Zazo, tras la Asamblea de la Iglesia en Castilla: "Preocupan mucho los procesos de Iniciación Cristiana y hay una fuerte llamada a replantearlos"

"Ha sido un milagro de comunión". Así define Jorge Zazo, su coordinador, la Asamblea de la Iglesia en Castilla, que reunió a finales de abril a 300 delegados de las nueve diócesis castellanas

Jorge Zazo, durante la Asamblea
Jorge Zazo, durante la Asamblea | Diócesis de Ávila

"Ha sido un milagro de comunión". Así define Jorge Zazo, su coordinador, la Asamblea de la Iglesia en Castilla, que reunió a finales de abril a 300 delegados de las nueve diócesis castellanas para, siguiendo el método sinodal, tomar el pulso de la realidad ecesial en la región, y hacerlo bajo el lema «Renovados para la misión» para trazar las líneas pastorales de su futuro.

Ha percibido el también vicario de pastoral de la Diócesis de Ávila "algunas resistencias de tipo ideológico" relativas a la sinodalidad, que recibió un fuerte impulso durante el pontificado de Francisco, y que ahora sigue León XIV. Pero, con todo, afirma que "ha sido una auténtica experiencia" y se queda con la sensación de "profundo gozo, de sencillez, de ilusión, de una escucha atenta de cada uno, de acogida, de valoración del diferente, de un deseo ardiente de forjar fraternidad misionera", que percibió junto con otros participantes.

Pregunta. ¿Cómo valora esta Asamblea de la Iglesia en Castilla que acaba de celebrarse?

Respuesta. Muy positivamente. Ha sido una auténtica experiencia de Dios. Desde el principio se planteó como un encuentro de oración, donde el protagonismo total lo iba a tener el Espíritu Santo, y así ha sido. Una vez más, hemos podido comprobar cómo Él es un admirable constructor de unidad en la diversidad. La metodología de la conversación en el Espíritu realmente ha sido una riqueza, que nos ha ayudado mucho en este sentido.

P. ¿Puede decirse que supone una primera traslación práctica a España del modelo puesto en marcha durante las dos partes del Sínodo sobre la Sinodalidad?

R. Ha sido la primera acogida en España de una invitación explícita del Sínodo: la de realizar asambleas regionales. Probablemente, que se haya podido hacer de forma tan rápida se deba a que ya se había recorrido un camino común previo, desde hace muchas décadas, por parte de las diócesis castellanas. Las indicaciones del papa Francisco sobre la sinodalidad nos ayudaron mucho a profundizar, corregir, orientar y madurar un trabajo que ya estaba en marcha.

Presentación de la Asamblea
Presentación de la Asamblea | Diócesis de Ávila

P. ¿Cómo han vivido los participantes este ejercicio de sinodalidad? ¿Venían entrenados, les pilló desprevenidos el método…?

R. No puedo hablar en nombre de todos; pero puedo decir que el ambiente que yo y otras muchas personas percibimos en la Asamblea fue de un profundo gozo, de sencillez, de ilusión, de una escucha atenta de cada uno, de acogida, de valoración del diferente, de un deseo ardiente de forjar fraternidad misionera.

R. En cuanto al método, no sé si todos lo habrían practicado anteriormente; pero puedo decirle que la valoración unánime fue muy positiva. Quienes sí se habían entrenado habían sido los facilitadores de cada uno de los pequeños grupos o “círculos menores”. Cada diócesis propuso tres que ya habían sido iniciados en el método. Además, tuvimos una sesión de formación en Valladolid, en la que nos ayudaron miembros de las CVX de Burgos vinculadas con la Compañía de Jesús.

P. Después de este ejercicio sinodal, ¿es posible una marcha atrás en el proceso?

R. No es deseable, desde luego. Pero temo que sí sea posible. Y lo temo por dos razones. En primer lugar, porque la Escritura nos previene de que el diablo, incansablemente, “ronda buscando a quien devorar” (cf. 1Pe 5,8). Si, como me parece, este proceso viene de Dios, no cabe duda que su Enemigo querrá oponérsele con todas las fuerzas.

R. En segundo lugar, percibo en algunas personas resistencias de tipo ideológico. No procede ahora valorar las causas de esto, que probablemente sean demasiado complejas como para resumirlas brevemente. Ahora bien, sin duda no ha ayudado en absoluto que algunos, tan ideologizados como sus adversarios, hayan manipulado el concepto de sinodalidad para arrimar el ascua a su sardina y, escudándose en él, pretender imponer ideas que traicionan el Evangelio de Jesús y fragmentan la unidad de la Iglesia.

R. Invito a leer detenidamente las intervenciones del papa Francisco, el documento final del Sínodo y el fantástico estudio de la Comisión Teológica Internacional, que sitúan adecuadamente este proceso en el marco de la Tradición. En cualquier caso, creo que podemos tener confianza. Al papa Benedicto XVI le gustaba citar una acertada frase de San Buenaventura: opera Christi non deficiunt sed proficiunt (“las obras de Cristo no retroceden, sino que avanzan”). Si este proceso viene de Jesús, irá siendo paulatinamente integrado en los dinamismos eclesiales, de modo que podamos responder cada vez más fielmente al ideal que el Señor pensó para su Esposa, que es la Iglesia.

Argüello, arzobispo de Valladolid, en un momento de la Asamblea
Argüello, arzobispo de Valladolid, en un momento de la Asamblea | Diócesis de Ávila

P. A la luz de las propuestas, ¿qué aspectos creen que han sido los que más han preocupado, por su urgencia, a los participantes?

R. Los que aparecen en las propuestas finales. En primer lugar, crear auténticos grupos de vida, para que las estructuras evangelizadoras no sean meras prestadoras de servicios religiosos, sino auténticas células de fraternidad. En este sentido, se percibe la necesidad no sólo de trabajar en comunión, sino también de aprender a hacerlo, pues fácilmente nos podemos dejar llevar por inercias de unos tiempos pasados o de criterios mundanos.

R. También se ha destacado la necesaria vinculación entre fe y caridad, en la dimensión social de la evangelización y el papel de los laicos en la vida pública. Se ha alentado a promover el discernimiento y acompañamiento de las distintas vocaciones en la Iglesia. Sin duda, preocupan mucho los procesos de Iniciación Cristiana, de niños, jóvenes y adultos, y por eso hay una fuerte llamada a replantearlos.

P. ¿Y los más novedosos?

R. Las más novedosas me parecen las últimas dos propuestas que, por cierto, empataron entre ellas. La primera se refiere a la necesidad de replantear las unidades pastorales. Las diócesis castellanas llevamos varios años con este modelo de agrupación parroquial, pero a lo largo del proceso de estos años, y especialmente en la Asamblea, ha quedado patente que no teníamos la perspectiva correcta.

R. En realidad, la fórmula de unidades pastorales es buena y oportuna en algunos casos, pero no en todos. Si el objetivo es construir auténticas comunidades (y no sólo plantearse, de manera un tanto clericalista, cuántos pueblos puede atender el mismo cura) es evidente que se precisan criterios de cercanía geográfica, cultural, vital, etc. De ahí viene la última propuesta, la más novedosa: formar equipos misioneros interparroquiales en el arciprestazgo para el primer anuncio y el acompañamiento de las comunidades.

Un momento de la Asamblea interdiocesana
Un momento de la Asamblea interdiocesana | Diócesis de Ávila

P. ¿Qué supone esta forma de ser Iglesia para una Iglesia enclavada en una zona que sufre graves problemas de despoblamiento, distancia geográfica y envejecimiento?

R. Nadie decide qué le pasa; sino qué hacer con lo que le pasa. Un creyente sabe que las cosas no suceden por casualidad, sino que obedecen a un proyecto de amor de Dios. Castilla tiene los problemas queusted ha mencionado, y otros muchos que pudimos constatar en la primera fase del proceso que ha conducido a la Asamblea, en el que se trataba de “reconocer” la realidad. Pero es el trocito de mundo al que Dios, por el bautismo y la confirmación, ha querido enviarnos como testigos de la Resurrección de su Hijo, y de la esperanza, el amor y la fe que suscita la amistad con Él.

R. Vivimos agradecidos por los hombres y mujeres que en estos campos y ciudades han mantenido viva la llama del Evangelio y han sabido legárnosla a nosotros, sus sucesores. La acogemos con la responsabilidad de transmitirla a cuantos nos rodean y a cuantos vengan detrás. No podemos olvidar que lo pequeño, lo sencillo, lo marginado, lo descartado, es precisamente lo predilecto de un Dios que ha hecho opción preferencial por los pobres. Esta forma de ser Iglesia, como usted dice, es la que nos permite tener una mirada teologal sobre el mundo, las personas y la historia. Es la que nos lleva a entender que una persona, quizá aislada en un antiguo municipio del que ahora es el único habitante, anciano y con escasos recursos, reúne en sí la dignidad del universo entero, porque es hijo de Dios, ha sido creado a su imagen y ha sido rescatado al precio de la Sangre de Cristo.

R. Esta forma de ser Iglesia es la que nos permite tener libertad para revisar, corregir, enmendar o suprimir estructuras, porque lo único decisivo es dar a conocer a Cristo y, arraigados en él por la fuerza de los sacramentos, cooperar cada día con más intensidad en la edificación de su Reino. Esta forma de ser Iglesia es la que nos hace vivir siempre atentos a la voz del Padre, quien nos invita incesantemente a vivir “a lo Jesús”, es decir, a reproducir, por la fuerza del Espíritu, la vida, el estilo y los criterios de Jesús, y a repetir continuamente, con María y como María, el sí que permite que Él siga actuando en la historia.

Participantes en la Asamblea
Participantes en la Asamblea | Diócesis de Ávila

P. ¿Cuáles diría que son ya los primeros frutos palpables de esta Asamblea?

R. La misma Asamblea. Ha sido un milagro de comunión. El Santo Pueblo de Dios, en sus diferentes estados de vida y carismas, se ha puesto conjuntamente a escuchar al Espíritu. Ojalá sea un estilo nuevo que vaya cundiendo en nuestras comunidades.

P. Han asistido como invitadas las diócesis de León y Astorga. ¿No resulta un tanto extraño? ¿Muros geográficos frente a líneas pastorales? ¿Cómo se puede explicar?

R. Las once diócesis presentes en Castilla y León trabajan conjuntamente en sectores tan importantes como, por ejemplo, la educación católica, Cáritas, pastoral juvenil o patrimonio, donde se incluyen las Edades del Hombre. Por eso, no puede hablarse en ningún caso de “muros geográficos frente a líneas pastorales”, ya que hay una pastoral discernida en comunión en muchos ámbitos.

R. Pero, además de este trabajo, favorecido por la pertenencia a la misma Comunidad autónoma, y del exigido por el Derecho Canónico a las diversas provincias eclesiásticas (que, en nuestro caso, son tres: Valladolid, Burgos y Oviedo), algunas diócesis decidieron libremente, hace ya varias décadas, iniciar un camino compartido, que nunca se cerró a nadie ni obligó a nadie a participar.

R. Ese camino fue denominado de formas distintas: “región del Duero”, “espíritu de Villagarcía” o, más recientemente, “Iglesia en Castilla”. Como no es una realidad de orden jurídico, el nombre es poco importante. Lo que importa es que tenemos una historia común que, en este momento, ha dado lugar a la Asamblea que acabamos de celebrar.

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