Cobo, en El Pilar: "Debemos construir el plan de Dios en comunidad"
"La fe no crece desde el aislamiento, no se sostiene en solitario y la Iglesia siempre se construye tejiendo relaciones y teniendo en cuenta lo que compartimos", afirma el cardenal de Madrid
(Archimadrid).- El cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, ha clausurado este domingo, 22 de marzo, la visita pastoral al arciprestazgo de Nuestra Señora del Pilar. Finaliza así el proceso iniciado semanas atrás en el que los obispos auxiliares, monseñor Juan Antonio Martínez Camino y monseñor Vicente Martín, han visitado las seis parroquias que componen este arciprestazgo: Nuestra Señora del Pilar, Santa Mónica, Virgen Peregrina, San Francisco de Borja, San Luis de los Franceses y Los Doce Apóstoles.
Parar y ver dónde estamos
Una reunión con los representantes de los consejos pastorales y económicos y una celebración eucarística en la parroquia que da nombre al arciprestazgo han clausurado la visita pastoral. En palabras del arzobispo, es una oportunidad «parar un poquito la vida de la parroquia y provocar un ver dónde estamos, para contemplar el conjunto». Una tarea que asumen los miembros de los consejos, que, desde su forma de ser cristiano, de vivir su bautismo, se han puesto «al servicio de la Iglesia», como respuesta a una llamada de Dios y así estar «al cuidado de la comunidad», cada cual desde su propio ministerio, destacó el arzobispo.
Los consejos pastorales y económicos son llamados, dijo el cardenal Cobo, a «mirar a la parroquia desde una visión comunitaria, desde una perspectiva global». Son ellos quienes piensan «en el total de la parroquia, para que la parroquia no sea un puzle de grupos, sino para que la parroquia sea una comunidad, porque esa es la vocación que tiene la parroquia». Por ello insistía en «el encargo extraordinario de velar y de hacer que la parroquia sea una comunidad y que la parroquia, también con los sacerdotes, no quede como una isla en medio del barrio de Salamanca». Eso demanda «que la parroquia esté conectada con el resto de las comunidades de la Iglesia y que la parroquia pueda ayudar también a otras parroquias».
Deseo de comunión
El desafío es «saber caminar con otros cristianos e ir inoculando el deseo de la comunión, de conocerse y de construir una comunidad dentro de la parroquia, porque eso es lo que nos identifica». Se trata de evitar que cada grupo se encierre en sí mismo y buscar salir, asumir la misión, que está fuera y que necesita respuestas comunes desde los arciprestazgos. Se trata de concretar la conversión pastoral a la que el papa Francisco llamaba en Evangelii Gaudium, que pasa por una conversión de las estructuras, que lleve a adecuarlas a la misión que tenemos, reflexionó el cardenal Cobo.
En ese sentido, la visita pastoral es una oportunidad para descubrir los retos, para preguntarse y dar respuestas a lo que Dios pide de la parroquia en este tiempo, decía el arzobispo. Hacerlo a la luz del Espíritu que habita en cada bautizado, y así, escuchando a todos «construir el plan de Dios», dando respuesta a los nuevos retos desde la situación en la que cada parroquia o el arciprestazgo se encuentra. Para ello es importante escuchar, un ejercicio que el cardenal Cobo ha llevado a cabo con los miembros de los consejos del arciprestazgo del Pilar, a quienes ha agradecido por su servicio, ya que «la Iglesia aquí se sostiene gracias a vosotros: sois la cara más visible de la Iglesia en esta zona», concluyó. Un agradecimiento que también han expresado los miembros de los consejos, mostrando su disposición a colaborar con la diócesis y con su arzobispo.
Prestar atención a los sepulcros
En la Eucaristía, a la luz de las lecturas del V Domingo de Cuaresma, el cardenal Cobo llamó a «prestar atención a nuestros sepulcros», recordando algunos de los que «nos duelen especialmente en estos días», aquellos que provocan las guerras; esa violencia que se nos ha colado por todas partes; la desigualdad, donde tanta gente vive por debajo de lo humanamente aceptable; también las angustias, el sinsentido, la indiferencia, el individualismo que mata. Para el arzobispo de Madrid, «sepulcros son esas zonas también que hay en nuestra vida y en nuestra sociedad donde no ha entrado todavía el amor. Sepulcros son los lugares que hay a nuestro alrededor donde se ha apartado a Dios, o donde se vive debajo de diosecillos que nos vamos fabricando».
Al hilo de las palabras del profeta Ezequiel, el cardenal hizo ver que «hoy resulta que nuestro Dios nos habla de lo que nos pasa a nosotros», y aparece como aquel que abre los sepulcros que nosotros no somos capaces de abrir. Sepulcros que Jesús, y ese es el sentido de la Semana Santa, «pasa por la cruz y nos prepara para que vivamos de una forma nueva, con Cristo, esta Pascua». Una llamada a creer «desde lo más hondo, que solo Jesús transforma la vida y la muerte, la nuestra, y también las vidas y las muertes de nuestras comunidades, de nuestra Iglesia».
«Es tiempo de nuestras parroquias, de nuestra Iglesia, antes que otras cosas, antes con que nuestras propias identidades, que las tenemos, estar con Jesús», enfatizó el cardenal José Cobo. Jesús «nos busca a pesar de nuestros sepulcros, para que podamos escuchar hoy juntos: ‘Yo soy la Resurrección y la Vida’. Y dejarnos conmover, porque esa es la mejor preparación para la Pascua», dijo el arzobispo.
Descubrir a los Lázaros
En sus palabras llamó a descubrir a lázaro presente entre nosotros: «hoy Lázaro es tu familia, es cada persona que conocemos, que a veces no puede salir adelante por sus propios medios. Lázaro son los amigos que están tristes o que están en los hospitales. Lázaro son las familias que hacen duelo por tantas heridas. Lázaro es la gente que conocemos, que están solos y deprimidos, que no encuentran el sentido a la vida. Lázaro son los últimos, esos que no vemos o no queremos verlos, porque los invisibilizamos y se les quita hasta los pocos derechos que tienen».
El cardenal Cobo recordó que «la fe no crece desde el aislamiento, no se sostiene en solitario y la Iglesia siempre se construye tejiendo relaciones y teniendo en cuenta lo que compartimos». Una Iglesia que lo primero que hace es llorar, recordó el arzobispo, pues «la vida y la resurrección viene de las lágrimas, de la gente que llora, del amor del amigo, en definitiva, viene de los ojos de Jesús», que nos pide quitar la losa juntos, dado que «Él no quiere que ninguno se quede en la tumba». Pide salir fuera y desatarlo, que implica «soltar vendas y las cuerdas de todo aquello que nos paraliza y que está paralizando nuestros vecinos».
Finalmente, el cardenal Cobo recordó el Día del Seminario, y llamó a acordase de aquellos que van a ser sacerdotes, de los seminaristas, recordando que «salen de una parroquia concreta, de una comunidad concreta y viven desde el pueblo de Dios».
