Pedro Aguado: "Ante tan distintas maneras de pensar, san Lorenzo ofrece una oportunidad para disfrutar de algo que une"
Huesca ha celebrado este lunes 10 de agosto la solemnidad de su patrón, san Lorenzo, con la tradicional procesión y la solemne misa pontifical en la basílica dedicada al mártir oscense. El obispo de Huesca y de Jaca, el padre Pedro Aguado Cuesta, ha presidido la eucaristía
(Miguel Barluenga/Iglesia en Aragón).- Huesca ha celebrado este lunes 10 de agosto la solemnidad de su patrón, san Lorenzo, con la tradicional procesión y la solemne misa pontifical en la basílica dedicada al mártir oscense. El obispo de Huesca y de Jaca, el padre Pedro Aguado Cuesta, ha presidido la eucaristía, que ha copresidido el obispo de Málaga, monseñor José Antonio Satué Huerto, en una jornada marcada por la devoción al patrón y por la participación de las instituciones, cofradías, danzantes y numerosos fieles.
A las 9:30 h. partió la solemne procesión desde la basílica de san Lorenzo hasta la catedral con el busto del santo. Los danzantes ofrecieron ante su patrón la viva oración de su dance, acompañados por el clero parroquial, la Real Cofradía de San Lorenzo, la Cofradía del Santo Cristo de los Milagros y San Lorenzo Mártir, la Cofradía de Loreto, las mairalesas, el Ayuntamiento y numerosos devotos. En la catedral se incorporaron a la comitiva el obispo de Huesca y el cabildo catedralicio para regresar posteriormente al templo laurentino.
Ya en la basílica, los danzantes bailaron ante el altar antes del comienzo de la celebración eucarística, que contó con la participación musical de la Coral Oscense, el Coro Ars Nova y el Coro Ars Musicae, bajo la dirección de Elisa Betrán y con el acompañamiento al órgano de Rubén Justes Mozota.
En su homilía, el padre Pedro Aguado Cuesta ha partido de una pregunta que ya había planteado en la víspera de la solemnidad: «Si san Lorenzo nos visitara hoy, estuviera en esta tierra que le vio nacer, ¿qué nos diría?». Para el obispo, la respuesta es clara: el diácono y mártir oscense volvería a hacer aquello a lo que dedicó su vida, «proclamar el Evangelio, es decir, anunciar el reino de Dios y su justicia».El obispo ha dedicado la primera parte de su homilía al anuncio del Evangelio. «Hay un Dios», ha afirmado, un Dios que es Padre, que acompaña y perdona, que es misericordia, justicia y amor; un Dios al que las personas pueden acercarse con confianza y cuyo rostro es el de Jesucristo.
Si san Lorenzo nos visitara hoy, estuviera en esta tierra que le vio nacer, ¿qué nos diría?
Ha insistido especialmente en presentar a Dios como fuente de paz y no de guerra, de perdón y no de venganza, y como refugio de quienes sufren. «Hay un Dios que apuesta por cada uno de nosotros», ha señalado, recordando también que Dios sigue esperando a quienes viven como si Él no existiera.
Para el padre Pedro Aguado Cuesta, esta es una de las grandes noticias del Evangelio: todos pueden acercarse a Dios y descubrirlo, porque el ser humano no tiene por sí mismo todas las respuestas ni puede convertirse en el centro de todo. «Hay un Dios que es más grande que tú y que yo», ha afirmado.
En este camino, Jesucristo es «camino, verdad y vida». El encuentro con Cristo, ha explicado, transforma la existencia y abre nuevos horizontes. Eso fue precisamente lo que sucedió en la vida de Lorenzo.
El obispo ha recordado que el corazón humano conserva una «nostalgia de infinito, de plenitud, de respuestas, de sentido». Y ha situado esa búsqueda en el centro del mensaje evangélico, recordando el pasaje en el que los discípulos preguntan a Jesús si es Él quien tenía que venir. La respuesta de Cristo se encuentra en sus obras: los ciegos ven, los cojos andan, los enfermos quedan limpios y a los pobres se les anuncia la buena noticia de la salvación.
«Esto es el Evangelio. Esto es lo que Cristo vino a anunciar», ha subrayado.
Y este anuncio tiene una consecuencia concreta: el amor a Dios y al prójimo. El obispo ha recordado el doble mandamiento de Jesús -amar a Dios con todo el corazón, la mente y las fuerzas, y al prójimo como a uno mismo- para señalar que el Evangelio es «tan maravilloso como comprometedor», «tan portador de paz como de inquietud» y «tan pleno de respuestas como de preguntas nuevas».
San Lorenzo y los pobres como "verdaderos tesoros de la Iglesia"
La segunda parte de la homilía se ha centrado en la figura del patrón de Huesca. El padre Pedro Aguado Cuesta ha recordado que, según la tradición, san Lorenzo nació en Huesca y fue uno de los siete diáconos de Roma, donde murió mártir el 10 de agosto del año 258.
Como diácono, Lorenzo tenía entre sus responsabilidades la administración de los bienes de la Iglesia y la atención a los pobres. Durante la persecución del emperador Valeriano, tras el martirio del papa Sixto II, el prefecto de Roma le exigió que entregara las riquezas de la Iglesia.
Lorenzo pidió tres días y aprovechó ese tiempo para distribuir entre los pobres buena parte de los bienes de la Iglesia. Cuando llegó el momento de presentarse ante el prefecto, acudió acompañado de personas pobres, enfermas, ciegas, leprosas y necesitadas. «Estos son los verdaderos tesoros de la Iglesia», ha recordado el obispo que respondió el diácono.
Para el padre Aguado Cuesta, este episodio mantiene plena actualidad y constituye uno de los grandes mensajes que San Lorenzo ofrece a la Iglesia y a la sociedad. Su ejemplo, ha señalado, ayuda a acercarse a quienes sufren la soledad, la precariedad laboral y económica, la falta de vivienda, la enfermedad o la ausencia de horizontes.
Cuando el necesitado deja de ser un número y se convierte en un alguien, la respuesta es distinta
«Los pobres, tesoros de la Iglesia», ha resumido.
El obispo ha invitado a recuperar el sentido profundo de la palabra «recordar», vinculada al latín recordare, «pasar por el corazón». Recordar a san Lorenzo no consiste únicamente en mantener viva una tradición, sino en dejar que su historia transforme la mirada sobre los demás.
«Cuando el necesitado deja de ser un número y se convierte en un alguien, la respuesta es distinta», ha afirmado. Por eso, el recuerdo del mártir oscense debe ayudar a los cristianos a vivir «la serena inquietud» propia de quienes desean hacer realidad el Evangelio.
San Lorenzo, punto de encuentro para Huesca
La última parte de la homilía ha estado dedicada a las fiestas que comienzan. El obispo ha deseado a todos los oscenses y visitantes unas fiestas llenas de «alegría, paz, encuentro de amigos y de familia», invitando especialmente a quienes llegan de otras localidades a sentirse acogidos en la ciudad.
En una sociedad «en la que hay tantas maneras de pensar diferentes», ha señalado, las fiestas de San Lorenzo ofrecen una oportunidad para disfrutar de algo que une. «No hay ninguna duda de que San Lorenzo es un punto de unión para todos los oscenses», ha afirmado, animando a vivir las fiestas «con respeto, con sentido de fiesta y unidad».
El obispo ha querido dedicar también un reconocimiento a todas las personas que trabajan durante estos días para que las celebraciones puedan desarrollarse «en paz, seguridad y armonía». Ha mencionado a los profesionales sanitarios, Protección Civil, Cruz Roja, Fuerzas Armadas, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, bomberos, funcionarios, trabajadores de las administraciones públicas, agentes de tráfico, voluntarios, equipos de limpieza y trabajadores sociales, así como a quienes trabajan en los sectores de la hostelería, el comercio, la artesanía y los servicios.
Son, ha destacado, «muchos hombres y mujeres que entregan su tiempo y sus talentos, poniéndolos a disposición de todos» para que la ciudad pueda disfrutar de sus fiestas.
El padre Pedro Aguado Cuesta ha concluido su homilía recuperando la oración con la que comenzó la celebración: «Señor Dios nuestro, encendido en tu amor, San Lorenzo se mantuvo fiel a tu servicio y alcanzó la gloria del martirio». Y ha convertido su petición final en una invitación para toda la comunidad: «Concédenos por su intercesión amar lo que él amó y practicar sinceramente lo que nos enseñó».
