Habla el párroco de Cenicientos: En estos días trágicos, "he hecho de sacerdote, amigo y consejero"
El 25 de julio, el párroco de cenicientos, Juan Pablo Flores Álvarez, se encontraba celebrando un bautizo en la parroquia San Esteban Protomártir cuando recibió la inminente orden de evacuación
(Diócesis de Getafe).- La tarde del 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, la tranquilidad de Cenicientos se vio interrumpida. El párroco, Juan Pablo Flores Álvarez, originario de Venezuela, se encontraba celebrando un bautizo en la parroquia San Esteban Protomártir cuando recibió la inminente orden de evacuación. Tal como relata el propio sacerdote, «lo primero que pensé fue en el Santísimo». Ante la urgencia, explica que «entre los nervios y la corredera», al intentar apagar el cirio pascual de forma apresurada se dio «un baño con la cera derretida». Sin dudarlo, subió inmediatamente a tocar las campanas utilizando el repique tradicional para alertar a todos los habitantes del municipio.
Antes de abandonar su hogar, la mirada del sacerdote se dirigió a los más indefensos. Tras asegurarse de que su madre estaba bien y revisar los templos, su preocupación fueron los enfermos y ancianos. Según recuerda emocionado, pensó en los más frágiles: «Me acordé de los abuelos, las personass mayores a las que les llevo la comunión, que sé que hay dos que están solas, y me fui donde ellas para saber cómo estaban».
Refugio espiritual en el exilio
El traslado se realizó en autobuses interurbanos hacia un polideportivo de Majadahonda. Al llegar, Juan Pablo se encontró con una comunidad desolada donde «la gente empezaba a llorar, deprimida», buscando su consuelo: «Padre, necesito hablar con usted». Como relata el sacerdote, muchos no sabían qué hacer ni tenían dónde ir. «La gente venía a llorar sobre mi hombro», recuerda conmovido. En ese momento de crisis, explica que su labor principal fue «ser consejero, psicólogo, sacerdote, guía espiritual, amigo, apoyo». Ademas, «yo también estaba pasando por lo mismo que el pueblo». Posteriormente, la diócesis se movilizó para acoger a los suyos, y el vicario general y moderador de la curia, Javier Mairata, acudió a recoger al párroco y a su madre para alojarlos en las instalaciones del Centro de Orientación Familiar (COF) en Boadilla del Monte.
Una comunidad unida en la oración y la esperanza
Aunque las llamas no han arrasado el municipio, la ceniza y el humo mantienen a los vecinos a la espera del regreso. Sin embargo, esta tragedia ha fortalecido la comunión a través de los mensajes telefónicos diarios. Juan Pablo confiesa que «nunca había sucedido algo tan tremendamente increíble de miedos, de tristezas, pero también de esperanza». Destaca con orgullo que durante estos días «la gente ha acudido mucho a la oración», concluyendo que toda esta difícil prueba «nos ha unido más, nos ha hecho rezar más y ha aumentado la esperanza» entre todos los feligreses de Cenicientos.
Esta tragedia nos ha unido más, nos ha hecho rezar más y ha aumentado la esperanza
