La Diócesis compostelana refuerza la sinodalidad y la participación en su Consejo Pastoral
El sábado 28 de febrero, la sala Palatino de la Hospedería de San Martín Pinario acogió la reunión plenaria del Consejo Diocesano de Pastoral, un espacio clave para la vida de la Iglesia en Santiago de Compostela
(Archicompostela).- El sábado 28 de febrero, la sala Palatino de la Hospedería de San Martín Pinario acogió la reunión plenaria del Consejo Diocesano de Pastoral, un espacio clave para la vida de la Iglesia en Santiago de Compostela. La sesión estuvo presidida por el Vicario General, José Andrés Fernández Farto, y reunió al Vicario de Pastoral, Vicarios Territoriales, representantes de arciprestazgos, delegaciones, movimientos, congregaciones religiosas y laicos, todos comprometidos con el fortalecimiento de la pastoral diocesana.
El encuentro comenzó a las 10:30 horas con la acogida y la oración inicial, seguida de un saludo del Vicario General. Fernández Farto recordó que este consejo pastoral se constituyó con la clara vocación de ser “una expresión viva de la sinodalidad”, en línea con el magisterio del Papa Francisco. Y subrayó la importancia de que sus conclusiones sirvan para orientar el plan pastoral de la diócesis.
También destacó la evolución teológica que sustenta la sinodalidad, desde el Concilio Vaticano II hasta la actualidad. En este sentido, explicó que ser una Iglesia sinodal implica caminar juntos, escuchar, discernir y dejarse guiar por el Espíritu Santo.
Evaluación de la Asamblea Diocesana y retos de la comunicación
A continuación, el Vicario de Pastoral, Javier Porro Martínez, coordinó la jornada de trabajo del Consejo Diocesano de Pastoral, centrada inicialmente en el análisis de la pasada Asamblea Diocesana.
Subrayó la necesidad de llevar el plan pastoral a todos los arciprestazgos, delegaciones y comunidades, promoviendo siempre la corresponsabilidad y fomentando la creatividad misionera.
Fátima Noya, y el resto de participantes revisaron los resultados de la Asamblea y reflexionaron sobre la importancia de una convocatoria efectiva, que combine comunicación digital, llamadas personalizadas y motivación directa, para asegurar la implicación de todos los sectores de la diócesis. Coincidieron en que la Asamblea no debe limitarse a un evento puntual, sino convertirse en un punto de partida para la aplicación concreta del plan pastoral.
Hacia una Iglesia más participativa y corresponsable
Un tema central de la jornada fue la corresponsabilidad entre sacerdotes y laicos. Los asistentes coincidieron en que la pastoral diocesana se fortalece cuando los laicos aportan sus carismas y experiencias, contribuyendo de manera significativa a la vida comunitaria y al dinamismo de la misión evangelizadora.
Se compartieron ejemplos concretos, como la visibilización de los voluntarios de Cáritas en las parroquias, y la necesidad de que la Asamblea refleje experiencias reales de implementación del plan pastoral.
El debate también abordó la diversidad de contextos: especialmente entre parroquias urbanas y rurales, se requiere flexibilidad y creatividad para que la participación sea efectiva y significativa. El Consejo acordó reforzar formación, coordinación y acompañamiento en cada arciprestazgo, asegurando que el plan pastoral no quede en un documento, sino que se convierta en vida concreta.
Finalmente, se insistió en la necesidad de evaluar periódicamente las acciones, recoger experiencias, compartir buenas prácticas y mantener un diálogo constante que conecte las decisiones diocesanas con la realidad de cada comunidad.
Claves para una Iglesia sinodal y misionera
A las 12:30 horas, tras un breve descanso, la reunión plenaria continuó con la presentación de las “Claves para la recepción del Sínodo de los Obispos” y del Plan Pastoral Diocesano. Alfredo Losada y Ana Fontes, miembros de la comisión permanente del Consejo, guiaron esta fase central, traduciendo las orientaciones teológicas y pastorales a acciones concretas para la vida de las parroquias y arciprestazgos.
Losada contextualizó la importancia del documento final del Sínodo y su fase de implementación. Señaló que, aunque algunos puedan esperar un documento “cerrado y definitivo”, la riqueza del proceso radica en la interacción entre la Iglesia universal y cada comunidad local.
Losada recordó que el Sínodo estructuró el proceso en tres fases: escucha, discernimiento y acción. La primera permitió conocer la realidad eclesial y social; la segunda ayudó a priorizar los aspectos a mejorar; y la tercera, que constituye la etapa actual, busca experimentar prácticas y estructuras renovadas para hacer la Iglesia más sinodal y eficaz en la misión evangelizadora.
Entre los actores clave se destacan los obispos, presbíteros y diáconos, los organismos de participación (Consejo Presbiteral, Consejo Pastoral y Consejo de Asuntos Económicos), y el equipo sinodal diocesano. Se subrayó la necesidad de formación teológica, espiritual y metodológica, especialmente para facilitadores de procesos de discernimiento, y se recordó la oportunidad de la formación nacional en abril en Madrid, con posibilidad de replicarla en Santiago.
Losada concluyó destacando la importancia de convertir la teoría en práctica, adaptando las orientaciones del Sínodo a la realidad local de cada parroquia, arciprestazgo y delegación. Propuso formas de liderazgo compartido, ministerios laicos y consagrados, transparencia en la toma de decisiones y la celebración de asambleas y encuentros que mantengan viva la corresponsabilidad en la comunidad.
La visión práctica del Plan Pastoral Diocesano
Posteriormente, Ana Fontes presentó la perspectiva del Plan Pastoral Diocesano, destacando la continuidad con documentos previos (como el Sínodo sobre la Nueva Evangelización y la exhortación Evangelii Gaudium del Papa Francisco) y la renovación que impulsa hoy la diócesis.
Fontes afirmó que el plan tiene un objetivo general: «abrirse al Espíritu Santo para renovar el encuentro con Jesucristo y construir una Iglesia misionera, samaritana, sinodal y en salida». Este marco se traduce en objetivos concretos, líneas de acción e indicadores que permitirán evaluar avances año tras año.
También hizo hincapié en la sinodalidad del proceso de elaboración, que implicó a todos los sectores de la diócesis y que continuará con la participación activa de sacerdotes, laicos, movimientos y delegaciones. Reconoció que no todas las metas podrán implementarse de inmediato, pero destacó la necesidad de priorizar objetivos estratégicos, comenzando por el conocimiento, acogida y aplicación de las orientaciones del Sínodo y del documento final del Sínodo Diocesano, avanzando paso a paso, con planificación y evaluación continua, mientras se mantiene abierto el espacio a la acción del Espíritu Santo.
Trabajo en grupos y coordinación territorial
A partir de las 13:00 horas, se organizaron tres grupos de trabajo según las vicarías de Coruña, Pontevedra y Santiago, con la participación de los vicarios territoriales. El objetivo era preparar la presentación del Plan Pastoral en todos los arciprestazgos y definir estrategias de implementación local.
En este sentido, se subrayó que el arzobispo visitará los arciprestazgos entre marzo y mayo, dialogando con sacerdotes, laicos y comunidades para garantizar que el proceso sea realmente participativo.
Durante los diálogos grupales se identificaron desafíos y oportunidades: diversidad territorial, diferentes ritmos de trabajo entre parroquias urbanas y rurales, necesidad de reforzar la comunicación y creación de espacios de formación y acompañamiento que visibilicen la corresponsabilidad.
También se planteó la conveniencia de organizar pequeños encuentros locales que permitan aterrizar el plan pastoral en la realidad concreta de cada comunidad, complementando las jornadas amplias previstas. Se destacó la relevancia de los consejos de pastoral arciprestales, con participación conjunta de sacerdotes y laicos, fortaleciendo la coordinación y la transmisión de información.
Un camino de comunión y esperanza
Los miembros del consejo coincidieron en que este proceso no es un simple cumplimiento administrativo, sino un camino de comunión, esperanza y corresponsabilidad. Cada iniciativa, encuentro o asamblea busca que la Iglesia se abra al Espíritu Santo, avance en sinodalidad y renueve sus estructuras, de manera que todos puedan participar activamente en la misión evangelizadora.
La jornada se cerró a las 14:30 horas con la comida, dando paso a la continuación de este camino sinodal que ya marca un nuevo impulso en la diócesis.
