Durante el vuelo rumbo a Francia, la diócesis de Getafe entrega al Papa una cruz con cenizas de los incendios de la Sierra Oeste madrileña
En el transcurso del vuelo en el que viajaba el Papa León XIV rumbo a Francia, la corresponsal de COPE en el Vaticano, Eva Fernández, le hizo entrega de un obsequio de parte de la diócesis de Getafe de la pieza memorial de los incendios de este verano
(Diócesis de Getafe).- En el transcurso del vuelo en el que viajaba el Papa León XIV rumbo a Francia, donde el Sumo Pontífice realizará su viaje apostólico hasta el próximo 28 de septiembre, la corresponsal de COPE en el Vaticano, Eva Fernández, le hizo entrega de un obsequio de parte de la diócesis de Getafe.
Se trata de una pieza elaborada con madera quemada y que contiene en su interior una cruz y cenizas recogidas tras los incendios que asolaron durante el verano la Sierra Oeste de Madrid, una amplia zona del territorio diocesano.
Con el obsequio, la diócesis ha querido llevar hasta el Santo Padre el recuerdo y el sufrimiento de los miles de habitantes de las diez poblaciones afectadas por los incendios de este verano.
Como es tradición en los vuelos papales, una vez se alcanzó la altura necesaria, León XIV pasó a la zona trasera del avión donde le acompañaban los vaticanistas que van informar estos días sobre su visita al país galo, y la prestigiosa periodista de COPE tuvo la oportunidad de entregarle el regalo al Santo Padre.
Eva Fernandez explicó al Santo Padre el motivo del regalo y le preguntó qué es lo primero que le viene a la cabeza hacer cuando es informado de este tipo de tragedias: «Oración por los que están sufriendo, pensando también en este caso de los incendios la gran responsabilidad que tenemos para cuidar el mundo la casa común».
El obsequio tiene un profundo significado. Está realizada en madera de enebro, presenta dos puertas laterales que, al permanecer cerradas, forman un único cuerpo. Con sus puertas cerradas, la parte inferior de la madera aparece profundamente quemada y carbonizada, como reflejo de la tierra herida y de todo aquello que el incendio dejó a su paso.
Al abrir las dos puertas laterales, aparece en el interior una Cruz realizada en madera de encina, limpia e intacta. En el centro de la Cruz, un círculo guarda cenizas reales de los montes, como memoria y esperanza confiadas a Cristo. La Cruz es el lugar donde la muerte es vencida.
Muchos lo han perdido todo
Los incendios que golpearon la Sierra Oeste de Madrid este verano dejaron tras de sí miles de hectáreas calcinadas, viviendas dañadas y miles de vecinos obligados a abandonar sus hogares. Entre los municipios afectados se encontraban diez pertenecientes a la diócesis de Getafe: Aldea del Fresno, Cadalso de los Vidrios, Cenicientos, Chapinería, Colmenar del Arroyo, Navas del Rey, Pelayos de la Presa, Rozas de Puerto Real, San Martín de Valdeiglesias y Villa del Prado. En el conjunto de la Sierra Oeste, el fuego afectó a 17 municipios y a unas 27.000 hectáreas.
La emergencia comenzó el 22 de julio, cuando un incendio originado en Almorox (Toledo) avanzó hacia Villa del Prado. A este foco se sumó otro declarado en San Martín de Valdeiglesias después de que un vehículo ardiera en la M-501. En pocas horas, las llamas avanzaron por el suroeste madrileño y obligaron a evacuar o confinar a miles de personas. En los primeros momentos llegaron a estar afectadas más de 50.000 personas entre evacuados y confinados.
Sacerdotes junto a los vecinos en los momentos más difíciles
Ante la emergencia, la respuesta de la diócesis fue inmediata. Desde el primer momento el obispo Mons. Ginés García Beltrán trasladó su apoyo y preocupación a los afectados
«Que no nos apaguemos cuando se apague lo mediático, sino que sigamos ahí cerca, cercanos a los demás, para ser una mano amiga, un rostro fraterno», señaló el obispo, que reclamó también que la Iglesia acompañara a los afectados material y espiritualmente durante los meses posteriores.
Unos días después, el 2 de agosto, García Beltrán acudió personalmente a Villa del Prado, una de las localidades más castigadas, donde visitó las zonas afectadas antes de presidir la eucaristía en la iglesia de Santiago Apóstol. Allí agradeció la labor de bomberos, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Ejército, Policía Local, Protección Civil, autoridades y vecinos, y puso en valor la solidaridad mostrada durante la emergencia.
Por su parte, el auxiliar, Mons. José María Avendaño, permaneció en contacto con los arciprestes y sacerdotes de las zonas arrasadas o cercadas por el fuego y se trasladó hasta alguno de los polideportivos habilitados para acoger a los desalojados para interesarse personalmente por su situación.
También el vicario general, Javier Mairata, y el vicario para la Caridad y la Pastoral Social, Aurelio Carrasquilla, siguieron la evolución de la situación para atender las necesidades de los vecinos y conocer de primera mano las preocupaciones que les trasladaban los sacerdotes. Estos, habilitaron lugares de acogida donde fue posible y acompañaron a los evacuados en los polideportivos haciendo presente al mismo Cristo en medio del sufrimiento.
Acompañar y reconstruir
La diócesis comenzó a preparar la fase posterior al incendio incluso antes de que terminara la emergencia. El 27 de julio, el obispo auxiliar presidió una reunión con responsables de Cáritas, Pastoral Social, Migraciones, Ecología Integral y sacerdotes de las zonas afectadas para evaluar los daños y organizar la respuesta.
El obispo de la diócesis, Ginés García Beltrán, convocó a todos los párrocos de las localidades afectadas para conocer las necesidades y conocer su experiencia esos días.
La respuesta se planteó más allá de la emergencia. Cáritas diocesana, junto con Cáritas Española, comenzó a preparar un plan para atender las necesidades que fueran surgiendo; la Delegación de Migraciones asumió la organización del voluntariado y la Delegación de Ecología Integral empezó a estudiar los materiales y recursos necesarios para el regreso de los vecinos.
Entre las actuaciones previstas figuraba la creación de equipos de voluntarios para colaborar en la limpieza de viviendas y espacios públicos una vez finalizada la emergencia, así como una coordinación entre alcaldes, sacerdotes y diócesis para contribuir a la recuperación de los municipios.
