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Lo diabólico no es la carne, es querer sacar a Dios de la carne, disociarlos, hacerlos enemigos. Lo diabólico es hablar de Dios y no mencionar la carne. Lo diabólico es alardear de espirituales y no dejarse abrazar de nadie, guardar distancias y alejarse. Lo diabólico es tocar la carne tibia y pensar que es pecado, que Dios no tiembla en ella, que sus heridas le son ajenas, que su deseo le ofende, que su pasión le es extraña. Mientas los diablos especulan, los ángeles hacen el amor. El diablo se hace idea, Dios se hace carne y el ángel goza. El infierno es una nevera, conserva, contrae, guarda, nos hace hielo… el cielo es un horno, saca el mejor sabor, dilata, nos sazona para ser comidos. El diablo congela la carne, el ángel la pone en el asador. El diablo y el ángel soy yo, soy un diablo cuando quiero ser ángel, soy ángel cuando me siento un diablo.
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