Museo oriental de Valladolid (II) - Tesoros de Filipinas

Llegada de Legazpi y Urdaneta a Filipinas
Llegada de Legazpi y Urdaneta a Filipinas
Manuel Rodríguez Díez, OSA
25 ene 2026 - 07:04

Datos Generales:

Nombre oficial: República de Filipinas

7.107 islas, unas 2.000 habitadas

116 millones de habitantes, puesto 12 en el mundo

90% de los filipinos son cristianos, siendo el 80% católicos, lo que supone ser el tercer país del mundo con mayor número de católicos tras Brasil y México

El 7 de abril ide 1521 llegada de Hernando de Magallanes a Cebú. Muere el 29 del mismo mes en un enfrentamiento con los nativos de la isla de Mactán. Le sucede al frente de la flota Juan Sebastián de Elcano, que consigue llegar a Sanlúcar de Barrameda en la nao Victoria el 6 de septiembre de 1522. Los 18 sobrevivientes de la expedición, bajo su liderazgo, habían dado la primera vuelta al mundo.

Algo más de cuarenta y dos años más tarde, el 27 de abril 1565, llega a Cebú la expedición comandada por Miguel López de Legazpi. Le acompañan los agustinos Andrés de Urdaneta, Martín de Rada, Diego de Herrera, Andrés de Aguirre y Pedro de Gamboa, los primeros misioneros españoles en Filipinas.

Primeros misioneros agustinos
Primeros misioneros agustinos

El 1 de junio de 1565, Urdaneta, acompañado uno de sus cuatro compañeros, el padre Andrés de Aguirre, inicia el viaje de vuelta a Mexico, conocido como el tornaviaje, a bordo de la nao San Pedro. Llegan a Acapulco el 8 de octubre del mismo año.

Llegada de otras órdenes: Franciscanos 2 de julio de 1578, Jesuitas 17 de septiembre de 1581, Dominicos 21 de julio de 1587, Franciscanos 2 de julio de 1578, Recoletos 31 de mayo de 1606.

Muchas otras congregaciones llegan a Filipinas a lo largo de los siglos.

Historia del actual Museo Oriental de Valladolid.

El 7 de marzo de 1575 se erige la provincia agustiniana del Santo Niño de Jesús de Filipinas con sede administrativa en Manila. En el Convento de San Agustín de Intramuros, comenzado en 1587, que es el edificio más antiguo de Filipinas, hoy declarado Patrimonio de la Humanidad. En un principio, se invita a frailes de las diferentes provincias religiosas agustinianas de España y Mexico para ir a las misiones de Filipinas, China y Japón. Unos 1.000 voluntarios así reunidos salen hacia esos destinos. En 1759 comienza la construcción, con planos de Ventura Rodríguez, del Real Colegio-Seminario de Agustinos Filipinos de Valladolid, destinado sola y exclusivamente a la formación de misioneros para Oriente: más de 2.000 salieron de esa casa hacia aquellas tierras. Al volver a España, por razones de trabajo o por vacaciones, muchos de ellos traen artefactos de todo tipo relacionado con las culturas de los pueblos bajo su cuidado pastoral. 

Tallas de madera filipinas
Tallas de madera filipinas

Una gran parte de estos objetos acaban su viaje en el monasterio vallisoletano y se convierten en la base del entonces llamado Museo Misional, instalado en 1874, junto con gabinetes de Física, Química y Ciencias Naturales, en las antiguas bodegas del monasterio. Tras construirse un nuevo pabellón en la parte superior del edificio, las obras se trasladan a él en 1880. A partir de esa fecha y aunque de forma restringida, se abre al público. Bajo la dirección del P. Blas Sierra de la Calle, OSA, se traslada a las presentes instalaciones y en 1980 es inaugurado por los reyes Juan Carlos y Sofía. En la actualidad consta de 18 salas distribuidas de la siguiente forma: 1 introductoria, 5 dedicadas a Filipinas, 8 a China, 4 a Japón. En ellas se exhiben varios miles de piezas. Cabe mencionar que en el almacén del museo hay unas 14.000 obras más, procedentes de China, Filipinas, Japón, Hispanoamérica y Tanzania.

Con el viaje de tornaviaje de Andrés de Urdaneta desde Filipinas a Acapulco, se inicia un comercio entre España y el archipiélago filipino, a través de La Nueva España, lo que hoy es México. Y desde Filipinas, principalmente de Manila, ese comercio se extiende a China, India y Japón. Productos como las especies: canela, clavo, jengibre, pimienta, nuez moscada… que en los mercados europeos, ya desde el imperio romano, eran de suma importancia para la conservación de alimentos y simplemente para sazonarlos, y que habían tenido precios inaccesibles para el vulgo, pasaron a ser más y más comunes en lo que hoy conocemos como la cesta de la compra. El galeón de Manila hacía llegar a España, siempre a través de México, esos y otros muchos productos que, desde España, se enviaban a mercados de Europa entera. Y desde España, a través de México, se enviaban productos y enseres desconocidos en el Oriente. Más tarde, tras inaugurarse el Canal de Suez en 1869, la nueva ruta fue usada principalmente como vía de comunicación entre España y Filipinas.

La seda, la tela misteriosa cuyo origen era secreto de estado en China y que ya fascinaba a los romanos, se vulgarizó, se hizo accesible al español y europeo, aunque siempre como un artículo de lujo. Los famosos mantones de los mal llamados mantones de Manila, que realmente eran de origen chino, se convirtieron en un artículo de lujo que muy a menudo ha ido pasando de generación en generación en muchas familias españolas.

San Vicente Ferrer
San Vicente Ferrer

En España se cree a nivel popular que el castellano era conocido por la mayor parte de la población filipina, la realidad es diferente. Cierto que una élite filipina aprendió el castellano y hasta produjo excelentes escritores en esa lengua, pero la mayoría de los filipinos no necesitaron aprenderla porque fueron los misioneros españoles los que aprendieron los idiomas de las zonas donde iban a evangelizar. En relación a los agustinos, el convento de San Agustín Intramuros de Manila se convirtió en una verdadera escuela de idiomas donde todos los religiosos enviados al archipiélago pasaban un año aprendiendo tagalo, bisaya, cebuano, pampango y hasta chino y japonés, dependiendo de donde iban a ser enviados tras ese año de aprendizaje. Y fueron muchos los frailes que publicaron las primeras gramáticas y diccionarios de los principales idiomas hablados en Filipinas.

¿Por qué, entonces, si la mayoría del pueblo filipino no necesitó aprender castellano, hay tantos filipinos que llevan con orgullo nombres y apellidos de los más clásicos en España? Muy sencillo: el Gobernador General Narciso Clavería y Zaldúa ordenó que todos los misioneros bautizaran a sus fieles con nombres y apellidos castellanos, si no tenían ninguno. Como en Filipinas hubo siempre y mucho antes de la llegada de los españoles una gran influencia china y muchos chinos establecieron su residencia en el archipiélago, los nombres y apellidos de origen chino abundan hoy en él. El cardenal-arzobispo de Manila, Jaime Sin, de extracción china, se permitió, con un gran sentido del humor, recibir a obispos de toda Asia reunidos para un congreso en Manila con el letrero “Welcome to the house of Sin”.

Los misioneros, además de ‘misionar’, se convertían en jueces para dilucidar problemas entre sus parroquianas, en maestros de sus propias lenguas, en emprendedores para iniciar pequeñas empresas que les ayudasen económicamente, en artistas que les enseñaron a tallar el marfil, la madera, cultivar la caligrafía, la música, y hasta a fabricar cervezas como la San Miguel, hoy extendida por todo el mundo, pero con la matriz en Filipinas. La presencia del misionero en un archipiélago tan numeroso era imprescindible, no solo desde el punto de vista religioso, sino también desde el de la administración civil. De ahí que los tres conventos españoles que se dedicaban exclusivamente a preparar misioneros para el Oriente, el de los dominicos de Ocaña, el de los agustinos Recoletos de Monteagudo y el de los Agustinos Filipinos de Valladolid, fueran ‘indultados’ de la malhadada desamortización de Mendizábal de 1835. Y en los tres se fue creando una importante colección de artefactos que llegaban desde Filipinas, muchos de ellos provenientes de otros países del Oriente, principalmente India, Japón y China.

Padre Blanco
Padre Blanco

Un corto recorrido por el museo.

El Museo Oriental de Valladolid dedica 5 de sus 18 salas al Archipiélago Filipino. En ellas se pueden admirar obras de todo tipo: tallas en marfil y en madera, valiosos cuadros de pintores filipinos, bordados, principalmente de prendas litúrgicas, armas varias fabricadas en el archipiélago, fotografías de algunas de las más de 200 iglesias erigidas por los agustinos a lo largo de varios siglos… Hay obras de origen anterior a la colonia, otras inspiradas en la cultura allí llevada por los españoles, y muchas en que las diferentes culturas se entremezclan. Entre los cientos de obras que se exhiben, podemos admirar:

La Flora de Filipinas, obra monumental de los padres Blanco, Mercado y Llanos OSA, publicado en 1837, es todavía hoy lo mejor que se ha escrito sobre el tema, con 1.200 plantas estudiadas y 477 de ellas litografiadas por artistas españoles y filipinos.

Dos vitrinas exhiben productos que del Oriente y a través de México llegaban a España en las bodegas del Galeón de Manila, y desde España y por el mismo medio a Filipinas y desde allí a otros países del Oriente.

Santo Niño de Cebú
Santo Niño de Cebú

Una copia de 1734 del Acta levantada el día el 27 de abril de 1565 con motivo del hallazgo de la pequeña imagen del Santo Niño de Cebú que Magallanes había regalado en 1521 a la ‘reina Juana’ de Cebú el día de su bautismo, acompaña a una réplica en plata y oro de dicha imagen, que en el original, venerado en la Basílica a él dedicada en Cebú, aparece vestido con ricas telas. El Santo Niño es el patrono de Filipinas y su fiesta, el tercer domingo de Enero, se celebra con gran esplendor y devoción en todo el archipiélago.

Muy interesante la vitrina que contiene gramáticas y diccionarios de varios idiomas filipinos, escritas por misioneros agustinos. En otra se exhiben devocionarios varios y un misal y una copia de la constitución española de 1812, la Pepa, ambos escritos a mano, aunque a primera vista parecen salidos de una imprenta.

Como recordatorio de que Filipinas fue parte de España hasta 1898, en una de las vitrinas se exhiben objetos y fotografías relacionadas con la cesión del archipiélago a Usamérica, entre ellos el sable del general Jáudenes, que firmó la capitulación de Manila el 14 de agosto de 1898. En el almacén del museo se conserva la mesa-escritorio en que se prepararon las bases de ella.

Mendigos en madera policromada
Mendigos en madera policromada

El Islam llegó a Filipinas pronto y la isla de Mindanao y las Joló, al sur del archipiélago, tienen aún hoy día una numerosa población perteneciente a esa religión. Su influenza se detecta inmediatamente en las salas dedicadas a esa cultura, sobre todo relacionada con los trabajos en metal: armas arrojadizas, cañones, gongs, instrumentos musicales, recipientes domésticos…

En la sala dedicada a las culturas del norte de la isla de Luzón, donde está Manila, descubrimos a los ‘Igorrotes’, o pobladores de la montaña. Fieros guerreros, en sus encuentros con otras tribus de la isla cortaban las cabezas de los enemigos para usarlas como adorno de sus habitáculos. Antes de la llegada de los españoles, comían con la mano, pero enseguida descubrieron que las cucharas y tenedores eran más prácticos, y dedicaron su tiempo ‘libre’ a la elaboración de estos utensilios en maderas.

Cristo en la Cruz, marfil de 12 kilos de peso
Cristo en la Cruz, marfil de 12 kilos de peso

En la sala de marfiles hispano-filipinos se exhiben 56 tallas de ese material, todas ellas religiosas. Es, sin duda, la colección más importante de este tipo de obras que existe en toda Europa. Hay obras talladas por completo en marfil, y otras en que solo la cabeza y las manos son de este material, destinadas a las conocidas como ‘estatuas vestidas’. El hecho de que en las Filipinas nunca hubo elefantes y, en cambio, se tallaron sus colmillos, es un exponente del comercio que desde tiempos inmemoriales existía entre el archipiélago y China y los países del sur de Asia donde sí los hay.

Se acaba de celebrar el centenario de la gran Exposición Misional celebrada en el Vaticano en 1925. Para ser expuestas en ella, se habían seleccionado 200 piezas de origen filipino de entre las muchas más existentes en el que entonces se conocía como Museo Misional de Agustinos Filipinos de Valladolid. Por suerte, a su llegada a Barcelona para ser embarcadas rumbo a Roma, las autoridades españolas no permitieron su salida de España y todas ellas volvieron a Valladolid. De haber llegado a Roma, más de una no hubiera regresado, ya que Pio XI ‘solicitó’ a todos los donantes que donasen algunas al Vaticano para una exposición que aún hoy día puede admirarse en los Museos Vaticanos. Como veremos al hablar de China, no tuvieron la misma suerte las 1.170 piezas enviadas directamente desde China a Roma que, una vez terminada la exposición debían ser enviadas a Valladolid, cosa que sí se hizo, excepto 183 que fueron ‘donadas’ al Vaticano y que en su mayoría se exponen hoy en los Museos Vaticanos.

Casulla de seda
Casulla de seda

El Museo Oriental de Valladolid, al igual que otros similares creados y mantenidos por otras órdenes religiosas, son un claro exponente de la contribución de la Iglesia en España a la cultura museística no religiosa. Indudablemente, la mejor forma de admirar las obras de este magnífico museo es visitarlo aprovechando un viaje a Pucela. Para los que no pueden hacerlo, sugerimos que entren en la web www.museo-oriental.es para gozar, aunque sea indirectamente, de las magníficas obras en él exhibidas.  

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