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Juan José Omella reivindica la vocación de los maestros: "Si doce pescadores de Galilea transformaron el mundo, ¿qué no podemos hacer nosotros?"

El presidente de la Fundación Escuela Cristiana de Cataluña invita a los más de 800 profesionales reunidos en el congreso Quòrum26 a mirar la educación con los ojos de Jesús.

Omella saluda a la consellera de educación, Esther Niubó.
Omella saluda a la consellera de educación, Esther Niubó. | Agencia Flama

Poco antes de las nueve de la mañana, el cardenal Juan José Omella ha llegado al Palacio Ferial y de Congresos de Tarragona. Ha pasado la noche en la ciudad y, este jueves 22 de octubre, el obispo auxiliar de Barcelona, Javier Vilanova, ha conducido el coche que lo ha llevado hasta la puerta del recinto. En la entrada lo han esperado la consejera de Educación y Formación Profesional, Esther Niubó; el arzobispo de Tarragona, Joan Planellas, y la secretaria general de la Fundación Escuela Cristiana de Cataluña (FECC), Meritxell Ruiz. Un saludo cordial, las primeras palabras intercambiadas y la sonrisa de quien llega a una cita que siente como propia: el Quòrum26, el congreso de la escuela cristiana que Omella preside institucionalmente a través de su responsabilidad al frente de la FECC.

Dentro, Tarragona ha latido al ritmo de la educación. Cerca de 800 personas, procedentes de centros y comunidades educativas de toda Cataluña, han llenado el palacio. Docentes, titulares de centros, equipos directivos y profesionales han compartido esa inquietud fecunda de quien sabe que educar es acompañar vidas, abrir caminos y sostener esperanzas. El lema del encuentro, "Somos una constelación educativa", ha sido una manera de reconocer que ninguna escuela ilumina por sí sola y que, en el universo educativo, cada comunidad aporta una luz necesaria.

Omella visita los estands del Quòrum26 antes del inicio del congreso y saluda a varios profesionales de la escuela cristiana reunidos en el Palacio Ferial y de Congresos de Tarragona.
Omella visita los estands del Quòrum26 antes del inicio del congreso y saluda a varios profesionales de la escuela cristiana reunidos en el Palacio Ferial y de Congresos de Tarragona. | Agencia Flama

Antes de ocupar el lugar que le correspondía en la apertura institucional, Omella ha tenido tiempo de recorrer algunos de los estands instalados en un pabellón lateral del palacio, ya lleno de congresistas. Ha avanzado sin prisas, saludando a amigos y conocidos, deteniéndose aquí y allá, convirtiendo cada reencuentro en una pequeña escena de cercanía. "¿Tú también por aquí?", ha dicho en un momento. En otro, ha dedicado unos minutos a conversar con Ignacio Acedo, del Colegio Pare Manyanet. Entre saludos, sonrisas y breves conversaciones, el cardenal se ha movido por aquel espacio como quien reconoce en los rostros que lo rodean a una misma familia de convicciones y compromisos.

Una constelación que no deja a nadie a oscuras

Cuando ha llegado el momento de hablar, Omella ha tomado la palabra y su primera impresión ha tenido algo de revelación cotidiana, casi cómica. Con una ironía que ha provocado las risas de los asistentes, ha confesado que, al ver tantas luces, había pensado que quizá estaba entrando en una discoteca. Y enseguida, como si aquella imagen le hubiera servido para medir la dimensión del encuentro, ha exclamado: "¡Cuánta gente!".

Pero detrás de la sorpresa ha habido una convicción mucho más profunda. Aquella multitud ha sido la prueba visible de una energía compartida, de una red humana capaz de ir más allá de las paredes de cada centro. Omella ha recogido la imagen de la "constelación educativa", inspirada en las palabras del papa León XIV con motivo del Jubileo de la Educación, para describir al conjunto de personas e instituciones que, desde la fe cristiana, trabajan en favor de la educación.

Su llamamiento ha adquirido entonces un tono casi evangélico, directo y movilizador. "Si doce pescadores de Galilea transformaron el mundo —ha afirmado Omella—, ¿qué no podemos hacer nosotros, que somos más y que también contamos con quienes no están en el mar? Con la ayuda de Dios, podemos hacerlo".

La referencia a los apóstoles ha sido una invitación a recuperar la confianza en la fuerza transformadora de una comunidad cuando es capaz de creer en lo que hace y de ponerse al servicio de los demás.

"Ser maestro es una vocación, una llamada"

El centro de la intervención del cardenal ha sido, sin embargo, la figura del maestro. En una jornada destinada a compartir herramientas, orientaciones y propuestas para responder a los desafíos educativos del presente y del futuro, Omella ha querido recordar aquello que ningún protocolo, ninguna metodología ni ninguna innovación tecnológica pueden sustituir: la dimensión humana y vocacional de la educación.

"Cuando uno decide ser maestro, lo decide desde el corazón. Es una vocación, una llamada", ha subrayado. Y ha reconocido la enorme generosidad de tantos profesionales que van más allá de lo que se les pide, que acompañan a los alumnos cuando las dificultades no terminan con el horario escolar y que mantienen una mirada de confianza incluso cuando un niño todavía no es capaz de confiar en sí mismo.

Para el cardenal, la vocación no es una etiqueta que se otorga de una vez para siempre; es una manera de estar presente, de hacerse cercano y de seguir buscando la forma de ayudar a cada alumno a crecer. Por eso, ha animado a los educadores a "poner los dones recibidos de Dios al servicio de los niños y los jóvenes, y convertir las capacidades personales en oportunidades para los demás".

"Los buenos maestros", ha recordado, "dejan huella". También ha asegurado que se hacen querer y que siguen acompañando a las personas mucho después de haber salido del aula. "Hay maestros que marcan para siempre", ha añadido, porque en algún momento de la vida han sabido ver en sus alumnos algo que ellos mismos todavía no eran capaces de ver.

Jesús, el maestro que despierta la curiosidad

Omella ha llevado esta reflexión hasta su raíz cristiana. Si todos conservamos el recuerdo de algún maestro que nos ha ayudado a crecer, ha señalado, hay un maestro que nos conoce mejor que nosotros mismos, que enseña y guía cada día: Jesús, el Maestro con mayúsculas, el maestro universal.

Juan José Omella se dirige a los participantes del Quòrum26.
Juan José Omella se dirige a los participantes del Quòrum26. | Agencia Flama

El cardenal ha invitado a los educadores a inspirarse en su manera de enseñar. "Jesús sabía despertar la curiosidad, atraía la atención, formulaba preguntas, abría horizontes y hablaba al corazón de las personas. Ejercía una autoridad serena, que no necesitaba imponerse a gritos, e inspiraba confianza. No se limitaba a transmitir respuestas: ayudaba a descubrir, comprender y mirar la realidad con otros ojos", ha señalado el purpurado. Por eso, el deseo que el cardenal ha expresado para los niños y jóvenes ha tenido la sencillez de las cosas esenciales: "Que los niños y niñas de nuestro entorno vayan cada día contentos a la escuela".

Que un niño entre en el aula con alegría significa que encuentra allí su lugar, que se siente acogido, que puede aprender sin miedo y que intuye que alguien lo espera, tal como ha querido recordar el cardenal en su intervención. También significa que la escuela es un espacio de confianza, descubrimiento y crecimiento. Y, para la escuela cristiana, hay un descubrimiento que Omella ha querido destacar especialmente: "La posibilidad de que los niños conozcan a Jesús y encuentren en él un amigo para toda la vida", ha indicado.

Omella también ha ilustrado su interés por la reflexión teológica y el diálogo con el mundo a partir de la lectura reciente de un libro del cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella. Con un toque de humor, ha señalado que "algunos obispos y cardenales también escriben libros y que, a veces, lo hacen bastante bien". La anécdota ha servido para introducir una cuestión más sustancial: la necesidad de abrirse al diálogo, escuchar y conversar con realidades y personas diversas.

La catolicidad, ha recordado, "significa universalidad". "Los católicos no constituyen una secta cerrada sobre sí misma, sino una comunidad llamada a dialogar con el mundo, a encontrarse con los demás y a compartir una promesa de esperanza".

"Me quedaré todo el día": el humor de un cardenal entre los suyos

La solemnidad de las grandes palabras no ha impedido que Omella mantuviera el tono cercano y espontáneo que ha marcado su llegada. En un momento de su intervención, ha explicado que, al entrar, alguien le ha preguntado si se quedaría todo el día en el congreso. La respuesta ha llegado con una ironía que ha hecho reír a la sala: "¡Por supuesto que me quedaré, porque los cardenales y los obispos de Barcelona no tenemos nada que hacer!", ha concluido.

La profesora Qing Gu, experta internacional en liderazgo educativo, inaugura el programa de ponencias del Quòrum26.
La profesora Qing Gu, experta internacional en liderazgo educativo, inaugura el programa de ponencias del Quòrum26. | Agencia Flama

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