Prieto: "La Iglesia debe abrir más puertas y examinar qué bienes podemos poner al servicio de quienes necesitan un hogar"
"La pregunta por el patrimonio de la Iglesia es legítima, y nos corresponde responder con transparencia y con hechos", señala el arzobispo de Compostela en entrevista con RD, porque "tener bienes implica también la responsabilidad de revisar su uso a la luz de las necesidades de las personas". Él acaba de 'movilizar' 800 casas rectorales como posibles viviendas de emergencia.
"Nos ha movido la realidad de las personas y familias que no encuentran una vivienda digna o que, al perderla, ven cómo se vuelve inestable toda su vida". Así explica en conversación con Religión Digital el arzobispo Francisco José Prieto el convenio de colaboración recién firmado entre el Arzobispado de Santiago de Compostela, Cáritas Diocesana y el Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia para "identificar, estudiar, rehabilitar y poner en uso inmuebles de titularidad eclesiástica susceptibles de convertirse en recursos residenciales para personas y familias en situación de vulnerabilidad".
El punto de partida son las aproximadamente 800 casas rectorales de la archidiócesis, señala el pastor, quien recuerda que esos inmuebles "han sido durante generaciones lugares de encuentro y de servicio a las parroquias, y algunas pueden continuar esa historia convirtiéndose en hogares para quienes atraviesan una situación de dificultad". En pleno debate –y no sólo en España– sobre el problema de la vivienda, sobre todo en las generaciones más jóvenes, Prieto asegura que "darles ese uso es una manera de ser fieles al Evangelio y a la finalidad de los bienes de la Iglesia".
Pregunta.¿Qué le ha movido a impulsar un plan que pueda transformar casas rectorales y patrimonio eclesiástico en viviendas de emergencia?
Respuesta. Nos ha movido la realidad de las personas y familias que no encuentran una vivienda digna o que, al perderla, ven cómo se vuelve inestable toda su vida. Cáritas conoce de cerca esas situaciones y nos ayuda a reconocer dónde hace falta una respuesta concreta. Como Iglesia, tenemos que preguntarnos qué podemos aportar con los recursos de los que disponemos.
R. Muchas casas rectorales han sido durante generaciones lugares de encuentro y de servicio a las parroquias. Algunas pueden continuar esa historia convirtiéndose en hogares para quienes atraviesan una situación de dificultad. Darles ese uso es una manera de ser fieles al Evangelio y a la finalidad de los bienes de la Iglesia. La colaboración con Cáritas Diocesana y con el Colexio Oficial de Arquitectos de Galicia nos permite abordar esa tarea con acompañamiento social y rigor técnico.
P.Está aún en fase inicial, pero ¿podría darse una cifra de cuántos inmuebles podrían formar parte de este plan y a cuántas personas podría beneficiar?
R. Así es: estamos en una fase inicial. Todavía no podemos dar una cifra de los inmuebles que finalmente se incorporarán ni de las personas que podrán beneficiarse. El punto de partida son las aproximadamente 800 casas rectorales de la archidiócesis, cuyo potencial queremos estudiar. Eso no significa que todas estén disponibles o que todas puedan destinarse a vivienda social. Habrá que valorar su uso actual, su estado, su ubicación, las obras necesarias para su rehabilitación y la posibilidad de ofrecer un acompañamiento adecuado.
R. Sí contamos con una base concreta: Cáritas Diocesana dispone actualmente de 40 viviendas para fines sociales, con unas 240 plazas. Queremos ampliar progresivamente esa capacidad. Uno de los primeros inmuebles estudiados es la rectoral de Santa María de Luou, en Teo, donde los análisis preliminares apuntan a la posibilidad de acoger hasta once personas, una vez realizadas las actuaciones necesarias. El plan nos permitirá concretar otras posibilidades con datos fiables.
La pregunta por el patrimonio de la Iglesia es legítima, y nos corresponde responder con transparencia y con hechos. Tener bienes implica también la responsabilidad de revisar su uso a la luz de las necesidades de las personas
P.¿Cuándo estiman que podrían estar disponibles ya los primeros inmuebles para acoger a personas en situación de vulnerabilidad?
R. Queremos avanzar cuanto antes, porque sabemos que las necesidades son urgentes. Pero aún no tenemos una fecha que podamos anunciar con garantías. Como he comentado, cada inmueble o casa rectoral requiere un estudio técnico, la definición de las obras, los permisos correspondientes y la financiación necesaria. También hay que preparar cómo se organizará la acogida y el acompañamiento de las personas.
R. El convenio permite coordinar esos pasos y priorizar las actuaciones más viables y con mayor utilidad social. A medida que se concreten los proyectos y sus recursos, podremos ofrecer un calendario fiable. Nuestro compromiso es que el acuerdo se traduzca en hogares disponibles, seguros y adecuados para quienes los necesitan.
P.Se suele achacar a la Iglesia ser uno de los grandes tenedores de patrimonio inmobiliario. Ante la grave crisis habitacional, ¿cree que ha llegado el tiempo de abrir más puertas del patrimonio eclesiástico para ponerlas al servicio de los más necesitados?
R. Sí, creo que debemos abrir más puertas y examinar con responsabilidad qué bienes podemos poner al servicio de quienes necesitan un hogar. La pregunta por el patrimonio de la Iglesia es legítima, y nos corresponde responder con transparencia y con hechos. Tener bienes implica también la responsabilidad de revisar su uso a la luz de las necesidades de las personas.
R. El patrimonio eclesiástico es diverso: hay lugares de culto, espacios de actividad pastoral y social, edificios protegidos e inmuebles que necesitan una rehabilitación importante. Esa realidad exige estudiar cada caso, pero también nos invita a buscar posibilidades nuevas allí donde un edificio ha perdido su uso o está infrautilizado.
R. Este convenio quiere avanzar precisamente en esa dirección y recoger la llamada del papa Francisco a una Iglesia que acoge y se acerca a quienes sufren. Ya hay puertas abiertas a través de Cáritas, y queremos que sean más. Para ello, junto con la vivienda, necesitamos ofrecer escucha, acompañamiento y oportunidades para que las personas puedan recuperar estabilidad y desarrollar su proyecto de vida.