Rufino García Antón: "Ser cura «me posibilita realizar mi ministerio como servicio"
"Mal andaríamos si olvidamos todo lo que hay detrás de la parábola del buen samaritano e ignoramos y miramos para otro lado ante los que están tirados al borde del camino", afirma el delegado de Migraciones de la Archidiócesis de Madrid
(Luis Miguel Modino / Archimadrid).- Rufino García Antón es delegado de la Pastoral de Migraciones de la archidiócesis de Madrid y colabora en la parroquia María Reina y San Buenaventura, en la Vicaría IV. A partir del servicio pastoral que desempeña, afirma que «ser cura en Madrid es un regalo y una gracia. Un regalo y una gracia de Dios y de la diócesis de Madrid, porque me posibilita el realizar mi ministerio como servicio en la construcción de comunidades acogedoras y misioneras».
Insiste en la importancia de la sinodalidad, sobre la que recuerda que el papa León XIV nos hace ver que «no es una estrategia sino una forma de ser Iglesia». Del mismo modo se hace necesario ser «comunidades que salgan al encuentro del que está tirado al borde del camino, sea migrante, sea persona mayor, sola, sea persona sin hogar». Ve su ministerio sacerdotal como una realidad que «me aporta el valor y la riqueza que tiene la acogida», una actitud de acogida que «queremos que esté presente en la Iglesia de Madrid», subraya.
La acogida, una actitud que ha ido menguando en la sociedad actual, también en España, tiene su razón de ser en el hecho de ser seres humanos, pero también en que «es el ADN del Evangelio», reconoce el sacerdote. Desde ahí recalca que «si perdemos de perspectiva, me atrevería a decir que somos poco humanos y cristianos, y por lo tanto tendríamos que entrar en una dinámica de conversión». En una sociedad cada vez más polarizada en torno al fenómeno de la inmigración, se percibe en cierto modo que eso afecta a la vida de las comunidades cristianas. Junto a parroquias que acogen y donde los migrantes son protagonistas activos, «nos queda mucho camino por recorrer en ese sentido y que ciertamente esas actitudes de rechazo al extranjero se dan también en nuestra Iglesia y nuestras comunidades».
En la medida en que las personas se integran y se insertan en la vida de una parroquia y se convierten no en meros destinatarios de la acción evangelizadora o de Cáritas, sino en sujetos evangelizadores ya están aportando una riqueza inmensa», resalta el delegado de Migraciones. Por ello, «si trabajáramos en esa dinámica ganaríamos y ya estamos ganando mucho», insiste el delegado.
La dignidad no termina nunca
La migración tuvo un papel destacado en el viaje del papa León XIV a España, pero Rufino García Antón no duda en decir que «somos frágiles de memoria». Como ejemplo recuerda los siete minutos de aplausos en las Cortes, pero «al día siguiente ya estábamos en las andadas». En ese sentido, recuerda las palabras del Papa en Arguineguín: «la dignidad de las personas no termina cuando se pasa una frontera. La dignidad de las personas se mantiene siempre», lo que reclama en la sociedad y en la Iglesia.
El concepto de dignidad nos lleva al pasaje bíblico del buen samaritano, sobre el que el papa Francisco reflexionaba en Fratelli tutti. Desde ahí, sostiene que «mal andaríamos si olvidamos todo lo que hay detrás de esa parábola y de ignorar y mirar para otro lado ante los que están tirados al borde del camino». Al respecto, recuerda las palabras de León XIV en la misa del Corpus, donde decía que, junto a la importancia de una actitud adoradora de la Eucaristía, debe estar el que nos arrodillemos ante el prójimo que está caído. Considera que ahí tenemos, «una hoja de ruta fundamental los cristianos, y ojalá también las personas de buena voluntad en la sociedad».
Acoger, proteger, promover e integrar
De cara al futuro, pensando en la actitud que nosotros los sacerdotes, la Iglesia católica y la sociedad española deberíamos tener con relación a los migrantes, Rufino García Antón se centra en cuatro verbos que el papa Francisco propuso en una Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado: acoger, proteger, promover e integrar. El delegado de Pastoral de Migraciones resalta que son verbos complementarios y que en la medida en que se asumen no por separado, en ellos hay «una hoja de ruta perfecta para cada persona en particular».
En ese sentido, subraya su convencimiento de que «la conversión es personal y es pastoral, pero también personal». A partir de ahí subraya que «hay una actitud personal de conversión que tenemos que trabajar. Y eso que decimos a nivel personal vale también para la Iglesia y vale también para la sociedad. Yo me daría con un canto en los dientes si camináramos en esa dirección».
Pasos de acogida
Comunidades eclesiales y una sociedad que asuman el acoger, proteger, promover e integrar, es uno de los propósitos de la Delegación de Pastoral de Migraciones. Las palabras de su delegado, Rufino García Antón, nos impulsan para avanzar en un camino en el que todavía nos falta dar pasos.

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