Omella: "Javier Osés iba recogiendo esa oveja más lenta, más perdida, y era al ritmo de los más pobres y sencillos"

"Yo capté esa imagen de que él iba detrás de los que más cojeaban, de los que más dificultad tenían, de los que no entendían muchas cosas de la iglesia o del evangelio", confiesa el cardenal de Barcelona, presente en el homenaje de la diócesis de Huesca a quien fue su pastor

Javier Osés
Javier Osés | captura de pantalla/HA

Veinticinco años después de su muerte, el espíritu de Javier Osés sigue muy vivo en la diócesis de Huesca, esa que se pateó a lo largo de las décadas, dejando un poso adelantado de esa Iglesia de la sinodalidad que planteó Francisco para toda la Iglesia. Esta tarde, en Huesca, sus compañeros, discípulos y el santo pueblo de Dios acompañará el homenaje de quien, en palabras del cardenal de Barcelona, Juan José Omella, "fue un obispo de todos, un pastor con olor a oveja".

"Don Javier fomentó un diálogo cordial de hermano a hermano", centrándose especialmente en los más vulnerables, ha explicado Omella en los micrófonos de Cope. "Yo capté esa imagen de que él iba detrás de los que más cojeaban, de los que más dificultad tenían, de los que no entendían muchas cosas de la iglesia o del evangelio. Y él iba recogiendo esa oveja más lenta, más perdida, y era al ritmo de los más pobres y sencillos", ha afirmado.

Y es que, según Omella, Osés era "un cura de pueblo, hecho obispo", un verdadero pastor con olor a oveja. "Su disposición a escuchar a la gente en la calle y a estar siempre disponible lo definía como el verdadero pastor", recalcó el purpurado, quien confesó cómo su estilo de gobierno fue un claro antecedente de lo que el Papa Francisco promovió como sinodalidad.

Osés "contaba mucho con los seglares, contaba mucho con la gente. Él escuchaba, él preguntaba, y después él, evidentemente, decidía, pero le ayudaban a discernir, le ayudaban a decidir", recalcó, señalando que el obispo recorría "por todas las carreteras, por todos los pueblos, aunque no le llamaran, e iba allí a celebrar misa el domingo si no tenían el cura".

Esta vocación itinerante le permitió conocer a la gente por "nombres y apellidos" y contar historias de cada lugar, mostrando siempre una faceta cercana y amable. Tanto es así, que Omella lo calificó como un "navarrico gracioso, pícaro", pero con una "mirada de pícaro cariñoso".

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