David López Royo En el límite del tiempo

David López Royo
David López Royo

"Se acaba el año 2020, empezó bullicioso y sin prever lo que se nos acercaba. Llegó el mes de marzo y cayeron seguridades y formas de vida; todavía no nos hemos recuperado. Estamos afectados de una manera o de otra, vivimos limitados al mismo tiempo que influenciados por un virus que nos marca el ritmo de nuestra vida"

Se acaba el año 2020, empezó bullicioso y sin prever lo que se nos acercaba. Llegó el mes de marzo y cayeron seguridades y formas de vida; todavía no nos hemos recuperado. Estamos afectados de una manera o de otra, vivimos limitados al mismo tiempo que influenciados por un virus que nos marca el ritmo de nuestra vida.

Se vive con miedo y éste se ha adueñado de quienes habitamos nuestra tierra. A este miedo llamamos guardar la distancia social, nuestras relaciones han cambiado sustancialmente. Estamos esperando a los efectos de la vacuna. Vivimos en tensión. La Covid copa un espacio muy importante en nuestras conversaciones y reflexiones.

Pero no todo debe de ser negatividad, aunque vivimos en un marco social que, por el momento, no nos deja mejor alternativa. Lo negativo se ha ido adueñando poco a poco de nuestra manera de ser. Pero no todo es negativo, no podemos dejar arrollarnos por esta sensación. Alcanzar el límite del tiempo supone confiar en nosotros, porque en nuestra capacidad de reinventarnos se hace presente la esperanza de lograr convertir lo que nos limita en nuevos proyectos que nos hagan creer en el futuro.

El tejido empresarial es un eje fundamental para superar las barreras que han aparecido a lo largo de este año. El tercer sector puede ser un ejecutor de los proyectos sociales, sociosanitarios y educativos que nuestra sociedad precisa. Es verdad que muchos negocios, sobre todo de la hostelería, agencias de viajes y tiendas pequeñas, se han visto arrollados por las consecuencias devastadoras de la pandemia; es complicado decir a los emprendedores de los mismos que vuelvan a intentarlo porque su espíritu ha quedado tan tocado que no hallan fuerzas para comenzar de nuevo. Es verdad que se necesitan alicientes y es necesario el apoyo expreso de quienes nos gobiernan; pero es necesario tener claro que de toda situación caótica solamente se sale por la energía que pongamos a nivel personal. No tengamos excesiva confianza en los políticos.

El emprendedor es luchador por naturaleza, sabe vencer los límites que aparecen. La persona que emprende vive en tensión, no le queda otra alternativa; pero es capaz de transformar la tensión en una gran fuerza positiva que hará que todo cambie a mejor. No podemos perder nuestra alma emprendedora porque esto supondría que el límite nos ha vencido. El emprender un proyecto precisa de constancia y de una voluntad forjada en el entendimiento de lo que la sociedad puede demandar en el futuro. Quien emprende siempre quiere poner en marcha un proyecto basado en el buen hacer.

Cuando se emprende hay que buscar siempre en la esencia de lo que debe de configurar el nuevo proyecto. La esencia es la vida del proyecto. La esencia es la bondad que el proyecto debe de tener. Un proyecto sin bondad es un proyecto fallido. La bondad nace de la intercesión entre el corazón y el cerebro de quien emprende; sin bondad será imposible superar el límite en el que nos encontramos. La bondad no se enorgullece del mal y tampoco se alimenta de la soberbia. Los proyectos con bondad tendrán sentido y se afianzarán. La bondad no busca el mal y tampoco enriquecerse de manera rápida y excluyente. La bondad no destruye.

Superar el límite sin destrucción es el objetivo; por esta razón no debemos dejarnos llevar por la negatividad. Lo negativo es el complemento del verbo destruir. Hoy, el marco político basa su límite en la búsqueda de los elementos que destruyan y esto es de esta manera porque fomentan el conflicto de manera permanente.

La persona que emprende se aleja de esta dimensión política y trabaja por convertir el límite en un objetivo positivo. Su cerebro y corazón van acompasados e intentan diseñar un proyecto que sea útil para la sociedad.

Hay personas que solamente buscan el lodazal de la destrucción, ignoran lo construido y fingen que han llegado para solucionar problemas. Este perfil es ni más ni menos el que se debe de evitar. Estas personas se encuentran en todas las dimensiones sociales y hacen un gran daño a la esperanza, se convierten en la muralla que no deja que los proyectos fluyan desde la libertad positiva de las personas. Estas personas viven de espaldas a la bondad y hacen del mal su manera de vivir.

Sentir que el limite puede ser superado es lo que precisa nuestro tejido empresarial, y más en concreto todos nuestros emprendedores del sector servicios, en especial nuestra hostelería, las agencias de viaje y nuestras tiendas pequeñas. A estas personas hay que decirles que son grandes porque sus negocios están basados, de verdad, en la bondad y ésta se transforma en energía positiva. Lo que estos emprendedores precisan es de nuestra compañía, de la de todas las personas que habitamos este gran país que es España. Nuestra presencia perenne en sus negocios es lo que les ayudará a que el límite negativo no arrolle sus negocios.

La economía hay que activarla, y solamente se puede hacer si la bondad supera al espíritu negativo de quienes viven buscando el empañar lo que la sociedad ha construido desde el emprendimiento positivo.

Que la economía pueda encontrarse en el límite puede hacer que quienes estén dispuestos a emprender proyectos tengan muchas dificultades para ello y terminen desistiendo. Por esta razón la economía no puede ser vencida por quienes buscan que el límite sea un hecho negativo. La dimensión económica tiene que ser el motor que active el desarrollo de la sociedad. No se puede cerrar los ojos y no querer ver lo que nos está pasando porque este es el marco ideal para que puedan vencer las personas que desean destruir más que construir.

Nos hallamos en el límite del tiempo; pero tenemos que tener claro que el tiempo nos pertenece si hacemos que nuestras vidas sean el eje que ayude a vertebrar el emprendimiento empresarial y social. Es verdad que esta pandemia está cambiando nuestros hábitos y costumbres, que será difícil reconstruir y que nuestra sociedad recupere lo que poco a poco se nos está arrebatando; pero, también, es verdad que si alineamos nuestro cerebro a nuestro corazón seremos capaces de superar, con el tiempo, el propio límite que ha aparecido en nuestras vidas.

El límite del tiempo, aunque nos encontremos en el límite de un año que termina, no puede ser nunca lo negativo, al contrario debe de imperar en cada habitante de nuestro país la bondad. Por esta razón hay que estar dispuestos a volver a emprender, con este espíritu, con toda probabilidad encontraremos el espacio adecuado para desarrollar un nuevo proyecto. Sea pues el tejido empresarial y el tercer sector quienes sean los artífices de lograr que el límite del tiempo no ahogue nuestras esperanzas. Ojalá existan políticos, con espíritu de servicio, que sean capaces de apoyar a quienes emprenden y hacen posible el sostenimiento de nuestro país ¡Atención que el resto de los políticos tienen ya limitado el tiempo! Es cuestión de tiempo que su tiempo pase. Esto también puede aplicarse a quienes solamente buscan hacer daño a costa de lo que sea porque carecen de la verdadera bondad.

Empieza el año 2021, esperemos que sea el año de la bondad.

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