Ignacio Ozores Puig, el sacerdote más joven de CONVIVIUM: "Va a ser una experiencia en la que todos ganemos"
A Ignacio Ozores Puig CONVIVUM le pareció una convocatoria más "y ya veremos". Pero conforme pasaban las semanas, se le fue colando el deseo de juntarse con el resto de curas de la diócesis, con el obispo…
(Archimadrid).- Como a los 1.500 curas de la diócesis con encargo pastoral convocados a CONVIVIUM, a Ignacio Ozores Puig le llegó la invitación para esta gran Asamblea Presbiteral del 9 y 10 de febrero hace ya unos meses. Le pareció una convocatoria más «y ya veremos». Pero conforme pasaban las semanas, se le fue colando el deseo de juntarse con el resto de curas de la diócesis, con el obispo, «y ver qué sacerdote necesita Madrid».
Y se ha ido ilusionando con esta ocasión (de hecho, es uno de los autores del himno oficial), que será un «signo muy visible de la comunión de los sacerdotes», en la diversidad, como ha quedado tan de manifiesto en las preasambleas de sacerdotes que se han desarrollado estas últimas semanas en el Seminario Conciliar de Madrid por franjas de edad de ordenación.
Una diversidad que es incluso generacional. Ignacio, que con 26 años es el sacerdote más joven que participará en CONVIVIUM, vive en primera persona esta pluralidad: en su parroquia, el Espíritu Santo y Nuestra Señora de la Araucana, están él, ordenado en 2024, su párroco, Ignacio Loriga, que ha cumplido los 25 años de sacerdocio, y José Ignacio Pacheco, de 85 años. «Para mí poder hablar con él [Pacheco], ver cómo celebra la Misa, cómo se desenvuelve en el ministerio, es un regalo enorme».
Por eso, de CONVIVIUM, afirma que «va a ser una experiencia en la que todos ganemos; creo que los sacerdotes que llevan más tiempo viviendo el ministerio nos pueden enseñar a los más jóvenes qué significa la fidelidad, la madurez, una consagración después de tantos años de vida». Y a su vez, las generaciones más jóvenes de sacerdotes «venimos con muchísima ilusión, con un deseo muy grande entregarlo todo, y nosotros también podemos generar ese aliento».
Así, en la Asamblea Presbiteral encajarán «la ilusión y el empuje de las generaciones jóvenes de sacerdote con la madurez y experiencia de sacerdotes que llevan tantísimos años entregando la vida».
Una llamada a la fraternidad sacerdotal
Y enlazado con la comunión sacerdotal está el tema de la fraternidad sacerdotal. Esto, reconoce Ignacio, le costaba más al principio, porque él entiende muy bien que se cuide a quien uno quiere, «pero siempre me ha costado el concepto de vivir esa comunión con quien quizá lo único que comparto es el ministerio». «Pero cuando uno va entrando en lo que significa ser sacerdote, va oliendo y entiende que la realidad sacramental está por encima de una afinidad personal».
En definitiva, «hay una comunión que no depende tanto de una afinidad y unos gustos compartidos, sino de un Amor en el que uno vive y entrega su vida». El sacerdocio se comparte «independientemente de la historia de cada uno» y en el lugar «donde todo converge, que es Jesús».
Misa en la catedral para toda la diócesis
De los trabajos previos a CONVIVIUM, los que se llevaron en consejos pastorales, vida religiosa, realidades eclesiales y arciprestazgos antes de Navidad, se extrajo una conclusión clara, y es que el pueblo de Dios, aunque les lanza retos, quiere a sus sacerdotes. «Es super real», subraya Ignacio. «Cada parroquia, cada barrio, tiene una forma concreta de cuidar», pero en todos aprecia en la gente el sentido de que «cuando uno cuida, está cuidado también».
Este pueblo de Dios está invitado a la celebración de una solemne Eucaristía en la catedral de la Almudena, el lunes 9 de febrero a las 19:30 horas, primero de CONVIVIUM. «La comunión que Jesús quiere para nosotros es una comunión en Él; no se puede entender una comunión sin un amor común». Y CONVIVIUM «no deja de ser un encuentro entre nosotros». Así, «poder compartir todos la Eucaristía en la catedral, que es como la iglesia madre», para celebrar y dar gracias, ellos como sacerdote y «el pueblo de Dios en torno a esos sacerdotes», es algo que «pude ser precioso».
Sobre todo, añade, para entender que la fe de uno, o la experiencia de Iglesia de uno, no depende de un sacerdote, sino de un sacerdocio». Y ese sacerdote «puede ejercer su ministerio porque vive en un sacerdocio». En realidad, concluye, «la persona que ha encontrado en el sacerdote el consuelo, la cercanía, la sonrisa o el abrazo, en realidad lo que ha encontrado es el abrazo de Jesús».
