Mujeres en la Iglesia: Cuatro voces sabias de cuatro mujeres emblemáticas
Mes de la Mujer #MujeresComillas
Del 2 al 15 de marzo de 2026, la Universidad Pontificia Comillas presenta una exposición que rinde homenaje al legado espiritual e intelectual de Teresa de Jesús, Catalina de Siena, Teresa de Lisieux y Hildegarda de Bingen
(Universidad Pontificia Comillas).- En el marco de las actividades organizadas por la Universidad Pontificia Comillas con motivo de la celebración del Día de la Mujer 2026, el servicio de Biblioteca en colaboración con Comillas Espiritualidad presenta una exposición que rinde homenaje al legado espiritual e intelectual de cuatro figuras femeninas emblemáticas: santa Teresa de Jesús, santa Catalina de Siena, santa Teresa de Lisieux y santa Hildegarda de Bingen.
Esta iniciativa busca visibilizar su sabiduría teológica y mística e invitar a la comunidad universitaria a descubrir su influencia perdurable en la doctrina cristiana y su espiritualidad, fomentando un diálogo intergeneracional enriquecedor.
Podrá visitarse durante el mes de marzo en los campus de Alberto Aguilera y Cantoblanco.
Mujeres en la Iglesia: cuatro voces sabias
Santa Teresa de Jesús (1515–1582)
También conocida como Teresa de Ávila nació el 28 de marzo de 1515 en Ávila, en una familia numerosa. Desde joven mostró una profunda sensibilidad interior y afición por la lectura, especialmente de vidas de santos.
A los veinte años ingresó en el convento carmelita de la Encarnación, una decisión vivida con dudas y dificultades. Sus primeros años de vida religiosa estuvieron marcados por una grave enfermedad y por una vida espiritual inconstante, que ella misma relatará con gran sinceridad.
Hacia los cuarenta años, Teresa vivió una experiencia de conversión profunda que transformó su manera de entender la fe y la oración. A partir de entonces, su vida se orientó claramente hacia la oración interior y el deseo de vivir con mayor autenticidad el Evangelio.
Convencida de la necesidad de una renovación espiritual, impulsó la reforma del Carmelo y fundó las carmelitas descalzas, comunidades caracterizadas por una vida sencilla, fraterna y centrada en la oración. Esta tarea la llevó a recorrer buena parte de España y a afrontar incomprensiones y conflictos, especialmente por ser mujer en un contexto poco favorable a la iniciativa femenina.
Junto a su labor fundadora, Teresa desarrolló una intensa actividad como escritora. Sus obras destacan por un lenguaje cercano, lleno de imágenes cotidianas y una gran profundidad humana. En ellas presenta la oración como una relación viva de amistad con Dios, accesible a cualquier persona.
Entre sus escritos más importantes se encuentran “El libro de la vida”, “Camino de perfección” y “Las Moradas o Castillo interior”. En “Las Moradas”, Teresa utiliza la imagen de un castillo interior con distintas estancias para describir el camino espiritual, desde el conocimiento de uno mismo hasta la unión con Dios en lo más profundo del ser humano.
Santa Teresa murió el 4 de octubre de 1582 en Alba de Tormes. Fue canonizada en 1622 y proclamada Doctora de la Iglesia en 1970, reconocimiento a una aportación espiritual que sigue inspirando hoy.
Santa Catalina de Siena (1347–1380)
Nació en Siena en 1347, en el seno de una familia numerosa de artesanos acomodados. Desde muy joven manifestó una intensa vida de oración y un deseo radical de consagración a Dios.
A los dieciséis años ingresó como terciaria dominica, viviendo inicialmente en su propia casa en régimen de recogimiento y servicio a los pobres y enfermos. No recibió formación académica sistemática -no sabía leer ni escribir al principio-, pero desarrolló una profunda experiencia mística que más tarde describiría, dando lugar a una de las obras espirituales más influyentes del medievo: el “Diálogo de la Divina Providencia”.
Su vida no fue únicamente contemplativa. En el convulso contexto del siglo XIV, marcado por guerras entre ciudades italianas y por el llamado “cautiverio de Aviñón” del papado, Catalina intervino activamente como mediadora política y eclesial.
Mantuvo una abundante correspondencia con reyes, gobernantes y el papa Gregorio XI, a quien exhortó con firmeza a regresar a Roma, cosa que finalmente ocurrió en 1377.
Desde el punto de vista espiritual, Catalina ofrece una mística profundamente cristocéntrica y trinitaria. Su pensamiento gira en torno al “conocimiento de sí en Dios” y al misterio de la Sangre de Cristo como fuente de misericordia y vida nueva. En el “Diálogo” desarrolla una teología de la gracia, la caridad y la obediencia filial a la Iglesia, uniendo contemplación y compromiso activo con el mundo. Para ella, la santidad no es evasión, sino transformación del corazón y del tejido social por el amor.
Catalina murió en Roma el 29 de abril de 1380, con solo 33 años.
La Iglesia católica la proclamó Doctora de la Iglesia en 1970, junto con Teresa de Jesús. Este hecho se debe a tres aspectos principales: la hondura teológica de su mística, su capacidad de articular una espiritualidad accesible y exigente a la vez, y su testimonio de fidelidad creativa al papado incluso cuando ejercía una voz profética crítica. Catalina encarna una síntesis entre experiencia interior y responsabilidad eclesial, razón por la cual su reflexión sigue siendo referencia para la espiritualidad cristiana contemporánea.
Santa Teresa de Lisieux (1873-1897)
Conocida también como Santa Teresita del niño Jesús, nació en Alençón, Normandía el 2 de enero de 1873.
Fue la menor de los nueve hijos del matrimonio formado por los beatos Luis Martín y Celia Guérin de los cuales cuatro murieron a temprana edad y solo sobrevivieron cinco niñas. Todas ellas abrazarían también la vida religiosa. Tras la muerte de la madre, cuando Teresa tenía cuatro años, la familia se trasladó a Lisieux, donde crecieron en un ambiente profundamente religioso.
Durante su infancia sufrió una extraña enfermedad de la que afirmó haber sido curada por una sonrisa de la Virgen. Vivió una fe muy sensible, marcada por una gran fragilidad hasta que, en la Navidad de 1886, experimentó una profunda "conversión" que la llevó a superar su hipersensibilidad y a orientarse hacia el amor a los demás.
Deseando entrar en el Carmelo, incluso viajó a Roma para pedirle permiso al papa León XIII debido a su corta edad. Finalmente ingresó el 9 de abril de 1888 con el nombre de Teresa del Niño Jesús.
En el Carmelo profundizó en la Escritura y en la espiritualidad de san Juan de la Cruz sufriendo además una dura prueba de fe: la sensación de no poder creer en la vida eterna.
Sus escritos son las “Cartas”, algunos “Poemas” y “Oraciones” y las anotaciones que hicieron sus hermanas en su enfermedad. “Historia de un alma” su obra principal, transformó la espiritualidad de la Iglesia por su "eminente doctrina" y la creación de la “Pequeña Vía” (el caminito), un camino espiritual centrado en la confianza, el amor y la infancia espiritual, que redefinió la santidad como algo accesible a todos en la vida cotidiana. Su teología no se basa en grandes tratados, sino en la confianza radical en el amor de Dios y la santificación a través de los actos pequeños.
En 1896 enfermó de tuberculosis viviendo este tiempo con gran confianza y amor. Murió el 30 de septiembre de 1897 en Lisieux, Normandía a los 24 años. Fue declarada santa en 1925 y proclamada Doctora de la Iglesia en 1997 por Juan Pablo II.
Santa Hildegarda de Bingen (1098–1179)
Hildegarda nació en 1098 en Bermersheim, en la región del Rin (actual Alemania). Desde niña fue ofrecida por su familia a la vida religiosa y entró como oblata benedictina en el monasterio de Disibodenberg, bajo la guía de Jutta de Spanheim. En 1136 fue elegida abadesa y, más tarde, fundó su propio monasterio en Rupertsberg (1150), convirtiéndose en una de las figuras intelectuales más influyentes del siglo XII.
Hildegarda afirmó haber recibido visiones desde la infancia, pero solo comenzó a escribirlas sistemáticamente hacia los cuarenta años, tras recibir aprobación eclesial.
Su obra principal, “Scivias”, presenta una vasta síntesis teológica y simbólica sobre la creación, la Iglesia y la historia de la salvación. A esta siguieron “Liber Vitae Meritorum” y” Liber Divinorum Operum”, que profundizan en la relación entre el cosmos, el ser humano y Dios.
Su pensamiento se caracteriza por una visión armónica y cósmica de la creación, centrada en el concepto de “viriditas”, símbolo de la fuerza vivificante de Dios que atraviesa todo lo creado. Para Hildegarda, cuerpo y alma forman una unidad dinámica, y la belleza del mundo remite al Creador. También empleó ricas imágenes femeninas y maternales para hablar de Dios y de la Iglesia, sin diluir la trascendencia divina, sino ampliando el lenguaje teológico.
