Retos, deseos y expectativas para este 2021 recién estrenado Un nuevo tiempo

Indiana
Indiana Marlon Rengifo

Una parte clave de mi tarea es acompañar a los misioneros, y así me lo han pedido. Acompañar con rostro cercano, fraterno, amigo, desde la comunión.

Además, es urgente insuflar a mi parroquia de Indiana una buena dosis de participación de los laicos. Eso supone que los misioneros hemos de invitarles, implicarles, animarles, darles responsabilidades y acompañarles… Es decir: trabajar mucho más y no caer en la tentación de hacer las cosas nosotros mismos, que es más fácil y rápido. Para que la sinodalidad y la corresponsabilidad no se queden en bonitas palabras que ponemos en los documentos. Y aceptando que el resultado sea “a su manera”.

Para mí el 2021 comenzó tomando 24 uvas, la mitad a las 6 de la tarde -medianoche en España- y las otras a la hora preceptiva. Como acá no hay retransmisión de campanadas ni nada parecido, agarramos una cacerola y fuimos jarreando los toques correspondientes con un cucharón mientras tragábamos las uvas de Ica. Sí o sí, contra viento y marea, este año nos va a salir más bonito; y cuanto antes digiramos lo vivido en 2020 más ligeros vamos a maniobrar en este nuevo tiempo.

Echando una ojeada, me doy cuenta de que hemos sobrevivido a una situación tan peligrosa como desconocida, nos hemos adaptado soportando un altísimo estrés, resistiendo y echándole narices. Ole ahí. Hemos tenido que improvisar y reinventarnos en buena medida. En medio del dolor y la incertidumbre siempre hay resquicios de luz y oportunidades de superarnos y aprender. El virus sigue acá, pero aquella circunstancia tan singular quedó atrás. Deseo mirar al horizonte.

Un reto de este año es ir dando pasos firmes en mi servicio al Vicariato. En algunos temas será preciso meter el azadón para clarificar y renovar; en otros, como el sostenimiento económico estable, habrá que tomar decisiones firmes y llegar hasta donde sea necesario para buscar la solución definitiva. Un gran desafío es tratar de activar el proceso de elaboración del Plan Pastoral, que debe ser lo más sinodal posible, para que el resultado no sea un papel que se va a la estantería, sino una misión relanzada.

De agosto a diciembre he visitado diez de los dieciséis puestos de misión, tres de ellos en dos ocasiones. Ha sido una experiencia realmente rica, una ocasión de oro para ir conociendo, para observar y sentir cada lugar con sus peculiaridades. Las reuniones y conversaciones con los equipos y con los laicos me han permitido escuchar, animar, informar. Comprendo que una parte clave de mi tarea es acompañar a los misioneros, y así me lo han pedido. Acompañar con rostro cercano, fraterno, amigo, desde la comunión.

El capítulo que tengo más pendiente para 2021 es, sin duda, Indiana. Y es que no he pasado demasiado tiempo “de calidad” acá. No tuve ni presentación como nuevo párroco porque la cuarentena lo desbarató todo; siguieron varias semanas confinado, donde empecé a tener contacto con las autoridades nomás. Luego, la brigada por las comunidades, y también la campaña de sensibilización; y los últimos meses muchos viajes y poco permanecer. Al menos sí he sido fiel a la Eucaristía de los domingos, pero me hace falta salir, mezclarme con la gente, patear el pueblo, ir a las casas… En nochevieja tuve que subir al escenario en el momento del brindis, y creo que la gente sabe de la existencia del p. César, pero no me ubican, ni yo a ellos.

Por otra parte, la parroquia necesita maniobras de resucitación, o al menos reformas enérgicas. Da la impresión de estar hecha cenizas, hundida como en una hibernación donde las cosas se repiten maquinalmente. Echo de menos a los laicos, a un grupo que lleve adelante la liturgia, a catequistas adultos, echo de menos un coro capaz de animar las celebraciones… No veo en Indiana el grupo de personas comprometidas y cercanas que encuentro allá por donde voy en el territorio vicarial.

Es urgente insuflar a esta comunidad una buena dosis de participación de los laicos, porque material humano hay. Eso supone que los misioneros hemos de invitarles, implicarles, animarles, darles responsabilidades y acompañarles… Es decir: trabajar mucho más y no caer en la tentación de hacer las cosas nosotros mismos, que es más fácil y rápido. Para que la sinodalidad y la corresponsabilidad no se queden en bonitas palabras que ponemos en los documentos.

Y aceptando que el resultado sea “a su manera”, claro. Si ellos son responsables, si queremos que sea “su” parroquia, el proceso no lo podemos manejar, sin duda lo que salga no coincidirá con mi mentalidad occidental. Será una iglesia con rostro amazónico de verdad, y no solo un eslogan de moda. Y que no me digan que no se puede porque no me lo creo.

Estas y algunas otras son mis expectativas para los próximos 365 días. Me inspiran una descarga de vigor, optimismo y creatividad. Así que me pongo “You got it” de Roy Orbison (https://youtu.be/lvR1YgT7QYs) y bailo mientras me cepillo.

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