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Misa de desagravio en Noia: El arzobispo de Santiago de Compostela pide responder con fe y sin odio a la profanación del sagrario

Francisco José Prieto explicó que el desagravio cristiano suponía unirse al amor de Cristo y responder con amor allí donde había habido rechazo, sin permitir que el dolor alimentara el resentimiento

Misa en la Iglesia de San Martiño de Noia

(Archicompostela).- La iglesia de San Martiño de Noia celebró una misa de reparación y desagravio después de que cinco personas entraran en el templo y sustrajeran dos copones de plata que contenían formas consagradas. El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández, presidió la Eucaristía, celebrada a las 20.30 horas, y llamó a responder a lo sucedido con fe, oración y comunión, alejando cualquier sentimiento de venganza.

El robo se produjo el lunes día 7, cuando no había nadie en el interior de la iglesia. Los autores abrieron el sagrario y se llevaron los dos recipientes, que estaban preparados para la comunión de una misa que iba a comenzar poco después.

Más allá del valor material de las piezas de plata, el párroco de San Martiño, José Ortoño, expresó su preocupación por la sustracción de las formas consagradas.

Una llamada a responder con fe y sin odio

Durante la homilía, Mons. Francisco Prieto planteó cómo debía responder un cristiano cuando resultaba herido aquello que más amaba. Descartó el odio y la revancha y resumió la respuesta en una invitación: «Más fe, más adoración, más amor».

El arzobispo explicó el dolor que la profanación había causado en la comunidad desde el significado de la Eucaristía para los creyentes. Recordó que no se trataba de un mero símbolo religioso ni de un objeto sagrado entre otros, sino de la presencia real de Cristo y del centro de la vida de la Iglesia.

A partir de las palabras de san Pablo sobre el único pan que reunía a muchos en un solo cuerpo, señaló que la reparación debía ir más allá de restaurar exteriormente lo profanado. Invitó a los fieles a dejarse renovar interiormente por la Eucaristía y a fortalecer la comunión entre ellos.

También pidió rezar por quienes habían cometido la profanación y por su conversión. Explicó que el desagravio cristiano suponía unirse al amor de Cristo y responder con amor allí donde había habido rechazo, sin permitir que el dolor alimentara el resentimiento.

El cuidado de la Eucaristía y de la comunidad

La celebración incluyó una invitación a revisar la manera de vivir la fe. El arzobispo animó a los presentes a preguntarse con qué disposición acudían a misa, cómo participaban en ella y qué lugar ocupaban la adoración, el silencio y la acción de gracias en sus vidas.

Exhortó a la parroquia a redescubrir el sentido de la presencia de Cristo en el sagrario y expresó el deseo de que aquel momento doloroso despertara una fe más profunda y un mayor cuidado de la Eucaristía. Pidió que la tristeza y la indignación no endurecieran los corazones ni encerraran a la comunidad en su dolor.

En la parte final de su homilía, agradeció el trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad y apeló a la responsabilidad compartida en el cuidado de las personas, de los templos y del patrimonio recibido de las generaciones anteriores.

Mons. Francisco Prieto alentó a los fieles de San Martiño a mantener ese compromiso en la vida cotidiana de la parroquia, más allá de lo sucedido, y a afrontar la herida desde la oración, el perdón y la cercanía entre unos y otros.

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