La fe que moverá La Escombrera, la montaña de negacionismo y basura El Evangelio según doña Amparo Cano

Doña Amparo Cano
Doña Amparo Cano

Se cumplen ya dos años de la muerte de doña Amparo Cano, una mujer buscadora, no solo de su esposo Hernando de Jesús Balbín y de su hijo Adonis de Jesús, sino de todos los desaparecidos de esta Antioquia y de esta Colombia; una de las “Mujeres caminando por la verdad”: señoras de la comuna 13 de Medellín que no descansan en el propósito de encontrar a sus seres queridos víctimas de la Operación Orión y la Operación Mariscal, esa macabra avanzada de paramilitares y fuerza pública que dejó tantos desaparecidos, muchos de ellos, según dicen los habitantes de esos barrios, sepultados en La Escombrera, una montaña de basura y negacionismo. Hay un evangelio según Amparo, así lo he percibido hablando con Alejandra, la hija que continúa la lucha y que es tan fuerte y decidida como la mamá; dejémonos guiar de la joven y sigamos las pistas que nos da para leer la buena noticia en la señora.

La gratitud, era el secreto de Amparo para resistir, es que a los que dan gracias, a esos no los aplasta el mal; al que da gracias la debilidad se le convierte en fuerza y aunque de carne parece de acero.

Amparo había perdido a su esposo y a su hijo y sin embargo no se quedó atrapada en su sufrimiento, tenía el don de salir de sí misma y de fijarse en los otros, en las otras.

Era una mujer sencilla, silenciosa, lo dice también Adriana, y sin embargo la memoria, los trabajos de la memoria, la hicieron pública, visible, clara,  Hacer memoria es escribir el evangelio,

Amparo, junto con Margarita Restrepo, Luz Helena Galeano, la hermana Rosa Cadavid, y tantas, tantas otras, se decidió a caminar por la verdad; “Mujeres caminando por la verdad”.  Mientras haya mujeres caminando por la verdad, gente caminando por la verdad, habrá evangelio en este país, sabremos que Dios no está muerto ni está dormido...

Se cumplen ya dos años de la muerte de doña Amparo Cano, una mujer buscadora, no solo de su esposo Hernando de Jesús Balbín y de su hijo Adonis de Jesús, sino de todos los desaparecidos de esta Antioquia y de esta Colombia; una de las “Mujeres caminando por la verdad”: señoras de la comuna 13 de Medellín que no descansan en el propósito de encontrar a sus seres queridos víctimas de la Operación Orión y la Operación Mariscal, esa macabra avanzada de paramilitares y fuerza pública que dejó tantos desaparecidos, muchos de ellos, según dicen los habitantes de esos barrios, sepultados en La Escombrera, una montaña de basura y negacionismo. Hay un evangelio según Amparo, así lo he percibido hablando con Alejandra, la hija que continúa la lucha y que es tan fuerte y decidida como la mamá; dejémonos guiar de la joven y sigamos las pistas que nos da para leer la buena noticia en la señora.

Amparo con su hija Alejandra
Amparo con su hija Alejandra

  • Siempre daba las gracias

La gratitud que desbordaba Amparo es la primera pista.  Ella, dice no sólo Alejandra sino también los que la conocieron, siempre daba las gracias, gracias por todo, hasta por lo más pequeñito, porque le pasaban las tijeras, porque le daban un detalle, porque la saludaban.  Dar gracias, como María cuando canta en casa de Isabel y engrandece al Señor y se admira de que el altísimo ponga sus ojos en su bajura.  La gratitud, era el secreto de Amparo para resistir, es que a los que dan gracias, a esos no los aplasta el mal; al que da gracias la debilidad se le convierte en fuerza y aunque de carne parece de acero.  Dar gracias no dejó que se le cerrara a Amparo la puerta de la casa y del alma; y en este país si que necesitamos llenarnos de gratitud, es que a veces, con tanta muerte, con tanta violencia, con tanta bulla, a uno como que se le va cerrando la puerta, como que ya no quiere más, como que las paredes se estrechan.  A pesar de su dolor, a pesar de la desaparición de su esposo y de su hijo, ella daba gracias y por eso el mal no la venció, resistió hasta el final y hoy nos sigue dando su fuerza.

  • Cuidar con ternura y silencio

Hay otra pista que Alejandra nos da para encontrar el evangelio según Amparo.   La hija dice que su mamá cuidaba, cuidaba a los de casa y cuidaba a los de fuera; llama la atención, para decir sólo algo de este cuidado, cómo se ocupaba de su amiga Rubiela que también sufría; Amparo había perdido a su esposo y a su hijo y sin embargo no se quedó atrapada en su sufrimiento, tenía el don de salir de sí misma y de fijarse en los otros, en las otras; y miraba por su amiga; Rubiela había perdido a su hijito, todavía un niño, se lo habían desaparecido, lloraba y lloraba y Amparo estaba ahí, es que ella no sólo se llamaba Amparo, era también amparo, vivió su nombre, cumplió su vocación y amparaba a Rubiela y a todos y todas. Y las dos se fueron una después de la otra, se fue primero Amparo, la cuidadora, y después, por los mismos días, se murió Rubiela.  Esto es Evangelio de Jesús, cuidar es sinónimo de fe; creemos en un Dios que cuida y por eso nosotros cuidamos; confiamos en el Dios cuidador y le ayudamos a cuidar, cuidamos a los pobres, a los vulnerables, a los pequeños, a los ningunianos. 

Adriana Lalinde, que fue también testigo de la vida de Amparo, nos dice cómo era ese cuidado: “era tierna, era sencilla… con su ternura también ayudaba y con su silencio y así se veía cuando acompañaba, por ejemplo a doña Gloria”, otra señora a la que también le desaparecieron los hijos. 

Ese es el cuidado sinónimo de la fe, cuando se cuida al otro y lo otro, sin forzarlo, sin apurarlo, sin pedirle esto o aquello; cuidado como el del jardinero que deja que las flores se abran despacito, como el de la gallina que espera a que desde adentro de los huevos que calienta salgan sus pollitos, como el de la madre que gesta y se olvida de sí y pone el alma en su creatura. De Amparo aprendamos a cuidar, aprendamos a amparar.

Amparo Caminando por la Verdad
Amparo Caminando por la Verdad

  • Hacer memoria

Esta es la tercera pista que nos da Alejandra para encontrar el evangelio según su mamá.  Era una mujer sencilla, silenciosa, lo dice también Adriana, y sin embargo la memoria, los trabajos de la memoria, la hicieron pública, visible, clara: una de las obras de teatro en la que participó junto a las otras mujeres buscadoras se llamó “Estamos claros” y hacía visible el drama tan negado de la comuna 13.  “ahí - dice Alejandra- ella representaba su vida, lo que significó salir de la casa, lo que significó la desaparición, pero también esa transformación del dolor… el teatro se volvió para ella en transformar el dolor… ella no dejó de sentir dolor pero transformó ese dolor a través de la expresión artística”.  

Hacer memoria es escribir el evangelio que sucede en las víctimas, en los que sufren; es, no solo hundirnos en el dolor, sino sobre todo, transformar el dolor. La historia de las víctimas, la que no se nos puede olvidar, es también historia de salvación, del bien que triunfa sobre el mal, el amor que todo lo vence.  Perder la memoria de las víctimas es perder la esperanza, dejar que los que idolatran la seguridad, el poder y el dinero instalen el infierno en nuestra tierra.  Y dice todavía Alejandra: “Si esas mujeres no se hubieran alzado como se alzaron, en este país no conoceríamos lo que es el conflicto. Esas mujeres aún con miedo sacaron la valentía y dijeron aquí está pasando algo.  Que esas señoras en medio de todo, del conflicto, tengan esa valentía de darle voz y rostro a una situación que sigue pasando, para mí eso es demasiado valeroso”.   

El Evangelio se nos vuelve viejo si a la memoria de Jesús no le juntamos la memoria de nuestras víctimas; Amparo no dejó que se perdiera la memoria de su esposo, de su hijo y de todos y todas de La Escombrera o donde sea que los agentes de la muerte hayan maquinado olvido. 

Amparo Cano
Amparo Cano

  • Caminar por la verdad

Otra pista, nos quedan muchas y no podemos agotarlas, para descubrir el evangelio según Amparo es caminar; sí, el evangelio es de caminantes, nunca según acomodados y en zonas de confort, nunca según resignados y encerrados; el que camina, y pueden caminar con el corazón y a pasos gigantes también los que están clavados a su vejez, a su enfermedad, a su cama, a sus límites, a sus imposibles;  los que caminan sonríen y se les sale la luz por los ojos, brilla en ellos la belleza de su alma; Amparo, junto con Margarita Restrepo, Luz Helena Galeano, la hermana Rosa Cadavid, y tantas, tantas otras, se decidió a caminar por la verdad; “Mujeres caminando por la verdad” es el nombre de su organización.  

Estas mujeres nos enseñan que no podemos detenernos, que nada nos puede parar, que hay que poner un pie delante del otro, siempre, que no podemos dejar que otros claven alambrados y tapen los caminos, que hay que ir muy lejos, todavía más lejos.  Mientras haya mujeres caminando por la verdad, gente caminando por la verdad, habrá evangelio en este país, sabremos que Dios no está muerto ni está dormido, que está con nosotros: los y las que caminan se topan con el mismo Jesús, como los caminantes de Emaús, que se sorprendieron avanzando al lado del resucitado; los mismos que al principio iban deprimidos, pensando que la muerte y los hacedores de muerte habían ganado en Jerusalén y que su amigo había terminado mal y enterrado; los mismos que supieron que no, que el muerto estaba vivo, que había vencido, que Dios se había puesto de su parte, que los victimarios no habían ganado.   

Gracias a Alejandra por darnos estas pistas de evangelio según su mamá; la buena noticia que ella nos da, la misma de Jesús, suscita nuestra fe; esa fe que mueve montañas y que necesitamos aquí en Medellín para mover La Escombrera, esa montaña, lo repito, de basura y negacionismo que sepulta los restos y la dignidad de los desaparecidos.  Gracias a “Mujeres caminando por la verdad”.  Creo que doña Amparo no se haya quedado quieta en el cielo.

Velatón
Velatón

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