Alberto Fernández: "La Iglesia no 'fabrica' santos, los santos los hace Dios"
En el Día de Todos los Santos, hablamos con el responsable de causas de los santos del Arzobispado de Madrid
En el Día de Todos los Santos, hablamos con Alberto Fernández, delegado de Causas de los Santos de la Archidiócesis de Madrid. ¿Cómo se fabrica un santo? ¿Cuánto cuesta? ¿Tiene un postulador santos favoritos? "Los santos son el testimonio concreto de que el amor a Dios, unido indisolublemente al amor al prójimo, puede hacer de nuestra vida una vida preciosa y valiosa".
Pregunta. ¿Cómo se fabrica un santo y cuáles son los pasos?
Respuesta. El proceso por el que la Iglesia reconoce la santidad de uno de sus hijos es minucioso, muy exhaustivo, pero es un proceso en el que propiamente no se 'fabrica' al santo, porque los santos los hace Dios. La santidad es la obra paciente de Dios en la vida del hombre. En las causas de beatificación y canonización, la Iglesia reconoce la santidad concreta de la vida de sus hijos. El proceso tiene dos grandes fases: la fase diocesana y la fase romana. En la diócesis donde ha fallecido el siervo de Dios, se recogen todas las pruebas que demuestren la santidad de la vida del candidato: se pregunta a las personas que han vivido con él, se recogen los documentos, las cartas, los diarios, se habla con testigos que han experimentado de cerca su su fe, su caridad, su esperanza. Toda esta documentación, que suele ser de 20 o 30.000 folios, se envía a Roma y allí lo estudian varios comités: de historiadores, de teólogos, de obispos y cardenales, de modo que el Papa, al final del proceso, pueda dar la aprobación para que un siervo de Dios pueda ser primero beatificado y después canonizado.
P. ¿Qué dificultades se encuentra en el proceso?
R. Todas las causas tienen sus propias dificultades. En ocasiones, cuando una causa es de un Siervo de Dios fallecido hace mucho tiempo, no se encuentran evidentemente testigos que hayan convivido con él, y en esos casos los testimonios sobre sus virtudes, o sobre su martirio, se buscan en la documentación contemporánea a la vida del siervo de Dios. Es cierto que la santidad, y esto es un punto que yo intento siempre rebatir siempre, no es irreprochabilidad moral, no significa hacerlo todo bien, no es que todo salga bien, no consiste en no cometer nunca ningún error.
R. Hay quien piensa que cuando aparece un elemento negativo en el proceso, por ejemplo, que el siervo de Dios tenía mucho carácter, o que tenía un poco duro el corazón, o que era algo egoísta, o que a veces se enfadaba… Como digo, cuando aparecen pequeños o grandes defectos en un candidato, puede parecer que esto nos plantea alguna dificultad. Sin embargo, en la causa lo que más se observa es el crecimiento en la vida de fe. Una persona con mucho carácter, que al final de su vida se vuelve dulce; o uno que es egoísta, soberbio, muere sin nada, con mucha pobreza y humildad. La santidad no es una fotografía estática, sino un camino de crecimiento que la persona va haciendo hasta llegar a reflejar a Jesús, porque santos son el reflejo del rostro de Jesús en medio de la historia.
R. Después en algunas causas encontramos dificultades procesales, cuando la documentación está muy dispersa, o es mucha, o que hay que hacer un estudio profundo de un volumen amplio de escritos. Pero al mismo tiempo, en las causas de los santos no hay prisa, por lo que las dificultades se van resolviendo con paciencia y perseverancia.
P. Entiendo que con todos estos descubrimientos de los procesos y los diferentes caminos, ¿habrá alguno que le haya impactado en concreto?
R. ¡Claro que me han impactado! Aunque no debo contar demasiado, porque en las causas de los santos tenemos el deber de ser discretos, porque estamos tocando en cierto modo la intimidad de la vida de las personas. Hay testimonios muy impresionantes... No me ha impresionado uno, me impresionan prácticamente todos. Cuando comenzamos una causa, pasamos de conocimiento superficial a un conocimiento más profundo sobre el Siervo de Dios.
P. Hay una pregunta que muchos nos hacemos a la hora de hablar de estos procesos. Hemos dicho que no se fabrican santos, que los santos los hace Dios, pero ¿cuánto cuesta todo el proceso? ¿Hace falta tener dinero para iniciar una causa?
R. El proceso es costoso, pero no porque cueste mucho dinero, sino porque cuesta mucho trabajo. Y el trabajo conlleva en muchas ocasiones un coste también económico, pero en no pocas ocasiones este trabajo se realiza de forma voluntaria. Hay que recoger mucha documentación, hay que transcribirla, hay que sistematizarla, se hacen estudios en profundidad de los escritos del Siervo o la Sierva de Dios, pericas teológicas para constatar que no haya en estos escritos nada que pueda resultar después confuso. Al mismo tiempo, una causa supone muchas sesiones del tribunal, en las que se escuchan las declaraciones de los testigos y sus testimonios. testimonios.
R. Y después, en la fase romana, viene el trabajo de quienes lo estudian: los exámenes históricos, teológicos... de forma que una causa siempre supone mucho trabajo, que es además como decía al comienzo muy minucioso.
R. Hay instituciones, congregaciones, movimientos, realidades eclesiales o diócesis que pueden permitirse tener personas trabajando en exclusiva en las causas de los santos. Es el caso, por ejemplo, de las postulaciones generales de muchas congregaciones. Pero hay otras causas que proceden de realidades más humildes... En la diócesis de Madrid, cuando estudiamos una causa que procede de una institución o de una realidad dedicada a la caridad, o que no tiene recursos, hacemos exención de tasas. De modo que nunca deja de salir adelante una causa por motivos económicos.
P. En el estudio de los supuestos milagros, ¿sucede lo mismo?
R. La principal prueba en un proceso sobre milagro es la pericia médica, que la realizan médicos expertos, que no pocas veces lo hacen de forma altruista. Los procesos sobre supuestos milagros, porque una pericia médica es, en comparación con otros requisitos de las causas por martirio, virtudes, o entrega de la vida, relativamente sencilla de obtener.
P. Por hablar un poco de usted y en este trabajo que está realizando de la mano de los santos, ¿qué supone trabajar en este ámbito? Porque me imagino que los santos cada día le enseñarán algo.
R. Soy un privilegiado. Estoy todos los días en contacto con el rostro más bello de la Iglesia, que es la santidad. Me ayuda mucho caer en la cuenta de que la santidad no entiende de espiritualidades, de movimientos, de un modo u otro de vivir la fe, porque hay personas extraordinarias en ámbitos que podríamos considerar casi antagónicos. Descubro la riqueza de la Iglesia, el poder de Dios que toca corazones, vidas y hace obras preciosas. También me ayuda mucho a ser paciente, porque en una sociedad donde todo va tan rápido, en causas de los santos se ve con claridad cómo Dios va moldeando pacientemente la vida del santo. No es algo instantáneo.
R. También me ayuda ver cómo los santos tienen un impacto real en la vida y en la sociedad de las personas que los rodean. Lo vemos en los grandes santos de la historia de la Iglesia, pero también en tantos ejemplos concretos de personas a las que un santo les ha tocado el corazón. Por último, me admiro ante la santidad de personas ordinarias y concretas de las que quizá nunca se abra un proceso, pero son aquellos a los que Francisco llamó de forma genial ‘santos de la puerta de al lado’, reflejos del rostro de Jesús, del rostro de Dios. Me asombra personalmente ver todos los días estos signos en la Iglesia y en el mundo de hoy.
P. ¿Qué importancia tienen esos santos históricos y también los santos de la puerta de al lado en nuestro día a día, en el mundo de hoy, como usted decía?
R. Los santos son nuestros hermanos mayores, nos ayudan en nuestro camino hacia el cielo, hacen mejor nuestra vida, y son también modelos. Cuando hablo de modelos no quiero decir que tengamos que imitar a los santos hasta en el más mínimo detalle de sus vidas, porque cada uno el Señor tiene un camino y una historia única. Los santos son el testimonio concreto de que el amor a Dios, unido indisolublemente al amor al prójimo, puede hacer de nuestra vida una historia preciosa y valiosa.
P. ¿Tiene usted un santo favorito?
R. ¡Claro que los tengo! Aunque me los guardo para mí, para que cada uno descubra los santos más cercanos a su vida. Cuando al Papa León le preguntaron los jóvenes de Madrid por los santos que eran referentes para su vida, todos esperábamos que hablara de santa Teresita, de san Francisco Javier, del cura de Ars... Él nos habló Santo Toribio de Mogrovejo, de San Juan Crisóstomo, y de santo Tomás de Villanueva, porque eran santos muy ligados a su historia. Y con ello, nos invitaba a descubrir los santos más cercanos a nuestra vida y a nuestra historia.
