Arellano evita cualquier referencia al conflicto de Torreciudad, "un verdadero faro de esperanza para las familias"
El comisario plenipotenciario preside la Jornada Mariana de la Familia en el complejo del Opus Dei, que invita al Papa León a visitar Torreciudad en 2027. "Le queremos mucho y le esperamos en el Santuario para que lo conozca"
No hubo conflicto, y mucho menos anuncios de decisiones que se esperan desde hace tiempo para Torreciudad. El comisario plenipotenciario designado por el papa Francisco para el 'complejo' de Torreciudad, Alejandro Arellano, presidió este mediodía en el templo ideado por Escrivá de Balaguer la Jornada Mariana de la Familia. Y lo hizo en una homilía en la que reivindicó Torreciudad "como un verdadero faro de esperanza para las familias", y donde se escucharon aplausos cuando agradeció el trabajo llevado a cabo por el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo.
Ni rastro de palabras que pudieran interpretarse como una toma de posición por parte del hombre que tiene encomendada la solución al conflicto, ya enquistado, que enfrenta a la Obra con la diócesis, y que en estas últimas semanas ha vivido un incremento inusitado de la tensión.
Es más, Arellano tiró por la calle de enmedio, citando por igual "a los Rectores de este Templo, D. Ángel Lasheras y D. José Mairal, por su generoso servicio al pueblo de Dios". Uno, como se recordará, nombrado por el Opus, y que al término de la misa invitó al Papa a Torreciudad, tal vez en su próxima visita a España, que se espera en 2027. "Le queremos mucho y le esperamos en el Santuario para que lo conozca". El otro, designado por el obispo, a quien el comisario hico llegar "un recuerdo afectuoso". También lo hizo al vicario del Opus en España, Ignacio Barrera, quien sí se encontraba presente en la misa.
La homilía arrancó también reconociendo "la fe de aquellos primeros cristianos que, con sencillez y valentía, sembraron el Evangelio en las tierras del Alto Aragón", honrando a los obispos de la diócesis, "testigos fieles de Cristo y servidores humildes del Pueblo de Dios"; a los mártires, "cuyo sacrificio continúa siendo semilla fecunda para la Iglesia"; y a Escrivá de Balaguer, "hijo de esta tierra, que supo descubrir en la vida ordinaria el lugar donde Dios sale a nuestro encuentro y transforma, con su gracia, la existencia de cada día".
Para Arellano, "la fe nunca es una experiencia aislada ni una aventura que emprendemos solos", sino una experiencia compartida, especialmente en familia. "Vosotras, familias cristianas, formáis parte de una cadena viva de fe y de gracia (...). Todos vosotros estáis edificando la Iglesia y esculpiendo el rostro del mundo que dejaremos en herencia a las generaciones venideras", glosó.
Las "cuerdas rotas"
"Venís de caminos distintos, con nombres, rostros e historias diferentes, pero todos traéis en el alma una misma certeza: la familia es un regalo que nace del corazón de Dios" dijo a las familias reunidas en Torreciudad. Parafraseando a Paganini y su historia de las cuerdas rotas, Arellano recordó a tantas familias que han visto sus 'cuerdas' en dificultad: "la salud, el trabajo, la paz, la ilusión, las fuerzas para seguir adelante. Y, sin embargo, continúan haciendo música, no porque todo permanezca intacto, sino porque el amor, cuando hunde sus raíces en Dios, puede hacer de la fragilidad un lugar de gracia y convertir incluso las heridas en una melodía de esperanza".
"Ustedes familias, como recordaba el Papa Francisco, son la esperanza de la Iglesia y del mundo. Con su testimonio del Evangelio pueden ayudar a Dios a realizar su sueño, pueden contribuir a acercar a todos los hijos de Dios, para que crezcan en la unidad y aprendan qué significa para el mundo entero vivir en paz como una gran familia"
Reconociendo que "una familia cristiana no es una familia perfecta, sino una familia que sabe dónde regresar cuando se equivoca", evocando "una y otra vez, el arte de amar, de perdonar y de volver a comenzar". "No olvidéis que la familia es una obra de amor que Dios va escribiendo con paciencia, página a página, en el tiempo concreto de cada hogar", añadió el comisario, incluso "cuando "hoy la familia atraviesa un verdadero cambio de época: la soledad que se adentra en tantos corazones, la dificultad para construir un amor indisoluble, las heridas que tantas veces se sufren en silencio y la tentación de vivir como si Dios no fuera necesario".
"Frente a una cultura que tantas veces fragmenta y debilita los vínculos, la Iglesia anuncia, con esperanza, la belleza de una familia donde el amor aprende a ser fiel, fecundo y para siempre. Nuestro mundo necesita volver a descubrir que un hogar puede ser escuela de ternura, casa de acogida y santuario de la presencia de Dios", subrayó Arellano, quien abundó que "en el corazón de esta Iglesia de Barbastro-Monzón, Torreciudad se alza como un verdadero faro de esperanza para las familias".
Vosotras, familias cristianas, formáis parte de una cadena viva de fe y de gracia (...). Todos vosotros estáis edificando la Iglesia y esculpiendo el rostro del mundo que dejaremos en herencia a las generaciones venideras
"Ustedes familias, como recordaba el Papa Francisco, son la esperanza de la Iglesia y del mundo. Con su testimonio del Evangelio pueden ayudar a Dios a realizar su sueño, pueden contribuir a acercar a todos los hijos de Dios, para que crezcan en la unidad y aprendan qué significa para el mundo entero vivir en paz como una gran familia", culminó.
"Queridos hermanos y hermanas, pidamos a Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad que nos conceda la gracia de comprender que la santidad no es una herencia reservada al pasado, sino una llamada viva que Dios dirige hoy a cada uno de nosotros, aquí y ahora", finalizó Arellano, con una reflexión hacia el futuro: "Quizá dentro de muchos años nadie recuerde nuestros nombres y nuestras obras se desvanezcan poco a poco de la memoria de los hombres. Pero si vivimos unidos a Cristo, si hacemos de nuestros hogares un pequeño Nazaret donde Dios sea amado y el prójimo servido, si aprendemos a perdonar, a recomenzar después de cada caída, entonces nuestra vida habrá quedado también entretejida, para siempre, en la maravillosa historia de la fidelidad de Dios. Una historia que comenzó mucho antes de nosotros, que continuará después de nosotros y que, sostenida por su misericordia, avanza inexorablemente hacia un único destino: la plenitud de su Reino".
