La Iglesia de Madrid envía a 14 misioneros a "caminar con los últimos sin hacer ruido"

En el Día del Misionero Diocesano, 14 misioneros han recibido la cruz que les recuerda que son enviados a llevar el anuncio de que Cristo ha resucitado

Misa de envío de misioneros
Misa de envío de misioneros | Archimadrid
Luis Miguel Modino
18 may 2026 - 19:03

(Archimadrid).- La misión es un elemento importante en la vida de la Iglesia de Madrid. Una dimensión que cobra especial importancia en la Solemnidad de la Ascensión del Señor, cuando se celebra el Día del Misionero Diocesano. En este día, «la Iglesia en Madrid recuerda a los que han dejado todo por llevar el Evangelio a los lugares donde la fe no está implantada o los cristianos no tienen medios para vivir su fe», como recordaba el delegado de Misiones, el diácono Manuel Cuervo, en la Eucaristía celebrada en la Catedral de la Almudena, presidida por el vicario de Pastoral, José Luis Segovia.

Llevar la alegría de la Pascua

«Son nuestros misioneros: sacerdotes, religiosas y religiosos, seglares, incluso familias enteras, que, dejando su vida estable y segura en Madrid, han oído el mandato del Señor», señalaba el delegado de Misiones. Movidos por «un gran amor a Dios y a los más necesitados han ido donde la Iglesia les ha enviado a llevar la alegría de la Pascua», decía Manuel Cuervo.

En esta celebración, como es costumbre a lo largo de los años, 14 misioneros han recibido la cruz que les recuerda que son enviados a llevar el anuncio de que Cristo ha resucitado y quiere encontrarse con todos los hombres. Han recibido su envío en un día que el vicario de Pastoral ha definido como «el comienzo de una nueva presencia». Cristo entrega el mundo a los discípulos misioneros.

Más de 500 misioneros en 84 países

Un día para recordar «a tantos madrileños que han sido enviados a tierras de misión, y que al mismo tiempo le pidamos al buen Dios, siga suscitando vocaciones misioneras en nuestros jóvenes», afirmó José Luis Segovia, que recordó a «esos más de 500 hombres y mujeres, sacerdotes, religiosos, religiosas, contemplativos, contemplativas, seglares también, de diversas instituciones, congregaciones, institutos, carismas de la Iglesia que hacen presente la buena noticia de Dios en 84 países de todos los que continentes».

Comentando el texto de los Hechos de los Apóstoles leído en la primera lectura, que ve como un programa de vida, hizo ver que «Jesús no promete el poder, ni prestigio, ni seguridades, ni siquiera, y eso seguro que a todos nos fastidia un poco más, no nos promete el éxito, nos promete el Espíritu y nos encomienda la misión». Y les llama a no quedarse detenidos en el recuerdo, sino a volver a la vida, caminar, anunciar, servir, pues «eso es la esencia del ser misionero porque un misionero es el que ha dejado de mirar al cielo para empezar a descubrir que en cierta medida cachitos de cielo comienzan ya cuando el Evangelio, toca la tierra: cuando una persona es escuchada, cuando una comunidad recibe educación, cuando un enfermo es cuidado, cuando se recupera la esperanza, cuando a los pobres se les anuncia la noticia del Evangelio».

En palabras de José Luis Segovia, «la historia de nuestra Iglesia está llena de hombres y mujeres que tomaron en serio este mandato de Jesús», citando ejemplos diversos de las labores de los misioneros, que más allá de actitudes heroicas, destacan por «tratar de parecerse a Jesús y transparentar su esperanza, caminar con los últimos, vivir con sencillez evangélica, sin hacer ruido». Algo que interpela a todos, también a los no creyentes, que se admiran ante la misión cuando es vivida con radicalidad, pues «expresa como nada ni como nadie el amor, la generosidad y la gratuidad que son atributos de nuestro buen Dios», enfatizó.

Sembrar gratuitamente

Una misión en la que el verdadero protagonista es Dios mismo. «El misionero no conquista nada, simplemente siembra gratuitamente, no impone, solo propone, no busca admiración ni reconocimiento, tan solo anhela que Cristo sea conocido y amado», afirmó José Luis Segovia. El misionero, dijo, no es francotirador, sino enviado por su Iglesia, como ha sido realizado en esta celebración. Misioneros en quienes se difunde «la presencia silenciosa de Dios», en quienes se hace realidad la llamada de San Pablo VI a ser testigos y no solo maestros. «Porque el testigo no habla solo de ideas, habla de lo que vive. Un testigo lleva en su mirada la experiencia y la vida. Por eso los misioneros sois precisamente eso, personas que habéis experimentado que Cristo merece la pena y queréis compartirlo apasionadamente con los demás», recordó.

Un Día del Misionero Diocesano en el que la Iglesia de Madrid ha querido «recordar a tantos misioneros silenciosos y discretos, a esas religiosas que sostienen escuelas y dispensarios en lugares de extrema pobreza, a sacerdotes que viven durante años en aldeas remotas acompañando comunidades pequeñas y olvidadas, tantos laicos que entregan su tiempo y su profesión para servir en tierras de misión, a familias, a quienes arriesgan la vida en países marcados por la violencia o la persecución», en palabras de José Luis Segovia. El vicario de Pastoral los ve como «una de las formas más bellas del Evangelio vivido», como «los mejores embajadores de Dios».

La fuerza humilde del Evangelio

José Luis Segovia recordó a los cristianos perseguidos, algo que no evita que «la fe siga creciendo en aquellos lugares donde parecería naturalmente destinada a desaparecer. Porque el Evangelio tiene una fuerza humilde pero absolutamente imparable». Del mismo modo insistió en la necesidad de que todos los bautizados se sientan misioneros, de entender que «la fe no es para guardarla, sino para compartirla. El Evangelio no es un tesoro privado, sino una riqueza que es buena noticia universal abierta a todos». Definió a los grandes misioneros de la Iglesia como «personas profundamente enamoradas de Jesús», que «sabían que no llevaban solo una tradición religiosa, sino una presencia viva, la del Resucitado y ascendido junto al Padre, que asegura la victoria de la vida plena en Cristo sobre el mal, el pecado y la muerte. Por eso la Ascensión no es una fiesta de evasión, es una fiesta de envío».

Y es que «Cristo no se ha ido lejos. Ahora está presente en todos los lugares donde el amor vence al odio, donde la verdad supera a la mentira, donde algún misionero entrega su vida por los demás». Desde ahí invitó a pedir por «todos los misioneros, especialmente por nuestra diócesis y, singularmente, por quienes vais a ser enviados en misión. Por quienes anuncian en el Evangelio lugares difíciles, por quienes viven el cansancio, enfermedad o soledad, por quienes ya han dado la vida por Cristo». Para ello llamó, siguiendo el lema de la jornada, a dar gracias de corazón a Dios por todos ellos, pidiendo la intercesión de María, estrella de la evangelización.

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