El liderazgo en los Consejos Parroquiales: Un liderazgo orientado hacia la misión
El liderazgo que propongo en 70 veces 7 no está pensado únicamente para el mundo empresarial. Es un enfoque que puede iluminar la dirección de empresas, instituciones educativas, obras apostólicas, organizaciones sociales e incluso proyectos familiares. Allí donde alguien tiene responsabilidad sobre otros y debe tomar decisiones que afectan a una comunidad, estas claves resultan válidas. Sin embargo, en este artículo quiero detenerme en un ámbito muy concreto: los consejos parroquiales, tanto el Consejo Pastoral como el Consejo Económico.
En la vida de una parroquia, el liderazgo no suele vivirse como poder formal, pero existe. Se ejerce cuando se priorizan iniciativas, cuando se decide cómo invertir recursos, cuando se corrigen dinámicas que no funcionan o cuando se acompaña un conflicto comunitario. Tanto el Consejo Pastoral como el Económico son espacios donde se custodia algo más que una agenda o unas cuentas: se custodia la misión.
Un liderazgo orientado a la misión cambia el centro de gravedad de las reuniones. La pregunta deja de ser únicamente qué actividad organizar o qué gasto aprobar, para convertirse en algo más profundo: ¿esto ayuda realmente a la comunidad a crecer en su vocación evangelizadora? Cada decisión —pastoral o económica— transmite un mensaje sobre qué se considera prioritario, a quién se cuida primero y qué tipo de comunidad se está construyendo.
En los consejos parroquiales es fácil caer en la gestión de lo urgente. Calendarios, balances, reformas, celebraciones, presupuestos. Todo ello es necesario. Pero cuando la misión no permanece explícitamente en el centro, la acción se fragmenta y se convierte en mera administración. El liderazgo orientado a la misión introduce una mirada integradora: las cifras, las actividades y las decisiones solo cobran sentido si están al servicio del anuncio y del cuidado de las personas concretas.
Esto exige aprender a discernir juntos. No se trata solo de intercambiar opiniones ni de votar propuestas, sino de detenerse para escuchar qué necesita realmente la comunidad en este momento. Muchas veces los bloqueos no nacen de la falta de ideas, sino del miedo: miedo al cambio, al conflicto o al error. Nombrar esos miedos devuelve libertad. Y decidir desde la libertad permite avanzar con serenidad.
También implica cuidar el clima humano del propio consejo. No basta con que las decisiones sean técnicamente correctas; importa cómo se dialoga, cómo se dicen los “no”, cómo se gestionan las diferencias. Una comunidad que no sabe disentir sin romperse difícilmente podrá anunciar reconciliación. El modo de trabajar juntos ya es, en sí mismo, un testimonio.
Además, el liderazgo orientado a la misión invita a repartir responsabilidad y no solo tareas. Cuando todo depende de unos pocos, la parroquia se debilita. Cuando se confía y se delega con criterio, la comunidad madura. Delegar no es perder control, sino hacer crecer corresponsabilidad.
En el fondo, tanto el Consejo Pastoral como el Económico comparten una misma vocación: garantizar la coherencia entre el Evangelio que se anuncia y las decisiones concretas que se toman. No se trata solo de preguntar si algo es posible o viable, sino de preguntarse qué comunidad estamos formando con nuestras elecciones.
Las claves que desarrollo en 70 veces 7 —servicio, discernimiento, perdón, corrección, confianza, responsabilidad y reconciliación— pueden ayudar a que estos consejos no se limiten a gestionar estructuras, sino que ejerzan un liderazgo verdaderamente evangelizador. Porque liderar en la Iglesia no es administrar actividades, sino custodiar la misión sin perder la humanidad en el camino.
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