Vivencias de un cura de pueblo que ha entregado toda su vida al mundo rural Evencio Domínguez: "Hay que aprovechar los sacramentales, porque son los sacramentos de los pobres"

Evencio Domínguez
Evencio Domínguez

"Llenos de ilusión, animados por un espíritu profundamente evangélico, empezamos a compartir la vida de la gente, sus preocupaciones y pobrezas, desde una actitud de servicio"

"Decidimos que el gallego, la lengua del pueblo, tenía que ser la lengua de nuestros actos litúrgicos, y esto no por ideología o novedad, sino como una consecuencia del misterio de la encarnación"

"La atención al mundo de los pobres no se improvisa,ni se soluciona con una misa cada quince días en unos ciertos lugares de referencia. Digo esto, porque a esto puede quedar reducida la implantación de las Unidades de Pastoral que se está llevando a cabo también en nuestra diócesis"

Ourense es una diócesis eminentemente rural y ,como tantas otras diócesis de nuestra España, forma parte de esas tierras vaciadas, despobladas.

Este vaciamiento del mundo rural gallego era algo que se venía venir y no hacia falta ser un lince para adivinarlo ya en el año 1988, cuando desde los centros de planificación de la Comunidad Europea, se nos decía que Galicia estaba programada para ser el pulmón de Europa. Fruto de aquella política fueron las sucesivas campañas de repoblación forestal a fondo perdido, con el consiguiente olvido de una política de protección y apoyo a la producción de leche, carne de vacuno,sector de la patata,viñedo etc. Con lo que se potenció el debilitamiento y abandono del mundo rural, que ya se había acelerado a partir de la década de los 60 con la emigración interior y exterior a Europa.

En la iglesia, después del concicilio Vaticano II, un aire fresco y renovador llego a Ourense y en este esfuerzo de “aggiornamento” se pensó en los equipos sacerdotales como solución a los problemas del clero, especialmente del mundo rural. Por todas partes surgieron equipos de curas que se apuntaron a trabajar y a vivir la vida sacerdotal en compañía de otros sacerdotes para una mayor eficacia evangelizadora.

Tambien yo formé parte de esa iniciativa clerical y, recién ordenados, se nos destinó a tres compañeros, en equipo, a una zona rural y pobre. Guardo un recuerdo agradecido e inolvidable de aquella experiencia pastoral; sobre todo son imborrables las muestras de acogida y cariño de una gente humilde y sencilla que vivió el cambio como una bendición del cielo, algo que estaban esperando como agua de mayo.

Llenos de ilusión, animados por un espíritu profundamente evangélico, empezamos a compartir la vida de la gente, sus preocupaciones y pobrezas, desde una actitud de servicio y nunca con una actitud de señor.

Evencio
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Era gente pobre, que malvivía con su economía de autoconsumo, y lo primero que decidimos fue vivir nuestro ministerio en una actitud de gratuidad y pudimos comprobar que, como en el caso del profeta Elias ,“en la dispensa de nuestra casa nunca falto lo suficiente para cada día…”.

Decidimos que el gallego, la lengua del pueblo, tenía que ser la lengua de nuestros actos litúrgicos, y esto no por ideología o novedad, sino como una consecuencia del misterio de la encarnación, porque es lo que hizo Jesús, que habló y vivió en arameo, la lengua de su tierra,la lengua pobre y de los pobres .

Enseguida nos remangamos y pusimos manos a la obra. Empezamos reuniendo a la gente por parroquias para que tomaran conciencia de sus necesidades y que si querían resolver sus problemas tenían que ser ellos, desde la unión, los que lo podían hacer, porque “la unión hace la fuerza” y también “milagros”. Muy pronto aparece una pequeña organización por parroquias para traer agua corriente a las casas, alcantarillado, cimentar los caminos etc. Y todo esto se vivía con alegría multiplicándose las fiestas y celebraciones según se iban cumpliendo pequeños objetivos.

Un dia visite a D.Hilario, el expárroco de 96 años al que fuimos a sustituir, y con cierta socarronería me dijo: ”Desde nuestro Señor Jesucristo no vi un éxito pastoral como el de ustedes, aunque sus ideas tienen algo de protestantismo”. No le pregunté que quería decir con eso de “protestantismo”, pero supongo que se refería a que hablábamos del evangelio, de la Palabra de Dios como la base de nuestro ser y actuar y porque muy pronto empezamos a fomentar grupos de reflexión y de estudio del evangelio.

Ángel Temiño, obispo de Ourense

Pero sabemos que lo bueno dura poco y al cabo de dos años el obispo, que siempre nos miró con recelo y desconfianza, decidió poner fin a esta experiencia. Había que volver al surco y arar con los aperos de siempre. De nuevo tuve que peregrinar a unas parroquias de montaña en el extremo opuesto a las anteriores. En las nuevas parroquias, por casualidad, en una comarca amplia, coincidimos cinco sacerdotes amigos y unidos por el deseo de compartir desde el evangelio la opción por los pobres, que, como en tiempos de Jesús, abundan en el mundo rural.

Pronto empezamos a reunirnos con las pequeñas comunidades parroquiales para que descubrieran sus necesidades y posibilidades, para poder pasar a la acción.

Y así fueron surgiendo, no sin dificultad, los trabajos comunitarios para las traídas de agua de agua corriente a las casas, alcantarillados, construir teleclubs parroquiales etc..

Pronto descubrimos que una promoción social y religiosa no se puede quedar en parroquias aisladas, sino que tiene que ser algo programado, realizado y revisado a nivel de zona. Fue en esta segunda fase cuando empezamos a poner en contacto a los responsables de las pequeñas comunidades para estudiar las necesidades y posibilidades y así poder actuar a nivel comarcal. Fruto de estos encuentros fueron surgiendo realidades concretas:

-Una cooperativa de explotación de leche en Grou..

-Hubo planteles de jóvenes en Grou, Santa Comba y Cexo para la explotación de granjas de conejos, de ovejas, explotación de tabaco en Grou y Santa Comba de Bande y explotación del fresón.

-En Parada de Outeiro los vecinos formaron una cooperativa para explotación de los diestros parroquiales, venta de patatas etc.

-A nivel comarcal se reunieron las parroquias en una cooperativa de autoconsumo para hacer el pedido de patatas de siembra y para compras de consumo diario como aceite, pastas etc

En un tercer momento se vio la necesidad de promocionar un sindicato que defendiera los intereses específicos del mundo rural. Fué entonces cuando apareció el SAGA (Sindicato agrario galego independiente) que llegó a tener una fuerte presencia en las comarcas de Celanova, Bande y la Limia.

SAGA

A la vez que se trabajaba en una promoción social y sindical en la comarca, las parroquias se fueron organizando para realizar los arreglos necesarios en las iglesias, capillas: Restauración de retablos, imágenes, tejados, adecentamiento de cementerios etc. Mucho tendría que hablar y alabar el compromiso y responsabilidad que las mujeres de esas pequeñas comunidades cargaban sobre sus dobladas espaldas.

Sobre la vivencia de la fe en algunas de estas parroquias no me quiero extender, pero era una auténtica gozada las celebraciones comunitarias del Sacramento del perdón, fiestas patronales etc. Para resumir, señalo un pequeño comentario que me me hizo D.Luis Quinteiro, el obispo anterior, que en una ocasión me vino a visitar y celebró la eucaristía en una de estas parroquias y al final me dice: ”Evencio, esta parroquia es un oasis en medio de un desierto, hay que cuidarlo”.

Pero parte de esto se vino abajo con el éxodo masivo de la gente a las ciudades en busca de un trabajo y pensando en la educación de los hijos. En esta situación de vaciamiento de las parroquias rurales ¿que debe y puede hacer la Iglesia?

No hay recetas mágicas, pero lo que sí es cierto es que la atención al mundo de los pobres no se improvisa,ni se soluciona con una misa cada quince días en unos ciertos lugares de referencia. Digo esto, porque a esto puede quedar reducida la implantación de las Unidades de Pastoral que se está llevando a cabo también en nuestra diócesis.

Nuestra gente tiene una fe a su manera, la fe de los mayores, la de siempre, pero en muchos casos falta una fe personal de adhesión a Jesucristo, que se puso a recorrer las aldeas y ciudades de Galilea para encontrar a la gente en su trabajo y ambiente y ahí anunciarles la Buena Nueva del Reino.

Misa en casa

Personalmente he experimentado y vivido las Eucaristías domésticas, en las que se reúne la poca gente del lugar, habla de sus problemas, medita y participa en la Palabra del Señor y después rematan con la Eucaristía. Esto, en pequeños grupos funciona y la gente agradece esta cercanía del sacerdote.

Creo que en las pequeñas aldeas es importante un centro social, un lugar en que la gente se pueda ver y hablar, porque la gente vive muy sola y necesita encontrarse. Tengo una experiencia alentadora en Cexo, cómo la construcción de un centro cambió la vida de la poca gente de la aldea. Empezaron a reunirse, a jugar a las cartas, a celebrar los cumpleaños, a hacer algo de fiesta los domingos y en el buen tiempo se pasan allí días enteros y a la hora de la comida cada familia aporta lo que tiene preparado en casa y se comparte entre todo. Participé en alguna de estas comidas y es el milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

Hay que ser algo creativos, reunir a la gente mayor para sacarles del pueblo en una especie de excursión-convivencia; se sienten valorados y agradecidos. Hay que trabajar y purificar la piedad popular que se vivencia en santuarios, ermitas etc. Parece imposible, pero no lo es, si se rompe con rutinas e se tiene ansia por ofrecer un buen alimento a la gente débil en su vida y en su fe.

Aprovechar los sacramentales, valorarlos, porque son los sacramentos de los pobres. Acercarnos siempre a los pobres en actitud de escucha y de aprender porque los pobres de hoy nos siguen evangelizando.

La creación de las Unidades de Pastoral, urgidas por la escasez de clero y por el vaciamiento de las aldeas, puede ser una estupenda ocasión de rehacer el rostro de la Iglesia también en el mundo rural, pero no se puede crear algo nuevo repitiendo lo de siempre.

Evencio
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