Cómo detectar una secta (y mantenernos alejados de ella)

Luis Santamaría del Río impartió una conferencia en la parroquia de Santa María de la Merced en las Rozas (Madrid), en abril, donde describió las claves para detectar si nos encontramos ante una agrupación sectaria

Sectas
Sectas
Luis Santamaría del Río. Teólogo y miembro fundador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas
09 may 2026 - 06:51

1. Qué es una secta

La definición más gráfica, la acuñada por Vicente Jara, investigador de la RIES: "una secta es un grupo social depredador que practica el mimetismo y el señuelo". Antes que cualquier otra manipulación más elaborada, está el factor del engaño para atraer y enganchar haciéndose pasar por algo bueno y positivo que ofrece salvación, bienestar, felicidad, respuestas y soluciones.

2. Cómo capta

El señuelo de la secta es atractivo y atrayente. Varía según el tipo de grupo y el público al que se dirige. Puede ir desde un curso bíblico hasta una técnica para hacerse rico, pasando por clases de inglés, grupo para encontrar pareja, cursos de filosofía o de cocina, terapia de sanación o retiros en una casa rural. El abanico es inmenso.

El señuelo
El señuelo

Un ejemplo de esta misma mañana en Madrid. En una cafetería de Carabanchel, ojeo un periódico de barrio donde se publicita, en un artículo de opinión, la próxima realización de una "Marcha Mundial por la Paz y la Noviolencia". Lo importante es lo que no dice: se trata de un señuelo del Movimiento Humanista, los seguidores de Silo, el llamado "Mesías de los Andes" por sus seguidores. Hay que estar alerta: las sectas están a la vuelta de la esquina intentando captar y engañar.

3. Cómo manipula y somete

Debemos tener claro que las sectas no buscan principalmente el dinero, como piensan muchos. Buscan someter. El fenómeno sectario se basa en la dominación de otros. Y por eso hay que conocer sus métodos de manipulación, eso que vulgarmente se ha llamado "lavado de cerebro" y que en términos más rigurosos se denomina "persuasión coercitiva" o "abuso psicológico grupal".

A este respecto es muy interesante la aportación de un grupo de investigadores españoles del campo de la Psicología, llamado Invictus Investigación, que ha clasificado las estrategias utilizadas por las sectas en seis categorías: aislamiento, control y manipulación de la información, control de la vida personal, manipulación emocional, adoctrinamiento en un sistema de creencias absoluto y maniqueo, e imposición de una autoridad única y absoluta.

4. A quiénes capta, manipula y somete

Frente a la idea todavía extendida de que las sectas sólo captarían a personas ingenuas, incautas o sin formación, la realidad nos dice que podemos encontrar adeptos procedentes de cualquier clase social, nivel de formación, madurez o creencias. Cualquier persona puede ser captada en algún momento de su vida. La clave está en la vulnerabilidad. Las sectas son muy hábiles para detectar las vulnerabilidades y atacar esos flancos más débiles que podemos tener.

Cuando algún alumno me asegura que no podría ser captado por una secta, le recuerdo que ese sentimiento de inmunidad es el primer factor de riesgo, ya que nos hace tener las defensas bajas. Y le ayudo a identificar qué rasgos de su personalidad podrían ser un lugar de enganche para una secta, qué problemas (presentes o futuros), qué carencias o qué virtudes.

5. Por qué sigue habiendo sectas

La pervivencia de las sectas en el Occidente postsecular supone todo un desafío para esa idea –que habían extendido ciertos pensadores– de que lo religioso estaba llamado a desaparecer en el mundo contemporáneo. Al contrario: cualquier análisis serio constata que el fenómeno religioso sigue presente, pero se ha transformado y diversificado.

Y ahí aparecen las sectas, las más "religiosas" y las que no lo son, como una muestra de ello. Como una forma de patología de la religión. Porque, aparte de lo que tiene que ver con los factores personales, las crisis y carencias de nuestra sociedad hacen que haya serios déficits de humanidad, necesidad de identidad y pertenencia, nostalgia de relaciones humanas auténticas y de algo que dé sentido y respuestas (cosmovisión, espiritualidad).

Tipos de sectas
Tipos de sectas

6. Qué tipos de sectas hay

Aunque en la retina de todos están las sectas de tipo “religioso”, que son un capítulo importante –derivadas de las grandes tradiciones religiosas, nacidas en su seno como desviaciones heterodoxas o innovaciones originales–, también hay un tipo destacado que son las esotéricas, que proponen un conocimiento oculto, reservado para los iniciados, miembros del grupo y seguidores de su maestro.

Hoy el fenómeno sectario se ha diversificado, y encontramos sectas que se alejan de lo religioso, presentándose con una espiritualidad difusa e incluso situándose en el ámbito de lo filosófico, psicológico y terapéutico (véase el apartado siguiente). Yendo más allá, hay grupos que se mueven en otros entornos: el enriquecimiento rápido mediante técnicas comerciales, el entrenamiento físico, el trading, las criptomonedas… Cualquier contexto es bueno para lanzar el anzuelo del éxito o la solución de los problemas.

7. New Age: la trampa del bienestar 

Al hilo de lo anterior, tenemos que destacar que las sectas que más crecen y más éxito tienen hoy son las del universo de la Nueva Era (New Age), las que proponen una difusa espiritualidad holística que acaba divinizando al ser humano. Ésa es precisamente la clave: la persona tiene un potencial interno que puede desarrollar hasta el infinito siguiendo al maestro adecuado o practicando las técnicas oportunas. Aquí es donde podemos ubicar las pseudoterapias que tanto nos preocupan en la actualidad.

Bienestar, equilibrio, paz interior, sanación integral… son los señuelos tras los cuales se encuentra la trampa gnóstica clásica: en el fondo, somos chispas desprendidas de la gran hoguera de la divinidad, y basta con que hagamos el camino de retorno a esta verdad para encontrar nuestra plenitud. ¿En qué acaba esto? En una clara deriva sectaria que encierra al sujeto en una postura elitista y fanática que le lleva a romper con todo lo demás y con todos los demás, como explico en La Nueva Era en el siglo XXI.

8. Números y actualidad del fenómeno 

Es habitual que se pregunte por cuántas sectas hay en tal o cual lugar. ¡Es imposible calcular esta cifra! En primer lugar, porque cualquier listado será necesariamente incompleto, ya que hay sectas capaces de pasar desapercibidas, y sólo somos capaces de identificarlas cuando un exadepto revela su experiencia, una familia pide ayuda o la policía lleva a cabo un operativo. En segundo lugar, porque la presencia física de una secta ya no es tan importante: gracias a Internet y a las redes sociales, cualquier grupo puede captar a alguien lejano sin dificultad.

En cuanto al número de personas que pertenecen a sectas… en España llevamos tiempo hablando de unas 400.000 personas, cerca de un 1 % de la población, un cálculo semejante al que se hace en otros países occidentales. Es, pues, no sólo un problema intenso para quienes lo sufren, sino extenso. Debería preocupar más a nuestras autoridades y a la sociedad entera. 

9. El sectarismo de nuestra propia casa 

No podemos abordar esta cuestión sin la necesaria visión realista que nos lleve a la autocrítica: si el sectarismo como actitud, más allá de las propias sectas, es un fenómeno presente en cualquier agrupación humana de una u otra forma, debemos reconocer que de una forma especial es algo real en nuestra Iglesia. Hay realidades comunitarias que funcionan con rasgos sectarios, que actúan con una mayor o menor dosis de manipulación y adoctrinamiento ilícito.

Mi postura ante este tema se resume en tres afirmaciones. La primera: no hay sectas dentro de la Iglesia, ya que una secta es un grupo autónomo, y en la Iglesia católica cualquier entidad está sujeta a la autoridad, ya sea local –obispo diocesano–, ya sea universal –Santa Sede–. Segunda afirmación: como ya he dicho, sí hay comportamientos sectarios en determinadas instituciones eclesiales. Y tercera: la Iglesia no sólo tiene herramientas para corregir estas derivas, sino también para prevenirlas: se encuentran en el Código de Derecho Canónico, que debe aplicarse para defender a los más débiles de los abusos de poder y de conciencia.

Un mundo mejor
Un mundo mejor

10. Qué podemos hacer 

No podemos salir de esta conferencia con una impresión sombría y derrotista. ¡Todos podemos hacer algo frente al fenómeno de las sectas! Como lleva diciendo el Magisterio de la Iglesia desde los años 80 en múltiples documentos, las sectas constituyen un desafío para los creyentes. Debemos preguntarnos: ¿qué estamos haciendo mal? ¿Qué vacíos en la misión de la Iglesia favorecen la acción de las sectas? La respuesta comunitaria y personal es clara: Juan Pablo II hablaba de “nueva evangelización”; Francisco, de “conversión pastoral”. Tenemos que ser lo que estamos llamados a ser. 

Junto a esto, cada uno de nosotros estamos llamados a contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a construir un mundo mejor. Un mundo en el que cada vez vaya habiendo menos gente que “necesite” –aunque suene fuerte decirlo– “meterse” en una secta para refugiarse de la que está cayendo. ¡Manos a la obra!

Luis Santamaría durante su conferencia
Luis Santamaría durante su conferencia

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