Museo oriental de Valladolid: Japón (IV)
Datos generales.
Estado de Japón. En japonés: Nippon-Koku (Origen del sol, Sol naciente)
127 millones de habitantes. 11 en el mundo.
Cristianos, incluyendo católicos, unos dos millones.
Católicos, unos 420.000
Cristianismo en Japón. Efemérides.
1549.- San Francisco Javier, su hermano sacerdote jesuita Cosme de Torres, el hermano Juan Fernández y el converso japones Anjiro llegan a Japón el 15 de agosto y establecen las primeras comunidades católicas. Les siguen miembros de otras órdenes religiosas. Se calcula que a finales del siglo XVI había en Japón unos 300.000 cristianos.
1587.- Comienzan persecuciones locales, que continúan hasta el siglo XIX.
1614.- Se expulsa oficialmente a todos los misioneros, aunque permanecen algunos ocultos. Para entonces ya había sacerdotes japoneses, especialmente jesuitas.
1640-1865.- Los cristianos viven en clandestinidad. Muchos son martirizados y sometidos a torturas horribles. A los sospechosos les obligaban a pisar imágenes cristianas, los llamados ‘Fumie’, para, si lo hacían, demostrar que no eran cristianos. Se calcula que entre 1587 y 1626 fueron martirizados 70 misioneros y 3.125 cristianos japoneses. El ‘climax’ de la persecución ocurrió cuando en 1637 unos 37.000 campesinos, dirigidos por samuráis que se habían convertido el cristianismo, se rebelaron en Shimabara, donde se dio una gran batalla que perdieron los rebeldes cristianos. Tras la batalla, todos los sobrevivientes fueron ejecutados el 14 de abril de 1638. A partir de ese momento, el cristianismo subsistiría solamente en la clandestinidad hasta 1873.
1853.- El 8 de marzo, el comodoro usamericano Matthew C.Perry aparece con una flota de guerra en aguas japonesas que asombra a los nativos, que no habían visto nunca ni barcos tan grande ni extranjeros tan raros. Regresa poco después a su país.
1854.- Perry vuelve a Japón con nueve buques de guerra y dos mil hombres a bordo y obliga al Japón a abrir algunos puertos a barcos occidentales. El 31 de marzo de ese mismo año se firma el primer Tratado de Paz y Amistad entre Japón y Usamérica, que duraría, ‘willis nillis’, hasta el 7 de diciembre de 1941 cuando los nipones, que de tontos no tenían nada y habían aprendido muy pronto a fabricar cañones en vez de katanas, barcos de guerra en lugar de ‘juncos’, y, no mucho después, aviones en lugar de cometas, destruyeron la flota usamericana del Pacífico en un puerto hawaiano conocido como Pearl Harbor.
1873.- Se levanta la prohibición contra los cristianos y se permite la entrada de misioneros que comienzan a llegar provenientes de diferentes órdenes católicas y de otras iglesias cristianas. La gran sorpresa con que se encuentran es que, a pesar de haber estado sin sacerdotes por más de 250 años, hay pequeñas congregaciones que han sobrevivido a los persecuciones y no solo mantenido la fe, sino aumentado el número de fieles. Un verdadero monumento a los laicos japoneses que transmitieron su fe a sus descendientes.
Actualidad.- Aunque los cristianos siguen siendo una pequeña minoría (entre el 1%y el 1,5% de la población total), el cristianismo es muy respetado. Sus centros de enseñanza, universidades incluidas, gozan de excelente reputación. La Universidad Sofía, regida por los jesuitas, está considerada una de las tres mejores universidades privadas de Japón, contando entre sus exalumnos a la princesa Kako, nieta del emperador emérito Akihito y sobrina, por tanto, del actual emperador, Naruhito.
Los agustinos en Japón.
Instalados en Filipinas desde su llegada a las islas en 1565, Japón no fue en un principio un destino planeado como campo misional de los agustinos. El trabajo misional en el archipiélago filipino los mantenía más que ocupados. Más de 3000 agustinos llegan a Manila desde España y México para misionar casi exclusivamente en Filipinas y, desde allí, en China y eventualmente Japón.
Entre 1584 y 1598, varios agustinos, principalmente como capellanes de barcos que accidentalmente son arrastrados por los vientos hacia las costas japonesas, ponen pie en el País del Sol Naciente, pero sin repercusión alguna misional.
Los primeros agustinos en establecerse en Japón fueron los padres Diego de Guevara y Eustaquio Ortiz, que llegaron a Hirado en 1602. En aquellos momentos los dirigentes locales miraban con buenos ojos a los religiosos y estos pudieron erigir una iglesia en la ciudad de Usuki. Poco después, llegaron refuerzos desde Filipinas y los agustinos pudieron ampliar su campo de trabajo, construyendo iglesias en otras localidades, como Agata y Nagasaki. Uno de los frailes, el padre Hernando de Ayala publica en japonés varios devocionarios.
En 1614 cambia la situación y los cristianos son perseguidos y los misioneros expulsados. Los agustinos se retiran a Filipinas, excepto el padre Ayala que se queda ayudando en la clandestinidad a sus feligreses. Es arrestado en 1617 y martirizado el 1 de junio de ese año.
A pesar de la prohibición y sabiendo que se exponían a la muerte, varios agustinos regresan clandestinamente desde Filipinas a Japón para atender a los que habían sido sus feligreses. Todos ellos acabaron siendo descubiertos y martirizados. Dignos de mención son: fray Pedro de Zúñiga, quemado vivo en Nagasaki el 19 de agosto de 1622: fray Bartolomé Gutiérrez, que sufrió idéntico martirio el 3 de septiembre de 1632; fray Francisco de Gracia, martirizado el 16 de agosto de 1633. También fueron martirizados los sacerdotes agustinos japoneses fray Tomás de san Agustín Jijioye y Miguel de san José, así como numerosos laicos, muchos de ellos terciarios de la Orden.
El caso del sacerdote agustino japonés Tomás de san Agustín podría fácilmente convertirse en una película. Se le conocía entre los cristianos como Kintsuba. Para poder asistir a sus compatriotas católicos vivió disfrazado primero como guardaespaldas de un jefe o daimio local en Nagasaki y después como criado nada menos que del ‘shogun’ en Edo, la capital. No sólo atendía a los cristianos clandestinos, sino que logró convertir a algunos de sus ‘colegas’ y hasta a algunos samurais. Hoy lo llamaríamos infiltrado. Finalmente fue descubierto y martirizado en la plaza pública de Nagasaki el 6 de noviembre de 1637.
Para la admiración del lector, copio lo siguiente: “El dieciocho de noviembre del año pasado de mil seiscientos veintinueve -escribe el Beato Francisco de Jesús- me prendieron en los montes de Yukinoura, a once leguas de la ciudad de Nagasaki, y de ahí a ocho días prendieron a mi compañero fray Vicente. Lleváronnos a casa del gobernador de Nagasaki, donde estaba preso el padre Bartolomé Gutiérrez, observante nuestro, y un padre japonés de la Compañía con algunos otros cristianos […] El día dos de septiembre de mil setecientos treinta y dos, un agente del gobernador Unemedono les intimó la sentencia de muerte […] El mismo día escribía el padre Vicente a sus amigos portugueses la siguiente acta firmada por todos: “Alabanza al Santísimo Sacramento. Para honra y gloria de Dios digo, hoy jueves dos de septiembre, llegó a esta cárcel un recado del tirano en que decía estar preparado el lugar del martirio, en el que mañana o al otro día se ejecutará la sentencia de quemarnos vivos, como el emperador lo ordenaba. Con todo, nos advertía que, si renegásemos, seríamos libres y premiados. Respondimos todos aunados que la vida que teníamos daríamos a Dios, cuando ellos nos la quisieran quitar, y que estábamos prestos y alegres para darla por su amor, por su ley y por su Evangelio. Sea el Señor de misericordias loado en las maravillas que usa con nosotros, tan indignos de ellas cuanto él largo y misericordioso en hacerlas. Pedimos todos encarecidamente a vuestras mercedes nos encomienden a Dios. Fray Vicente de san Antonio, fray Bartolomé Gutiérrez, fray Francisco de Jesús, Jerónimo de la Cruz, Ygida Antonio, fray Gabriel”. Vamos, que no hay duda de que iban contentos a la Fiesta del Cordero, y no precisamente la musulmana.
1954.- Los agustinos, procedentes de la Provincia Agustiniana de Villanova, USA, vuelven a Japón y en la actualidad hay varias casas de la Orden dirigidas por agustinos japoneses.
El Museo Oriental de Valladolid y Japón.
Dado que la presencia de agustinos españoles en Japón no ha sido tan importante como en relación a Filipinas y China, las obras exhibidas en el Museo Oriental no son tan numerosas como las de estos dos países. No obstante, hay cuatro salas dedicadas al País del Sol Naciente.
En la primera se pueden admirar esculturas, lacas, esmaltes y bordados. Los encuentros, casi siempre bélicos, entre China y Japón, han sido muchos a lo largo de la historia, casi siempre siendo el último el vencedor, a pesar de tener una población mucho más pequeña que su rival. Como resultado de estos encuentros armados-, seguidos a menudo por largos período de ocupación, los japoneses han copiado muchos aspectos religiosos y culturales de China. El budismo, por ejemplo, se extendió bastante en el archipiélago nipón. En esta sala se exhiben ejemplos de templos familiares budistas hermosos kimonos bordados, utensilios para la ceremonia del té (muy importante en la cultura jEponesa), magníficas obras en laca y esmalte, tallas en madera, pinturas… Una pieza especial de caligrafía japonesa en estilo cursiva, hecha con tinta sobre papel en el siglo XVII, no ha sido todavía traducida, a pesar de varios intentos realizados por diversas entidades especializadas.
En esta misma sala hay vitrinas dedicadas a la historia de la Iglesia en Japón, desde la llegada de san Francisco Javier hasta la prohibición de la fe cristiana en el archipiélago. Se exhiben varios ‘Fumie’, las planchas metálicas con motivos cristianos que se obligaba a pisar a los sospechosos de pertenecer a la religión cristiana; si se negaban a hacerlo, quedaba probado que lo eran.
La sala siguiente está dedicada al ‘Japón bélico’: armaduras de samurai, sillas de montar, katanas y otros tipos de espadas, cuchillos usados para ejecutar el ‘seppuku o harakiri’, el ritual de suicidio japonés llevado a cabo para morir con honor, especialmente entre los samurai, la élite militar del Japón feudal… También se exhiben en esta sala magníficos bronces y algunas excepcionales cerámicas, y, de los más de mil grabados ‘Ukiyo-E’ que hay en la colección, se exponen seis obras de Utamaro, Toyomuni, Hiroshitoshi y Gekko.
La tercera sala está dedicada principalmente a tres ‘familias’ de porcelanas japonesas: imari, satsuma y kutani, con magníficos ejemplares de cada una de ellas.
Una vitrina en esta misma sala está dedicada al teatro japonés. Dado que a las mujeres no se les permitía actuar en público, eran hombres vestidos como mujeres los que representaban los papeles femeninos, cubriéndose la cara con máscaras según el personaje interpretado.
Anecdóticamente, la película de 2025 ‘Kohuko’ (Tesoro Nacional), presentada por Japón a los Óscar y dedicada al teatro Kabuki, con dos personajes que interpretan papeles femeninos, no solo ha batido todos los récords de taquilla en el país, sino que ha ocasionado una verdadera revolución cultural y un enorme resurgimiento del interés por el teatro tradicional de Japón, que estaba casi olvidado.
Finalmente, la última sala es de exposición de obras pictóricas modernas y fotografías. Diferentes artistas han expuesto sus obras en ella y, al terminar la exposición, han donado alguna de ellas al Museo. Merecen especial mención unos grandes y magníficos cuadros de diferentes autores, donados muy gentilmente por el jesuita padre Fernando García Gutiérrez. De los fondos de más de 2.000 fotografías japonesas originales, se exponen varias de famosos fotógrafos que han expuesto sus obras en la sala.
Con este artículo termina la serie dedicada al Museo Oriental de Valladolid, que, al igual que otros similares creados y mantenidos por otras órdenes religiosas, son un claro exponente de la contribución de la Iglesia en España a la cultura museística no religiosa. La visita al Museo -por la antigüedad de sus piezas, la variedad de sus colecciones y la belleza de sus obras de arte- constituye una experiencia inolvidable. Para los que no pueden hacerlo en persona, sugerimos que entren en la web www.museo-oriental.es para gozar, aunque sea indirectamente, de las magníficas obras en él exhibidas.
A los futuros visitantes que indiquen que su visita es resultado de haberlo conocido a través de Religión Digital, se les obsequiará con entrada gratis para dos personas.
