En 1965, hace ahora 50 años Más de veinte mil valencianos a favor del valenciano en la Iglesia

(J.M.Bausset).- En 1965, ahora hace 50 años, y como fruto de la renovación que surgió del Vaticano II, concretamente de la Constitución Dogmática, Sacrosanctum Concilium, un manifiesto firmado por más de 20.000 valencianos, pedía la utilización del valenciano en la Iglesia Valenciana.

El cincuentenario de este texto me ha traído a la memoria una carta que, el 10 de enero de 1965, el Sr. Vicent Miquel i Diego le escribió al P. Gregori Estrada, monje de Montserrat, y que desgraciadamente, no ha perdido actualidad.

En esta carta, el Sr. Miquel i Diego lamentaba la situación de la Iglesia valenciana, porque "nos ha estafado". En la carta dirigida al P. Gregori Estrada, Vicent Miquel relataba los hechos acaecidos en relación al valenciano en la liturgia. La carta hacía referencia a la comisión de laicos valencianos, que solicitaba el valenciano en la Iglesia en una campaña de recogida de firmas, y la maniobra que comenzó "desde la Colegiata de Xàtiva y desde el Seminario y la Curia, contra la lengua". Vicent Miquel escribía en aquella carta de ahora hace 50 años: "En Xàtiva colabora la primera línea de FET y JONS, diciendo que es una maniobra del valencianismo y comunismo".

El Sr. Miquel i Diego describía magistralmente la actitud negativa del arzobispo Olaechea con respecto a la lengua vernácula: "Antes de comenzar la III sesión del Concilio, el arzobispo reunió a los arciprestes y les dijo: "Gracias a Dios aquí no tenemos el problema de Cataluña, por lo que no hace falta introducir el valenciano... y en caso de reformas, se introducirá muy poco el castellano. Mi diócesis será la más lenta".

Y es que el arzobispo Olaechea pretendía marginar el valenciano (y lo consiguió) porque según él, "el lugar donde se debe utilizar la lengua valenciana no es la Iglesia". A pesar de todo, escribía Vicent Miquel: "2 arciprestazgos, se adhirieren al valenciano, Catarroja y Alcoi, y en otros, un 35 o 40 % de los sacerdotes están a favor nuestro".

El 22 de diciembre de 1964 (continuaba la carta) "entregamos 20.000 firmas solicitando la introducción de nuestra lengua, al Sr. Arzobispo". Entre los 20.000 firmantes que "siguiendo las directrices del Concilio Vaticano II", pidiendo "la utilización de la lengua en los actos religiosos", habían las firmas de Robert Moròder, director del Secretariado Diocesano de los Cursillos de Cristiandad de València, Joaquim Maldonado, los escritores Martí Domínguez, Felip Mateu i Llopis, Nicolau Primitiu, Josep E. Martínez Ferrando, Enric Valor, Lluís Guarner, Emili Beüt, Santiago Bru, Joan Valls, Maria Beneyto, Jordi Valor, el médico Vicent Peset Llorca, el cantante Raimon, los músicos Vicent Garcés Queralt, Joaquim Rodrigo y Matilde Salvador, los periodistas Francesc Soriano Bueso, Vicent Ventura, Francesc de P. Burguera, el pintor Joaquim Michavila, los profesores Josep Iborra, Josep Lluís Bausset, Miquel Tarradell, Manuel Sanchis Guarner, Amand Garcia, Agustí Escardino, Joan Reglà, el crítico de Arte, Vicent Aguilera Cerni, el Presidente de Lo Rat Penat, Joan Segura de Lago, Josep Vicent Mateo, el escultor Andreu Alfaro y también entidades como el Ateneu Mercantil y el Ateneu del Grau de València, la Associació els Lluïsos de Vila-real, el Centre Excursionista de Castelló, los Carmelitas Descalzos de Onda o los Franciscanos de Cocentaina.

Pero a pesar de que más de 20.000 valencianos pidieron la introducción del valenciano en la Iglesia, el arzobispo Marcelino Olaechea, no haciendo caso de esta campaña a favor del valenciano en la liturgia, ni de la sugerencia del Concilio, dijo a los arciprestes en una reunión: "Eso del valenciano es una maniobra política. ¿En sus parroquias entienden el castellano? ¿Sí? Pues no hay más que hablar. Eso del valenciano son cosas de D. Vicente Sorribes". Por eso el arzobispo Olaechea "no presentó el misal valenciano", con lo cual, al no conocerlo la Comisión Episcopal, no fue autorizado, y los cristianos valencianos, hasta el día de hoy carecemos de un misal romano en nuestra lengua, a excepción del Llibre del Poble de Déu del P. Pere Riutort.

El mes de enero siguiente se publicaron las disposiciones referentes a la liturgia y los misales que se utilizarían: ninguno de ellos en valenciano desgraciadamente, como escribía Vicent Miquel i Diego, "Se admiten la lengua vernácula, el castellano, en la Epístola y el Evangelio". Y el arzobispo acabó la reunión "con una amenaza a aquellos que "por su celo se excedan en sus funciones".

El mismo mes de enero se le presentó al arzobispo un escrito firmado por católicos de relieve, pidiendo la introducción del castellano en las zonas castellanoparlantes; el castellano y el valenciano en las zonas bilingües, y en las zonas monolingües valencianas, el valenciano, sin excluir el castellano.

Vicent Miquel i Diego con un tono pesimista, sabía que a pesar de la respuesta popular a favor de nuestra lengua en la liturgia, "todo es inútil, se nos estafa impunemente". Y añadía en esta carta: "Los anticlericales, fruto espontáneo del País, se nos ríen diciendo: ¿No os lo decíamos? Dejaos de sotanas".

Vicent Miquel i Diego, con tristeza, relataba la situación que vivía la Iglesia valenciana: "en noviembre, casi expulsaron a un seminarista de mi pueblo del Seminario por hablar de progresismo, de Congar, Rahner, la lengua valenciana y Serra d'Or. Así están las cosas".

50 años después de esta carta y de la campaña con más de 20.000 firmas a favor del valenciano en la liturgia, la situación de la lengua valenciana en la Iglesia no ha cambiado. Los obispos de las diócesis valencianas, desgraciadamente, continúan marginando nuestra lengua. No quieren entender que por razones pastorales, hace falta que la Iglesia del País Valenciano, si es que quiere ser realmente Iglesia Valenciana, ha de hacer del valenciano la lengua de la liturgia y de la catequesis, de la enseñanza en los Seminarios y de los libros de bautismo, como lo hace la Iglesia de Salamanca y de Madrid con el castellano. Solo así se hará realidad el Pentecostés en nuestras comunidades cristianas.

Por eso trabajaron los sacerdotes Vicent Sorribes i Antoni Sanchos, como han trabajado Vicent Miquel i Diego, y también presbíteros ejemplares como Alexandre Alapont, los escolapios Francesc Mulet, Vicent Faus i Enric Ferrer, Josep Antoni Comes, Vicent Cardona, Emili Marín, Vicent Sarrió, Llorenç Gimeno, Manuel Martín Nebot, Jesús Corbí, els germans Ruix Contelles, Vicent Micó, Tiburci Peiró, August Monzon, Pere Riutort o los amigos de las revistas Cresol, Saó o la Associació Josep Climent de Castelló de la Plana. Y también laicos como Manuel Sanchis Guarner, Francesc Ferrer Pastor, Vicent Niclòs, Adrià Fuertes, Eliseu Dasí, Eduard Juan....

La Iglesia Valenciana, en pleno siglo XXI, puede apostar con valentía introduciendo el valenciano en la liturgia, o bien, desgraciadamente como pasa hasta ahora, continuar marginando nuestra lengua, aplicando el consejo del arzobispo Olaechea: "no hace falta introducir el valenciano". Quiero creer que con el obispo Enrique Benavent, de Tortosa, las cosas puedan cambiar y que su apuesta por la lengua, haga reflexionar a los otros obispos del País Valenciano, para que empiezen (en pleno siglo XXI) a introducir nuestra lengua en la Iglesia.

Digo esto, porque en una entrevista que el programa Signes dels temps, de TV3, hizo al obispo Enrique, éste decía: "Si voy a un lugar que tiene una cultura y una lengua propia, yo he de amar esta cultura, he de hacer mía esta cultura, he de hacer mía esta lengua, he de integrarme plenamente en el lugar donde he sido enviado". Y el obispo Benavent afirmaba en relación al valenciano: "Es la lengua de mi casa, es la lengua de mi pueblo, es la lengua que yo amo como mía".

Desgraciadamente el obispo Enrique no pudo decir en esa entrevista: "Es la lengua de la Iglesia Valenciana". Y no lo pudo decir, porque la Iglesia Valenciana tiene por lengua oficial, única y exclusivamente el castellano. El año 2009, el obispo Rafael Sanus, en el monográfico de la revista Saó, escribía: "Parece que el uso del valenciano en la liturgia se ha convertido en un problema que hemos aparcado en la cuneta, esperando que se pudra por sí mismo con el paso del tiempo. Grave error".

En este artículo en Saó, el obispo Sanus tenía la esperanza de encontrar una solución y animaba a los otros obispos del País Valenciano a introducir nuestra lengua en la Iglesia: "¿Porqué los obispos no oficializan de una vez el que es normal, desde hace tiempo, a nivel de calle?". Y por eso se escandalizaba de la actitud de la jerarquía valenciana: "¿Es que quieren continuar la política lingüística de los tiempos de Franco?".

El obispo Sanus creía que con la creación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua, el arzobispo Carlos Osoro podría solucionar este tema, aunque Sanus reconocía que "algunos de sus más próximos colaboradores están aconsejándolo mal". Y es que como escribía el obispo Rafael Sanus, "A la AVL le pedimos que hiciese la traducción de los textos litúrgicos. Cuando se terminó el trabajo, la AVL los presentó a quien correspondía y ni tan solo recibieron por escrito (la AVL) el acuse de recepción. Así se explica porqué los textos litúrgicos de la AVL duermen, desde hace 4 o 5 años (el artículo de Sanus es de 2009) en algunos cajones del Palacio Arzobispal". Por eso Sanus acababa su artículo en Saó haciéndose una pregunta: "¿Nuestros obispos quieren continuar el ejemplo de indiferencia y de desprecio a nuestra lengua que caracterizó siempre a monseñor García Gasco?".

Quisiera creer que en las reuniones de los obispos de la Provincia Eclesiástica Valentina, el obispo Enrique pueda hacer entender a los obispos de València, de Sogorb-Castelló y de Oriola-Alacant, la necesidad que la Iglesia del País Valenciano incorpore nuestra lengua en la liturgia, la catequesis y en los estudios de los Seminarios. Pero no sé si soy demasiado optimista.
Con esto solo pretendemos poder celebrar nuestra fe en la lengua que hablamos. Como lo hacen los cristianos de Madrid, de París, de Tokio o de Bogotà.

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