Reacciones devastadoras de las víctimas del cardenal pederasta a la sentencia La verdad del 'caso Pell': un padre que solo echa de menos a su hijo

Un hombre escucha la sentencia del 'caso Pell'
Un hombre escucha la sentencia del 'caso Pell'

"Las reacciones inmediatas de estas dos víctimas de Pell no tienen rastro ninguno de venganza, de vendetta, de ajuste de cuentas. Lo que te lleva a pensar que sin ninguna duda están diciendo la verdad"

"Porque la verdad también anda digna, despacio, humilde, segura de sí misma. Justo como un padre que no puede olvidar cómo era ver un partido de fútbol con su hijo"

Te hace llorar. Lágrimas de empatía, de frustración y de decepción. Lejos de celebrar la pena de seis años de cárcel por pederastia impuesta al cardenal George Pell, las víctimas del purpurado abusador siguen sufriendo. "Es difícil para mí permitirme sentir la gravedad de este momento", ha afirmado la víctima aún viva cuya denuncia desencadenó todo el proceso, en una admisión que te rompe el corazón. Devastación que solo aumenta al darte cuenta de que piensa que "no hay descanso para mí".

Esta víctima, conocida públicamente solo como "víctima J", debería estar contento. Su agresor ahora está entre rejas, lejos de los lujos que conoció en sus tiempos de arzobispo de Melbourne o de Sídney o de Prefecto para la Economía de la Santa Sede. Agradece "que el tribunal haya reconocido lo que se me infligió cuando era niño", pero se nota que le duelen los "muchos comentarios públicos que critican mi evidencia". Le duelen, pero consuela saber que las críticas no le hacen dudar de sí mismo. "Solo el juez, el jurado, Pell y los equipos legales han escuchado mis pruebas", recuerda.

Todavía le escuece a J. la experiencia de haber sido interrogado sin piedad por el abogado de Pell. No obstante, mantiene la cabeza bien alta. "Un jurado ha aceptado por unanimidad la verdad de mi declaración", recuerda, consolándose en el hecho de que mostró más valentía que su abusador, que se negó a declarar a ser interrogado. Por eso le reconforta a él -y debería reconfortamos a todos- que J. sepa y proclame que "yo he hecho lo que estuvo en mi mano lo mejor que pude".

La verdad es que sí, que J. y gente como él están haciendo el trabajo del Señor. Defendiéndose a sí mismo y a los otros pequeños preferidos del Señor y limpiando la Iglesia de paso. Pero... ¿Dónde está Dios para darle a J. su merecida recompensa, si el hombre deja entrever el dolor que aún siente cuando reconoce que "ser testigo en un caso penal no ha sido fácil. Estoy haciendo todo lo posible para mantenerme a mí y a mi familia juntos"?

Lo mismo te preguntas cuando lees la reacción a la sentencia del padre de la víctima de Pell. Chico que se enganchó a la heroína a la tierna edad de los 14 años y murió por sobredosis a los 30.

Respecto a J., dice el padre que "Quiero darle un abrazo. Era un niño fabuloso. Es un hombre fabuloso ahora".

"Mi hijo era un niño típico", continúa ese padre. "Se metió en travesuras. Era honesto. Le gustaba ayudar a sus abuelos. Le encantaba venir al fútbol conmigo". Son detalles devastadores, porque al leerlos te das cuenta de que lo único que quiere ese padre -padre como él que tenemos todos- solo quiere a su hijo. Solo piensa en su hijo. Solo quiere a su hijo de vuelta. Para verle disfrutar de la compañía de sus abuelos. Para llevarle al fútbol.

Puede ser que la ley nunca reconozca pruebas como estas, pero son decisivas. Las reacciones inmediatas de estas dos víctimas de Pell -en caliente, viscerales, quizás sin pensar mucho- no tienen rastro ninguno de venganza, de vendetta, de ajuste de cuentas. Lo que te lleva a pensar que sin ninguna duda están diciendo la verdad. Porque la verdad también anda digna, despacio, humilde, segura de sí misma. Justo como un hombre como J. que tiene la conciencia tranquila. O como un padre que no puede olvidar cómo era ver un partido con su hijo.

Texto completo del comunicado de la víctima aún viva de Pell

Respeto lo que dijo el juez. Fue meticuloso y fue considerado.

Es difícil para mí permitirme sentir la gravedad de este momento.

El momento en que se dicta la sentencia, el momento en que se hace justicia.

Es difícil para mí, por el momento, consolarme con este resultado.

Agradezco que el tribunal haya reconocido lo que se me infligió cuando era niño. Sin embargo, no hay descanso para mí. Todo queda eclipsado por la inminente apelación.

Estoy al tanto de muchos comentarios públicos de personas que critican mi evidencia. Pero solo el juez, el jurado, Pell y los equipos legales han escuchado mis pruebas.

Independientemente del resultado de la apelación, siempre se mantendrán probados algunos hechos.

Declaró durante varios días. Fui interrogado por el abogado defensor de Pell.

Un jurado ha aceptado por unanimidad la verdad de mi declaración.

Pell optó por no declarar. El jurado no tuvo noticias de él. No se dejó interrogar.

Yo he hecho lo que estuvo en mi mano lo mejor que pude. Tomé el difícil paso de informar a la policía sobre una persona de alto perfil, y di un paso al frente para presentar mis pruebas.

Ser testigo en un caso penal no ha sido fácil. Estoy haciendo todo lo posible para mantenerme a mí y a mi familia juntos.

Me gustaría agradecer a los medios de comunicación por respetar mi deseo de mantener mi anonimato y mantener a mis seres queridos fuera del foco de atención.

Estoy esperando el resultado de la apelación como todos los demás.

Texto completo del comunicado del padre de la víctima fallecida de Pell

Felicito al joven que denunció.

Lo conocí muy bien cuando era un niño. Él vivió en mi casa durante un tiempo. Era un buen amigo de mi hijo.

Siempre ha sido un hombre honrable. No me sorprende que denunciara. No me sorprende que haya hecho lo que hizo.

Lo mantuvo hacia dentro durante mucho tiempo y eso habría sido un infierno para él. Un infierno absoluto. Pero estoy realmente agradecido de que haya denunciado.

Quiero darle un abrazo. Era un niño fabuloso. Es un hombre fabuloso ahora.

Él (Pell) fue condenado por 12 hombres y mujeres. Si nuestro sistema judicial no funciona en este país, ¿qué diablos tenemos?

Tiene que funcionar. Tiene que ser mantenido. Porque creo que eso es justo.

Mi hijo era un niño típico. Se metió en travesuras. Era honesto. Le gustaba ayudar a sus abuelos.

Le encantaba venir al fútbol conmigo.

Retrato de Pell en el tribunal de Melbourne
Retrato de Pell en el tribunal de Melbourne

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