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Omella bromea sobre el secreto de su relevo: "Por eso soy obispo y cardenal"

El arzobispo de Barcelona preside por última vez la inauguración del curso del Ateneu Sant Pacià

Omella conversa con Planellas, con Dani Palau y Octavi Vilà detrás | Flama

La jornada de inauguración del curso en el Ateneo Universitario Sant Pacià ha comenzado este jueves 8 de octubre con una escena que, quizá más que cualquier discurso, explica el clima con el que se ha puesto en marcha este nuevo curso. Terminada la misa de la mañana en la iglesia del Seminario Conciliar de Barcelona, los obispos catalanes han ido saliendo y se han detenido a hablar con algunos de los 60 seminaristas de las diócesis catalanas.

La imagen tenía cierta fuerza por su sencillez. Se veía a prelados conversando con sus aspirantes a sacerdotes, hablando con naturalidad, sin prisas, antes de dirigirse hacia el acto académico. Saludos, comentarios, sonrisas y alguna carcajada dibujaban una escena de cercanía, casi familiar.

El obispo de Sant Feliu, Xabier Gómez, con un grupo de seminaristas. | Agencia Flama

No había una separación marcada entre unos y otros. Los obispos estaban allí, entre los suyos, conversando distendidamente con los jóvenes que se preparan para el ministerio sacerdotal. En un día que formalmente da inicio al curso académico de la principal institución académica de la Iglesia catalana, esta estampa de pastores, profesores y estudiantes hablando distendidamente resultaba especialmente significativa.

También los obispos se han mostrado relajados en medio de un ambiente general marcado por la serenidad. Una atmósfera agradable, sin excesos protocolarios, que ha dejado ver la dimensión más humana de la jerarquía eclesial catalana.

El sacerdote barcelonés Antoni Matabosch conversa con el arzobispo emérito de Urgell, Joan-Enric Vives. | Agencia Flama

Jornada marcada por la expectación

Inevitablemente, sin embargo, sobre la jornada ha planeado el inminente relevo del cardenal Juan José Omella y el futuro del arzobispado de Barcelona. Una realidad que ha formado parte del ambiente, de las conversaciones y de las miradas, aunque no fuera necesario convertirla en el centro de la jornada ni alimentar el ruido mediático que a menudo acompaña estos procesos.

No ha habido necesidad de entrar en debates estériles ni en el juego de poner nombres sobre la mesa. La cuestión está presente, pero el curso del Ateneo Sant Pacià ha comenzado sin necesidad de transformar una inauguración académica en un ejercicio de conjeturas.

Lo que sí parece claro es que esta será la última inauguración de curso de Omella como arzobispo de Barcelona. Y el propio cardenal lo ha dicho espontáneamente al comenzar su discurso, sin revestirlo de una solemnidad especial y con aquella desenvoltura que forma parte de su estilo.

Subiendo la escalera, entre confidencias

Mientras subía la escalera que da acceso al Aula Magna, el cardenal conversaba con algunos de sus hombres de confianza de la curia. La conversación tenía ese punto inevitable de expectación que acompaña estos días a la Iglesia de Barcelona. Entre comentarios y complicidades, aparecía la pregunta de si «ya se sabe» o «no se sabe». Omella lo dejaba caer con una aparente distancia, como si él mismo se desentendiera de la cuestión y contemplara los acontecimientos con cierta ironía.

Pero, una vez dentro del Aula Magna, la situación adquiría otra dimensión. Los obispos ocupaban las primeras filas y el auditorio esperaba el discurso de inauguración. Y Omella, en lugar de esquivar las expectativas, optaba por una fórmula muy suya: el humor, la ocurrencia ingeniosa del cura de pueblo que acabó siendo llamado a ejercer las más altas responsabilidades dentro de la Iglesia católica.

«Ahora pensaréis: y usted no da ninguna noticia»

Al comenzar su discurso, Omella ha hecho reír varias veces al auditorio en menos de dos minutos. También a los obispos sentados en la primera y segunda fila. Que un cardenal consiga provocar carcajadas tan rápidamente en un auditorio de estas características tiene su mérito.

«Ahora pensaréis: y usted no da ninguna noticia», ha dicho. La frase ha sido un guiño directo a la expectación que rodea estos días al arzobispado de Barcelona. El cardenal sabía perfectamente qué estaba pensando el auditorio y lo ha convertido en una complicidad compartida.

«Si hablo, bien; y si no, mal». Con esta otra consideración, Omella ha jugado con la situación sin alimentar ninguna especulación concreta. La sonrisa de los presentes ha sido la respuesta inmediata a una manera de abordar un asunto delicado sin convertirlo en una cuestión solemne.

Después ha aparecido la cuestión de si lleva hábito o no. También ha hecho referencia a la pregunta inevitable que acompaña estos días las conversaciones sobre el futuro: «¿Será de aquí o de fuera?». La intervención ha sido recibida con aplausos.

Los de Cretas y los periódicos

Omella también ha llevado a su discurso improvisado una nota más personal, vinculada a sus orígenes. Ha comentado que los de su pueblo, Cretas, le dicen que allí llega La Vanguardia «y poca cosa más». Sus paisanos, ha dicho, le llaman y le dicen que cada día sale en los periódicos.

El episcopado catalán ha ocupado las primeras sillas de un auditorio lleno hasta los topes. | Agencia Flama

«Mira que tienen ganas de tocar las narices», ha añadido el cardenal, manteniendo el registro distendido. La naturalidad con la que ha ido pasando de un comentario a otro ha hecho que la cuestión del relevo, en lugar de convertirse en un momento tenso, quedara integrada en una escena casi de conversación familiar.

Y todavía ha habido otra frase, de aquellas que explican bien al personaje. «Es usted muy secreto», le dicen, según ha explicado. La respuesta de Omella ha sido inmediata: «Pues por eso soy obispo y cardenal».

El secreto como complicidad

La escena ha dejado una impresión concreta. Como era previsible, Omella no ha dado ninguna noticia sobre su futuro ni ha entrado en el terreno de las especulaciones, pero tampoco ha ignorado la expectación que existe alrededor de su sucesión.

Ha preferido reírse de ello, jugar con las preguntas y asumir con naturalidad que cualquier movimiento suyo es observado. En menos de dos minutos ha conseguido que un asunto que podría haber sido rígido y solemne se convirtiera en un momento de complicidad, risas y aplausos del auditorio.

El obispo de Girona, fray Octavi Vilà, con la religiosa del Sagrado Corazón Margarita Bofarull. | Agencia Flama

Y quizá esta sea la mejor manera de leer el ambiente de la jornada: no tanto desde las respuestas que no se han dado, sino desde las actitudes. Los obispos hablando con sus seminaristas a la salida de misa; los pastores conversando entre ellos; Omella subiendo la escalera con sus hombres de confianza; las sonrisas en el Aula Magna.

El relevo llegará cuando tenga que llegar. Este jueves, sin embargo, el curso del Ateneo Sant Pacià ha comenzado de otra manera: con obispos transparentes, conversaciones sin prisas y buen ambiente. Y con Juan José Omella recordando, con una naturalidad muy suya, que a veces el mejor secreto es saber convivir con la pregunta.

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