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Armand Puig, el biógrafo de Gaudí, vuelve a casa bajo la cruz de la Sagrada Familia

El biblista y teólogo de La Selva del Camp protagoniza el pregón de la Feria de la localidad en pleno Año Gaudí, arropado por un pueblo que reivindica sus vínculos con el arquitecto.

Armand Puig fue reconocido en su pueblo. | Agencia Flama

Este viernes 23 de octubre, cuando regresaba a Cataluña después de unos días en Roma, Armand Puig veía cómo la cruz de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia coronaba Barcelona. La misma imagen que contempla cada vez que llega a la ciudad y que el viernes tenía aún más presente después de haber ofrecido, el día anterior, una conferencia sobre Antoni Gaudí en Santa Maria dei Miracoli, ante un auditorio de arquitectos italianos. "Ni uno solo tuvo una palabra para discrepar del de Reus cien años después", reconocía, con la satisfacción de quien constata que la obra y el pensamiento de un creador siguen suscitando admiración más allá del tiempo y las fronteras.

El viernes 23 de octubre, sin embargo, el lugar de Puig era otro: su tierra, La Selva del Camp. El biblista y teólogo volvió a subir, una vez más, a un escenario de su pueblo para pronunciar el pregón de la Feria, en un acto que lo reunió con sus orígenes y con una de las figuras que han marcado más intensamente su trayectoria intelectual. Presentado por la periodista Tate Cabré y acompañado en el escenario por el alcalde, Enric Roberto, Puig protagonizó una velada en la que el reconocimiento a Gaudí se convirtió también en una forma de reconocer a uno de sus estudiosos más destacados: un hijo de la localidad que ha contribuido decisivamente a hacer más comprensible la dimensión humana, espiritual y artística del arquitecto.

Vida dedicada a desentrañar a Gaudí

Tate Cabré fue la encargada de presentar al pregonero y de situar su trayectoria en el contexto de una relación con Gaudí que, a comienzos de este siglo, sorprendió incluso a quienes conocían bien la obra de Puig. "Cuando nos enteramos de su inmersión en Gaudí, nos quedamos sorprendidos", recordó, porque hasta entonces su especialidad había sido, principalmente, la investigación bíblica y teológica.

Armand Puig, entre amigos y familiares en La Selva del Camp, el pasado viernes. | Agencia Flama

El tiempo ha convertido aquella sorpresa inicial en reconocimiento. En este punto de su intervención, Cabré quiso reivindicar una obra bibliográfica que los estudiosos de Gaudí deberían tener siempre a mano, con los libros "subrayados", como expresión de una lectura atenta y comprometida. La periodista destacó especialmente la publicación biográfica de 2026, con la que Puig vuelve a las fuentes documentales y revisa interpretaciones consolidadas, "evitando que las leyendas urbanas acaben ocupando el lugar de la historia".

"¡Es tremendo lo que hace!", exclamó Cabré, que evocó también la dimensión internacional de este trabajo: de Roma a Perú, allí donde haya alguien dispuesto a escuchar qué nos dice Gaudí. "Más de cincuenta libros e innumerables artículos", recordó la periodista desde el escenario, avalan una trayectoria que ha hecho de la investigación y la divulgación dos formas complementarias de servicio al conocimiento.

Pero el retrato que la periodista ofreció de Puig no se limitó a su dimensión académica. También recuperó el recuerdo de aquel Armand que, cuando ella era pequeña, enseñaba catalán a los niños de La Selva, ensayaba teatro en el centro social del Casino y los hacía cantar por Navidad, mientras formaba parte del coro Madrigal de Barcelona.

Genio que no improvisaba

Cuando tomó la palabra, Armand Puig situó a Gaudí en la categoría excepcional de los grandes creadores. "Gaudí debe situarse de manera extraordinaria en el mundo de los genios", afirmó, antes de subrayar que su genialidad respondía a una exigencia creativa extraordinaria. El arquitecto trabajaba cada proyecto con una voluntad de depuración que lo llevaba a explorar múltiples soluciones hasta encontrar la que consideraba definitiva. "Alguien que hace veintiún proyectos diferentes para la fachada del Palau Güell demuestra una depuración total para llegar a un punto concreto y profundo", dijo. Y lo remató con una imagen muy gráfica: ""No era de los que, mientras se peinan, les vienen las ideas".

Puig también puso el acento en la diversidad de registros que conviven en la obra gaudiniana, capaz de generar universos estéticos muy diferentes bajo una misma autoría. "La Casa Batlló y La Pedrera son cosas muy distintas. Si alguien que no sabe que son del mismo autor las ve, no sabría identificar que son del mismo autor", observó. Y propuso una lectura simbólica de este contraste: "La Casa Batlló es el mar, es Jesús. Y La Pedrera es piedra, es María". En esta última, incluso los elementos arquitectónicos parecen adquirir una dimensión devocional: "Los balcones de La Pedrera parecen altares de la Virgen".

Gaudí, Cataluña y la fe

La conferencia fue más allá de las formas y los materiales para adentrarse en las convicciones que orientaron la vida del arquitecto. Así, Puig recordó que Gaudí solo se declaró discípulo en una ocasión, y que lo hizo para referirse a Lluís Bonifàs, el escultor de Valls. "Solo dijo una vez que era discípulo, y se refirió a Lluís Bonifàs, de Valls", precisó.

En el terreno del pensamiento social, Puig destacó la influencia del obispo de Reus Joan Baptista Grau, que introdujo a Gaudí en el pensamiento social de la Iglesia. "Joan Baptista Grau le dio a conocer la Rerum novarum de León XIII", explicó, en alusión a la encíclica que marcó un momento decisivo en la formulación de la doctrina social católica.

Tate Cabré repasó las obras dedicadas a Gaudí que han visto la luz bajo la autoría de Armand Puig. Foto: Flama

Puig también evocó el vínculo de Gaudí con la Liga Espiritual de la Virgen de Montserrat, en el contexto del catalanismo político de la época, y destacó su voluntad de servir a Cataluña al margen de la política institucional. "No quiso ser diputado; él decía que servía a Cataluña desde la arquitectura", recordó.

En este recorrido por las raíces catalanas de Gaudí, la catedral de Tarragona ocupó un lugar destacado. "Dijo que la catedral de Tarragona era la más bonita de las catedrales catalanas, y tiene razón", afirmó Puig, haciendo suya la admiración del arquitecto por uno de los grandes monumentos del patrimonio del país.

La dimensión religiosa, sin embargo, no quedó reducida a las referencias iconográficas o a las influencias intelectuales. Puig apuntó también al horizonte de reconocimiento eclesial que acompaña a la figura de Gaudí. Con la mirada puesta en Roma, expresó su confianza en que el proceso de reconocimiento de su santidad siga avanzando. "Venerable, beato, santo… son palabras que forman parte del nuevo y del futuro vocabulario relacionado con él", auguró, evocando un horizonte en el que la figura del arquitecto podría contemplarse también desde esta dimensión espiritual.

El regreso a casa, en pleno Año Gaudí

La intervención de Puig se inscribía, además, en un contexto local que el alcalde, Enric Roberto, quiso poner en valor. "La Selva del Camp cuenta con una larga lista de personas vinculadas directa o indirectamente al municipio que han contribuido a mantener vivo el legado del artista de Reus", reiteró Roberto al final del acto.

Y el viernes, en su pueblo, el biógrafo dejó por unas horas los auditorios internacionales para volver a hablar ante los suyos. En pleno Año Gaudí, La Selva abrazó a uno de los principales intérpretes del genio de Reus y recordó, al mismo tiempo, que el legado de un creador también se mantiene vivo en los vínculos que el tiempo, lejos de borrarlos, puede hacer aún más profundos.

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