Alfonso Fernández: "La Biblia de san Luis fue un intento de que los reyes pudieran leer la Escritura cuando no sabían latín"
En el marco de las catequesis del papa León XIV sobre los documentos del Concilio Vaticano II y reflexionando sobre la Dei Verbum, dialogamos con don Alfonso Fernández, penitenciario de la Arquidiócesis de Toledo, España, sobre la Biblia de san Luis
(Renato Martinez/Vatican News).- “Para comunicarse, Dios se vale de lenguajes humanos y, así, diversos autores, inspirados por el Espíritu Santo, redactaron los textos de la Sagrada Escritura”, lo ha recordado el papa León XIV en la Audiencia general de este 4 de febrero, al continuar con su ciclo de catequesis dedicados a reflexionar sobre los documentos del Concilio Vaticano II. En esa ocasión, reflexionando sobre la Constitución Dogmática Dei Verbum, el Pontífice señaló que, “la Escritura, por tanto, es palabra de Dios en palabras humanas. Cualquier acercamiento a ella que descuide o niegue una de estas dos dimensiones resulta parcial”.
Don Alfonso Fernández: La Escritura en imagen y texto
En este contexto, y tras haber celebrado recientemente el Domingo de la Palabra de Dios, en Vatican News dialogamos con don Alfonso Fernández Benito, profesor de teología moral y penitenciario de la Arquidiócesis de Toledo, España, sobre un antiguo manuscrito que resale al 1226-1234, denominado “La Biblia de san Luis”, un texto tan antiguo como la misma catedral donde es custodiado, la catedral de Toledo, que está celebrando sus 800 años de fundación.
“La Biblia de san Luis fue un intento de que los reyes pudieran leer la Escritura cuando no sabían latín, pero no es un espejo de príncipes, es un espejo para toda la gente que no sabía latín, o que no comprendía la Biblia en piedra, en arquitectura. La Biblia de San Luis era la forma de transmitir con imagen y con texto la Sagrada Escritura. La hizo la reina Blanca de Castilla, esposa de Luis VIII de Francia, quien regaló esta Biblia, a su hijo, Luis IX, (san Luis) con motivo de su matrimonio con Margarita de Provenza, que coincidió con el comienzo real de su reinado, pues hasta entonces, por ser menor de edad, su madre tuvo que hacer de regenta”.
Desconocer la Biblia es desconocer a Cristo
El profesor de teología moral también señaló que, la Biblia de San Luis formó parte de la Capilla real que acompañaba al rey, incluso en campañas bélicas, por ejemplo, en las cruzadas en la Tierra Santa iba con un capellán y les iba explicando las Escrituras. Posteriormente, este texto sagrado llegó a Toledo como regalo privado entre reyes para reforzar la unión de las dos coronas, de ello tenemos noticas gracias al testamento de Alfonso X (1284) y así llegó a formar parte del tesoro de la catedral toledana (1498).
“La obra consta de tres volúmenes, con 1.230 folios y 4.887 medallones, ocho por folio; los impares son bíblicos, y los pares son alegóricos, fundamentalmente moralizantes. La Biblia fue fruto de la colaboración entre equipos de copistas y miniaturistas en diversos talleres de París. Los artistas o miniaturistas trabajaron antes que los copistas del texto, quienes tuvieron que adaptarse al tamaño del medallón. Primero fue elaborado el volumen III sobre el Nuevo Testamento, y luego los volúmenes I y II, correspondientes al Antiguo Testamento”.
Un ejemplo de la teología medieval
Asimismo, don Alfonso Fernández recordó que, “la forma de hacer teología predominantemente en la Iglesia del medievo, era una exégesis patrística, que era comentar el texto con los padres de la Iglesia” y no solo en sentido literal o histórico, sino que también se buscaba un sentido profundo, un sentido espiritual. Es decir, no nos quedábamos en una interpretación solo de la letra, porque la sola letra, dice San Pablo, mata.
“Desde el siglo III al XV, predominó en la Iglesia medieval esta forma de hacer teología, a través de cuatro sentidos: literal, alegórico, tropológico o moral, y anagógico o escatológico. La Biblia de san Luis constituye un buen ejemplo. El Antiguo Testamento ayuda a la comprensión del Nuevo; pero, a la vez, retrospectivamente, el cristiano, desde la plenitud de la revelación, relee el Antiguo, descubriendo en él los misterios ocultos (figuras), bajo la letra de la Ley, los profetas y la tradición sapiencial, que se cumplen, con plenitud, en Cristo y la Iglesia. Nos imaginamos, con los discípulos de Emaús, cómo Cristo fue comprobando durante su vida en la tierra que toda la Escritura se cumplía en Él, tal y como exclamará en la Cruz: «Todo está cumplido» (Jn. 19, 30)”.
Los cuatro sentidos de la Biblia de san Luis
Retomando las palabras del papa León XIV en su catequesis del pasado 4 de febrero, el penitenciario de Toledo señaló que, “hay que leer el texto, comprenderlo en su contexto”, como lo indica la Dei Verbum. Por ello, es importante conocer los cuatro sentidos que se hallan en este manuscrito y que se pueden resumir con un viejo dístico: «La letra gesta la enseñanza; la alegoría para que creas; la moral para que hagas; y que tiendas hacia la anagogía».
“El punto de partida es el sentido literal e histórico, contenido en los medallones impares de la Biblia, con la narración de los acontecimientos y su comprensión desde la óptica de historia sagrada o teología de la historia. Pero hay un segundo significado espiritual o místico, más profundo –el espíritu– para conocer la verdad interior de otro Acontecimiento superior que contiene, gracias al empleo de la analogía cristiana, en seguimiento de san Pablo: «este es un gran Misterio, pero yo lo refiero a Cristo y la Iglesia» (Ef. 5, 32). Quedarse sólo en la historia o en la letra de la Escritura sería a volver a una interpretación meramente literal de la sinagoga judía. La Biblia de Toledo presenta, en texto e imagen, lo exterior –lo escrito por fuera– es decir, la historia o letra; pero después abre lo interior –lo escrito por dentro–, es decir, el espíritu –sentido espiritual–, plasmado en el texto e imagen de cada medallón. El sentido espiritual o alegórico, a su vez, contiene otros tres: alegórico, propiamente dicho, principalmente tipológico y espiritual, que fundamenta las verdades de la fe y construye el edificio del dogma cristiano; sentido moralizante, aplicación del dogma a la vida del cristiano; y, finalmente, nos conduce al sentido escatológico sobre las verdades de la vida eterna, anticipada en la tierra mediante la contemplación”.
Finalmente, el profesor de teología moral indicó que, esta forma de hacer teología puede compararse a la construcción del edificio de la catedral primada de Toledo, en donde a una basílica inicialmente visigoda, se le añadió, lateralmente, una gran nave gótica: los cimientos lo forman el sentido literal de la Escritura; las columnas y muros maestros, el sentido alegórico, que edifica la fe cristiana con sus dogmas; el interior viene decorado por el sentido tropológico o moral; finalmente, el techo del edificio es el sentido anagógico o escatológico.
La unidad de toda la Escritura garantiza la continuidad en el cuádruple sentido. Es «la rueda dentro de la rueda», según la visión de Ezequiel (1, 16-21), sobre las cuatro ruedas –el tetramorfos– que permiten avanzar el carro del Evangelio y de la Iglesia hacia adelante y hacia arriba. San Mateo es la rueda del sentido literal, con la figura del hijo del Hombre, que se cumple en Cristo; san Lucas es el buey que sufrirá el martirio en la Cruz; san Marcos es el león de Judá que resucitará de las cenizas; y san Juan, el águila que vuela hasta el cielo. La doctrina del cuádruple sentido fue resumida por Agustín de Dinamarca (siglo XIII): «la letra enseña las historias, la alegoría lo que has de creer, el sentido moral te dice lo que has de hacer (caridad) y la anagogía lo que has de esperar».