Cobo, en la clausura de la fase diocesana de la causa de Sebastián Gayá: "Nos quedamos con la tarea de seguir trabajando por el desarrollo pleno de nuestro bautismo"
Se clausuraba la fase diocesana de la causa de beatificación de Sebastián Gayá, sacerdote, coiniciador del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Era un paso más: ahora, los cerca de 27.000 folios que recogen su vida y lo aportado por más de un centenar de testigos irán al Dicasterio para las Causas de los Santos para continuar en Roma el proceso
Había este martes, 7 de julio, en el Colegio San Agustín de Padre Damián ambiente de fiesta solemne. De estar viviendo algo trascendente e histórico. Se clausuraba la fase diocesana de la causa de beatificación de Sebastián Gayá, sacerdote, coiniciador del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.
Era un paso más: ahora, los cerca de 27.000 folios que recogen su vida y lo aportado por más de un centenar de testigos irán al Dicasterio para las Causas de los Santos para continuar en Roma el proceso. Cuatro años después de la apertura de la causa, el trabajo en Madrid está hecho.
En el salón de actos se apilaban cerca de 70 cajas que contenían las tres copias preceptivas de cada uno de los folios: arquetipo, trasunto y copia pública. El acto estaba presidido por el cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, diócesis en la que se inició el proceso, acompañado de José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, asesor mundial de Cursillos de Cristiandad y presidente de la Fundación Sebastián Gayá, y Antonio Prieto, obispo de Alcalá y consiliario nacional de Cursillos.
Además, se dieron cita la presidenta nacional de Cursillos, Rosa Murillo; los presidentes diocesanos, Eva Castrillo y Juan Carlos Arcones, y el consiliario diocesano de Madrid, Jaime López Peñalba. Este último fue designado por el cardenal Cobo portador de las actas, y será quien entregue en Roma, en el dicasterio, el trasunto y la copia publica de este proceso; el arquetipo se quedará en el archivo general de la diócesis.
Cursillistas diferentes diócesis de España, no solo de Madrid, así como familiares de Sebastián Gayá —entre ellos, unas sobrinas nietas—, participaron también en el acto.
La santidad es para todos
Cuando el cardenal Cobo pronunció el «declaro clausurada la fase diocesana de este proceso», la sala prorrumpió en un fuerte aplauso. También cada vez que los intervinientes juraban «haber cumplido fielmente» su misión y guardar el «secreto de oficio»: el delegado de las Causas de los Santos de la diócesis de Madrid, Alberto Fernández; el postulador de la causa, Carlos Mora-Rey; el promotor de Justicia, Fernando del Moral, y la notaria actuaria, Mercedes Alvaredo de Beas.
El cardenal Cobo selló y lacró, en un momento de gran intensidad, la última de las cajas del arquetipo que se mandará a Roma. Después tomó la palabra con un agradecimiento inicial a Dios por personas en la diócesis que «han ido construyendo». «Gracias a que ha habido gente que ha sembrado unidad y racimos de vida, la Iglesia va adelante».
El cardenal resaltó que cuando se presenta una causa de santidad se proponen vidas para todos. «Esos son los santos, personas que se dejan traspasar por Dios y estilos que son proponibles para todos». «Modelos de discípulos y modelos de seguimiento de Jesucristo», añadió.
Así, la Iglesia discierne el «enorme fruto que puede dar una vida con sentido; un fruto no solo para Cursillos, sino para la Iglesia» entera. «Porque la santidad vale para todos», recordó, y lo proponible de Sebastián será proponible para otros, «sean o no de Cursillos».
En este tiempo de espera hasta que la Iglesia se pronuncie, el cardenal animó a los presentes: «Esperemos, y mientras tanto construyamos», haciéndolo «con procesos, no solo con palabras; procesos de seguimiento, de crecimiento y de integración en la Iglesia». Un tiempo en el que «nos quedamos con la tarea de seguir trabajando por la santidad y el desarrollo pleno de nuestro bautismo», porque «esto de ser santos no lo dejamos solo para unos cuantos; es para todos los que estamos aquí».
Vida edificada en Jesucristo
El arzobispo de Madrid ponía en valor que en la vida de la Iglesia haya habido gente «que ha vivido a Jesucristo con un ardor especial». En este sentido se manifestó también Saiz Meneses cuando perfiló a Gayá como hombre con una vida «sólidamente edificada» en Jesucristo. Marcada por la cruz, sí, pero en la que nunca pudo el «desánimo, la queja», sino más bien la paciencia y una «alegría profundamente cristiana».
Se distinguió el siervo de Dios por un profundo celo apostólico —«el verdadero apóstol siembra, acompaña y sirve», decía— y por ser constructor de comunión. «Mantened la unidad» fue lo que, por tres veces, le repitió Gayá al actual arzobispo de Sevilla la última vez que lo vio en Mallorca, ya enfermo, antes de morir.
Saiz Meneses concluyó su intervención pidiendo a la Virgen María, «estrella de la evangelización», y a san Pablo, patrono de Cursillos, que «nos lleven a vivir con fidelidad, servir con humildad y a anunciar con gozo que Cristo vive».
Por su parte, Eva Castrillo, presidenta diocesana, destacó de Sebastián cómo «buscó hacer visible el amor de Dios allí donde la Iglesia le enviaba» y cómo propuso cristianos capaces de evangelizar sus ambientes «desde la amistad y el amor de Cristo». Les insufló el deseo de ser santos y apóstoles y les dejó en herencia la pasión por el hombre, su amor a la Iglesia y su amor al carisma.
«Ser santo santificando a los hermanos: esa fue la brújula de toda su existencia», afirmó la presidenta diocesana de Cursillos. Esto, dijo, es lo que sigue moviendo hoy a los hombres, «seguir anunciando con la vida y la palabra que Jesucristo vive».