¿Por qué no quieren los ultras que el Papa venga a España? (Y Pedro Sánchez lo sabe)
Mientras algunos buscan excusas para retrasar o evitar el próximo viaje a España, Sánchez prepara la alfombra roja a León XIV que pisará también el medio millón de inmigrantes que va a regularizar
En 1982, en vísperas de las elecciones generales, Felipe González era el más tranquilo entre los dirigentes del PSOE ante la anunciada primera visita a España de un papa. “La Laborem exercens de Juan Pablo II nos pasa por la izquierda a los socialistas”, le dijo a Díaz Merchán y Fernando Sebastián cuando las relaciones Iglesia-PSOE eran citas casi a ciegas en residencias de monjas en la zona de Arturo Soria.
El PSOE, como vaticinaban las encuestas, arrasó en aquel octubre electoral y rojo y ahora que los sondeos demoscópicos dan a Pedro Sánchez en caída libre, al inquilino de la Moncloa solo se le queda encomendarse a León XIV.
"No soy católico, pero escucho al Papa"
No hace tanto se hacía mofa sobre el interés de Sánchez por ser recibido en audiencia por el sucesor de Francisco. "No soy católico, pero escucho al Papa. ¿Qué es ir a misa y pedir luego que se hunda el Open Arms?", confesó el presidente del Gobierno, y que ya había mostrado su admiración por el papa Bergoglio.
Y ahora resulta que es a un agónico Sánchez, golpeado por errores propios y fatalidades ajenas, a quien viene a ver el papa Prevost, el único dique de contención moral que le queda a un mundo sin reglas que camina empecinado hacia los errores del pasado. La satisfacción es evidente en Moncloa. Y el enfado, mayúsculo entre los montaraces que permean la derecha y la ultraderecha española.
¿Pero va a venir precisamente ahora a España el Papa?, se preguntan incrédulos. ¿De verdad que quiere ir a Canarias?, se asombran los de Santiago y cierra España. Por eso hace días que han soltado la especie de que quizás no sea este el mejor año para que venga el sucesor de Pedro, trufado de convocatorias electorales autonómicas que pintan estupendamente para un PP y Vox condenados a coligarse
Por eso, y más allá de la evidente descoordinación que se palpa en la organización del viaje por parte de la Conferencia Episcopal y el Arzobispado de Madrid, pretenden que al menos venga en octubre, que no sea en verano, en pleno junio, con Prevost recibiendo en El Hierro o cualquier otro punto de Canarias a los migrantes que llegan exhaustos a sus puertos.
Así, y mientras Añastro y Bailén se miran con recelo y barajan y batallan cualquier posibilidad, Moncloa se adelanta al 'recibimiento' al Papa y anuncia algo que no solo aplaude Podemos, sino casi toda la Iglesia (no, no toda) con la regularización de medio millón de migrantes. No hay más que ver la reacción de PP y Vox para entender que Sánchez les ha vuelto a ganar a los dados. Porque aunque algunos obispos insistan en el tema del aborto y la eutanasia, cruciales también para Prevost, la cuestión migratoria y la acogida a estos seres humanos es hoy crucial para el primer papa estadounidense, que ya ha dicho que no sabe si es ser muy provida estar contra el aborto y apoyar las deportaciones de su compatriota Trump.
Y, aunque lo quieren enredar con la muy mal explicada resignificación del Valle de Cuelgamuros, y cuando el mundo mira acongojado la caza de migrantes en los Estados Unidos, algunos de cuyos aprendices en España dicen ir a misa diaria, León XIV y Pedro Sánchez están alieandos al menos en esta cuestión. Estamos a un paso de que comiencen a llamar Papa woke a Prevost.
