Sanz Montes denuncia en las Siete Palabras de Valladolid que "la inmoralidad sale a chorros" entre los "vendedores de moralina"
La ignorancia no es un atenuante para la responsabilidad personal y social, denunciando que se miente "a mansalva" para salvar "prebendas y gobernanzas"
El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, ha protagonizado este Viernes Santo en la Plaza Mayor de Valladolid el tradicional Sermón de las Siete Palabras, un acto en el que ha reivindicado el "drama de la libertad" frente a lo que ha denominado como "verborrea cínica" y las situaciones de "corrupción" que, a su juicio, marcan la actualidad social y política.
El prelado ha iniciado a las 12.25 horas su intervención desde el púlpito instalado en la emblemática plaza ante miles de personas de todas las edades que se han dado cita en una soleada mañana primaveral para asistir a este acto, al que han invitado a participar pregoneros de la Cofradía de las Siete Palabras que, a caballo, han recorrido previamente las calles de la ciudad.
El Sermón se ha prolongado durante aproximadamente una hora. El prelado, ante todos los pasos de las Siete Palabras que han escoltado al Cristo de las Mercedes, ha analizado las últimas intervenciones de Cristo en la Cruz, vinculándolas con las "luces y sombras" de la historia humana contemporánea.
En su alocución, Sanz Montes ha subrayado que las Siete Palabras constituyen la "apretada síntesis de una donación sin igual" y ha lamentado que, en la actualidad, la sociedad se encuentre a menudo "secuestrada" por palabras vacías y "pretensiones inconfesables".
El orador ha defendido la relevancia de este sermón, iniciado en la ciudad en 1943, como un eco que responde a las "contradicción sórdida" de la humanidad. En su análisis de la primera palabra, el arzobispo ha señalado que la ignorancia no es un atenuante para la responsabilidad personal y social, denunciando que se miente "a mansalva" para salvar "prebendas y gobernanzas".
En este marco, ha criticado a quienes roban con "codicia pendenciera", abusan de los inocentes o relativizan la verdad mediante la "post-verdad" y ha asegurando que la oración de Jesús sigue pidiendo un perdón que "allana" las "altiveces".
Al referirse a la figura del "Buen Ladrón", San Dimas, el prelado ha destacado que éste logró "robar honestamente a Dios" el paraíso a través de un acto de fe y un examen de conciencia. En este punto, ha instado a los fieles a no dejarse distraer por "corrupciones diversas" y a mirar hacia los "santos de la puerta de al lado", personas sencillas que viven el Evangelio en sus circunstancias cotidianas.
Respecto a la presencia de la Virgen María al pie de la Cruz, Sanz Montes ha definido su actitud como un "drama", diferenciándolo de la tragedia o la comedia. Ha explicado que el drama es "libertad en acto" y ha puesto a María como ejemplo de quien arriesga su libertad por lo que vale la pena, entregando a su Hijo en beneficio de toda la humanidad y acogiendo al discípulo Juan como nueva filiación.
Ha subrayado que Cristo ha hecho suyas las muertes segadas por el terror y las injusticias derivadas de una "mala gobernanza", permitiendo que nadie se sienta solo ante las pruebas que superan la capacidad humana
El arzobispo ha abordado el grito de abandono de Jesús como un gesto de "divina solidaridad" con todos los desgarros humanos, tales como la soledad, la enfermedad imprevista o las catástrofes. Ha subrayado que Cristo ha hecho suyas las muertes segadas por el terror y las injusticias derivadas de una "mala gobernanza", permitiendo que nadie se sienta solo ante las pruebas que superan la capacidad humana.
Sobre la sed de Cristo, el prelado ha advertido sobre la paradoja de una generación opulenta que parece "morir de agua" al no encontrar el sentido de la vida entre "falsas aguas" y ha recordado, citando a San Agustín, que la oración "es el encuentro de la sed de Dios con la sed del hombre".
Sanz Montes ha resaltado la expresión "todo está cumplido" como el sello de una vida entregada a la fidelidad filial, tras una andadura en la que Jesús "pasó haciendo el bien". Ha invitado a los presentes a verse reflejados en el Vía Crucis y a actuar como "cirineos" de quienes hoy malviven en sus propias vías dolorosas y ha apuntado que los pecados humanos no tienen la última palabra.
En la séptima y última palabra, el arzobispo ha descrito la entrega del espíritu como el final de un trayecto que busca abatir los "bastiones que nos separan" y devolver la dignidad de hermanos.
El prelado ha dedicado una parte del epílogo a denunciar el "bronco paisaje" que ha rodeado esta Semana Santa cuando la corrupción se "maquilla hasta lo obsceno", las mentiras se "normalizan como forma de gobernanza", la "inmoralidad sale a chorros" entre los "vendedores de moralina" y se observa la "irresponsabilidad de los mandamases que roban a mansalva".
Frente a este panorama, ha propuesto el "abrazo sereno y libre" de la fe y la caridad como única vía para asomarse a la realidad desde la mirada de Dios.
Sanz Montes ha asegurado que las Siete Palabras juzgan hoy las "situaciones sórdidas" que aparecen en todos los estratos sociales, desde el deterioro institucional hasta los rumores de un "viaje sin norte".
Ha señalado que, aunque los nombres de los personajes cambien, los "judas modernos" siguen vendiendo su deriva por 30 monedas y los "pedros" siguen llorando en los "patios de la indiferencia". El arzobispo ha concluido que el misterio de Dios solo puede entenderse desde la "teodramática", evitando la carcajada frívola y el llanto inconsolable para buscar una felicidad "dramáticamente" justa y santa. Ha afirmado que la ausencia de Cristo tras la Cruz se ha trocado en una "presencia resucitada" que continúa hoy acompañando la vida de los hombres.
En el tramo final de su discurso, ha exhortado a los fieles a asumir la "palabra octava" y ha indicado que cada persona debe escribir ahora la página asignada a su propia biografía y ha insistido en que el "sueño de amor" de Dios es "infinitamente" mayor que las "fugaces pesadillas" de la humanidad y ha animado a repartir el don recibido con los demás.
