maestro”.

Atado como un bandido

lo empujan sin miramientos

dejando atrás los olivos

que se retuercen gimiendo.

Bajo las andas, ocultos,

se duelen los costaleros.

Lloran las bandas de música

con acentos lastimeros.

Llega a casa de Caifás

tropezando y sin aliento.

“¿Es cierto que tú dijiste:

‘Puedo destruir el templo

y construirlo en tres días?’”.

Y Jesús guarda silencio.

Ante todo el Sanedrín

Caifás pregunta de nuevo:

“Dices que eres el Mesías,

el Hijo de Dios, ¿es cierto?”.

“Sí, tú lo has dicho, Caifás,

y tenlo por verdadero.

Vendré como Hijo de Dios

sobre las nubes del cielo”.

Un rasgar de vestiduras saja su tela al silencio

y todas las bocas gritan:

“¡Basta ya! ¡De muerte es reo!”.

Crujen las andas y el trono

y gimen los costaleros

mientras la banda de música

alza en dolor su crescendo.

Costaleros
Costaleros

De pronto se lanza un “Ay”

desde un balcón saetero.

“Ay” de saeta que sube

hasta clavarse en el cielo.

La multitud, traspasada,

se detiene en el cortejo

y respira su congoja

con una herida en el pecho.

Pasan y pasan los pasos

que portan al Nazareno.

Va de Caifás a Pilatos.

Pilatos se siente ajeno

y se lo remite a Herodes

que entre curioso y contento

quiere ver milagrerías

que cuentan del Nazareno.

Pregunta Herodes, pregunta,

mas Jesús guarda silencio

ante el asombro de Herodes,

enemigo y zorro viejo

que le ofrece con los suyos

su regalo de desprecio.

A Jesús viste de loco

y lo devuelve de nuevo

a Pilatos quien, cobarde,

en la duda prisionero,

el indulto a Barrabás

o a Jesús ofrece al pueblo.

Rechaza el pueblo a Jesús

dando a Barrabás por bueno.

Y el gobernador lo entrega

al látigo y al tormento.

Jesús
Jesús

Sangrad como a latigazos,

hombros de los costaleros.

Atruenen por sus heridas

la banda y sus instrumentos.

¿Se ha clavado otra saeta

en el corazón del cielo?

Ya va con la cruz a cuestas

seguido del Cirineo.

Jesús se encuentra a su Madre

tocada de un velo negro.

La llaman la Dolorosa,

siete espadas en el pecho,

como el mar es su tristeza,

alta pleamar su duelo.

A Jesús en el calvario

lo clavan en el madero.

Crucificado y amante,

tiene los brazos abiertos.

Antes de morir dirá

con el corazón ardiendo:

“Padre, perdona a estas gentes

que no saben lo que han hecho”.

Un eclipse de repente

deja a oscuras al cortejo.

Estallan todas las bandas

de terremoto y estruendo,

ciega la cera en los cirios

y mudos los costaleros.

Eclipse
Eclipse

***

La procesión ha acabado.

Lento se remueve el pueblo.

Y poco a poco las calles

retornan a su ajetreo.

Pero ya nada es igual

ni por fuera ni por dentro,

que la noche y la ciudad

se han quedado sin aliento,

vivas de cruz y de llanto

y muertas con Cristo muerto.

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