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No temamos ensuciarnos las manos: 'Magnifica humanitas' y la responsabilidad cristiana ante la Cultura de la Inteligencia Artificial

"La carta encíclica Magnifica humanitas invita a la Iglesia y a la sociedad a participar responsablemente en la transformación cultural producida por la inteligencia artificial. León XIV sitúa esta tarea dentro del desarrollo vivo de la Doctrina Social de la Iglesia y propone una orientación positiva, crítica y esperanzadora"

León XIV y 'Magnifica humanitas'
León XIV y 'Magnifica humanitas' | AE/IA
Alberto Embry. Teólogo
20 jun 2026 - 20:38

Resumen

La carta encíclica Magnifica humanitas invita a la Iglesia y a la sociedad a participar responsablemente en la transformación cultural producida por la inteligencia artificial. León XIV sitúa esta tarea dentro del desarrollo vivo de la Doctrina Social de la Iglesia y propone una orientación positiva, crítica y esperanzadora. La alternativa bíblica entre Babel y Jerusalén permite discernir la calidad humana de nuestras construcciones tecnológicas. Custodiar la persona exige vincular innovación, dignidad, bien común, educación, justicia, paz y responsabilidad compartida. Esta recepción propone asumir proactivamente la Cultura de la Inteligencia Artificial como ámbito de reflexión, formación, evangelización y compromiso histórico.

Introducción. Una encíclica que merece ser tomada en serio proactivamente

La primera carta encíclica de León XIV comienza con un ejemplo de alternativas que poseen una extraordinaria capacidad para iluminar el presente: “la humanidad puede levantar una nueva torre de Babel o edificar una ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” 1. La formulación sitúa inmediatamente el discernimiento de la inteligencia artificial dentro de una pregunta antropológica, social y espiritual. Cada generación recibe la responsabilidad de dar forma a su tiempo, proteger la dignidad de cada persona, promover la justicia y hacer posible la fraternidad 2. La cuestión decisiva no consiste solamente en evaluar las posibilidades técnicas de nuevos sistemas computacionales. La pregunta alcanza una profundidad mayor: ¿qué tipo de humanidad estamos construyendo mediante el poder tecnológico adquirido? 3

Magnifica humanitas merece ser tomada en serio porque reconoce que la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando profundamente el mundo. Estas tecnologías se entrelazan con la vida cotidiana, intervienen en procesos de decisión e inciden en el imaginario colectivo. Su expansión abre posibilidades valiosas y plantea riesgos que todavía no podemos evaluar completamente. León XIV evita una lectura simplista. La técnica pertenece a la historia humana, expresa creatividad, autonomía y libertad, y ha contribuido a mejorar las condiciones de vida. Su legitimidad ética depende de la orientación que recibe, de las finalidades que promueve y de los efectos que produce sobre la dignidad humana y el bien común 4.

La encíclica tampoco invita a contemplar este proceso desde lejos. León XIV llama a asumir con lucidez y responsabilidad los retos del presente, a profundizar en las raíces culturales y espirituales de la transformación y a emprender un discernimiento compartido. Su exhortación adquiere una formulación especialmente expresiva: “no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo” 5. La Iglesia aparece como una comunidad capaz de orar, escuchar, dialogar, proyectar con sabiduría y trabajar con perseverancia. Su contribución específica consiste en situar a Dios en el horizonte de la acción y a la persona humana en el centro de las decisiones 6.

Esta recepción propone emplear la expresión Cultura de la Inteligencia Artificial como una categoría interpretativa. No se trata de atribuir literalmente esta fórmula al texto pontificio. La expresión permite describir una transformación que rebasa el uso instrumental de determinadas aplicaciones y alcanza los lenguajes, las relaciones, las instituciones, la economía, el trabajo, la educación, la comunicación, las formas de poder y la comprensión que la humanidad construye acerca de sí misma. La encíclica ofrece fundamento suficiente para esta lectura cuando habla de un “cambio de época”, reconoce que la IA incide en el “imaginario colectivo” 7 y afirma que ya constituye un ambiente en el que estamos inmersos 8.

Recepción de la encíclica 'Magnifica humanitas'
Recepción de la encíclica 'Magnifica humanitas' | AE/IA

El objetivo de este ensayo consiste en mostrar por qué Magnifica humanitas representa una invitación magisterial particularmente relevante para la Iglesia, los teólogos, los agentes pastorales, los educadores, los líderes eclesiales y los lectores en general. El texto pontificio propone una participación activa, crítica y esperanzadora en la transformación tecnológica. Esta participación evita el entusiasmo ingenuo, la pasividad resignada y el rechazo defensivo. Su tarea consiste en discernir, formar, acompañar y orientar, con la convicción de que la inteligencia artificial puede contribuir al desarrollo humano integral cuando permanece al servicio de la dignidad inviolable de la persona, del bien común, de la justicia social y de la paz.

1. La inteligencia artificial como una nueva res nova

León XIV inscribe deliberadamente su reflexión dentro del desarrollo histórico de la Doctrina Social de la Iglesia. La referencia inicial a Rerum novarum cumple una función programática. En 1891, León XIII respondió a las profundas transformaciones sociales y económicas vinculadas con la industrialización y con la cuestión obrera. En 2026, la Iglesia vuelve a situarse ante “nuevos asuntos” 9 que requieren discernimiento. La inteligencia artificial no aparece como una moda pasajera ni como una cuestión periférica reservada a especialistas. León XIV la comprende como una transformación capaz de interpelar desde dentro las categorías mismas de la Doctrina Social de la Iglesia y de exigir un mayor desarrollo de esta tradición viva, en fidelidad al Evangelio 10.

La analogía con Rerum novarum debe utilizarse con precisión. La cuestión obrera del siglo XIX y la transformación tecnológica actual no son idénticas. La primera puso en evidencia la vulnerabilidad del trabajador dentro de un nuevo orden industrial. La segunda incluye nuevamente el trabajo, pero alcanza además la información, la educación, la verdad pública, la libertad, los datos, la concentración de poder y la paz. La continuidad se encuentra en el método: la Iglesia escucha las preguntas de cada época, examina las realidades históricas a la luz del Evangelio y ofrece principios para pensar, criterios para discernir y orientaciones para actuar. La novedad se encuentra en la amplitud transversal de una tecnología que participa crecientemente en la organización de la vida social 11.

El capítulo primero de la encíclica reconstruye el camino histórico de la Doctrina Social de la Iglesia desde León XIII hasta Francisco. El recorrido no está puesto como una exposición enciclopédica. Su finalidad consiste en mostrar que la tradición social cristiana posee un núcleo estable y una capacidad permanente de actualización. La dignidad de la persona, el valor del trabajo, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la solidaridad, la justicia, el desarrollo humano integral, el cuidado de la creación, la fraternidad y la paz han adquirido nuevas formulaciones y aplicaciones frente a circunstancias históricas cambiantes. Magnifica humanitas se inserta conscientemente en este proceso de desarrollo orgánico 12.

Esta perspectiva permite comprender por qué la Iglesia posee una palabra pertinente ante la IA. Su aportación no consiste en ofrecer una solución técnica para cada problema. Tampoco pretende reemplazar la responsabilidad de científicos, empresarios, legisladores, instituciones civiles o comunidades educativas. La Iglesia aporta una visión integral de la persona, una sabiduría social acumulada y una práctica de discernimiento comunitario. La tradición se vuelve fecunda cuando ilumina situaciones nuevas sin abandonar sus fundamentos. La encíclica propone exactamente ese ejercicio: releer principios permanentes dentro de un contexto marcado por capacidades tecnológicas inéditas.

La IA puede ser interpretada como una nueva cuestión social porque redistribuye poder, oportunidades, riesgos y posibilidades de participación. León XIV observa que el poder tecnológico adquiere un rostro predominantemente privado. Actores transnacionales poseen recursos y capacidades superiores a los de numerosos gobiernos 13. La regulación resulta indispensable, pero la regulación por sí sola no agota la cuestión. Es necesario preguntar quién detenta el poder, hacia qué fines lo orienta, quién participa en las decisiones y quién respalda sus efectos menos visibles 14.

Esta formulación ofrece una orientación inmediata para la recepción eclesial. La Iglesia está llamada a reconocer que la Cultura de la Inteligencia Artificial forma parte de la historia concreta de los pueblos. No constituye un tema accesorio para departamentos especializados. Atraviesa la vida familiar, la educación, el trabajo, la política, la comunicación y la construcción de la paz. Tomar en serio Magnifica humanitas significa incorporar esta realidad al pensamiento y la producción teológica, a la formación pastoral, a la investigación universitaria y al discernimiento comunitario.

2. Entre Babel y Jerusalén: la humanidad que estamos construyendo

La arquitectura bíblica de la encíclica ofrece un criterio accesible y profundo para interpretar la transformación tecnológica. León XIV presenta dos imágenes: la torre de Babel, narrada en Gn 11, 1-9, y la reconstrucción de los muros de Jerusalén, relatada en Ne 2-6. La primera simboliza una construcción orientada por la pretensión de autosuficiencia, la uniformidad y la concentración del poder. La segunda representa una obra compartida que integra oración, escucha, discernimiento, liderazgo, responsabilidad comunitaria y esperanza 15.

Reconstrucción de los muros de Jerusalén
Reconstrucción de los muros de Jerusalén | AE/IA

Babel posee una actualidad evidente. La ciudad y la torre parecen expresar coordinación, eficacia y capacidad técnica. Sus habitantes comparten una lengua, una tecnología y una dirección. Sin embargo, la empresa se encuentra orientada por el deseo de perpetuar un nombre y alcanzar el cielo mediante el propio poder. León XIV identifica el engaño contenido en ese proyecto: la homogeneización elimina la diversidad, la autosuficiencia sustituye la referencia a Dios y la dignidad de las personas puede ser sacrificada en nombre de la eficiencia. Cuando la unidad se confunde con uniformidad, la comunicación termina quebrándose y la dispersión reemplaza la comunión.

Esta lectura permite reconocer un peligro específico de la Cultura de la Inteligencia Artificial. Los sistemas digitales pueden contribuir al conocimiento, la educación y la cooperación. También pueden reforzar la ilusión de que toda realidad humana puede ser medida, traducida, clasificada y optimizada. La persona corre entonces el riesgo de aparecer como un conjunto de datos, un perfil de consumo, una variable estadística o un rendimiento mensurable. El “síndrome de Babel” se manifiesta cuando la técnica pretende capturar exhaustivamente el misterio humano y cuando la eficiencia adquiere la condición de criterio absoluto 16.

La obra no surge de la imposición unilateral de una solución elaborada desde arriba. Cada grupo asume su tramo de muralla. La ciudad recupera un lenguaje común que nace de la comunión y no de la uniformidad

La imagen de Jerusalén propone otra lógica. Nehemías recibe la noticia de una ciudad herida, lleva el dolor a la oración, examina silenciosamente las ruinas, solicita ayuda, convoca a las familias, distribuye responsabilidades y afronta resistencias. El pueblo reconstruye los muros mediante una pluralidad de contribuciones. La obra no surge de la imposición unilateral de una solución elaborada desde arriba. Cada grupo asume su tramo de muralla. La ciudad recupera un lenguaje común que nace de la comunión y no de la uniformidad 17.

León XIV formula con claridad la alternativa: la primera elección no se establece entre un “sí” o un “no” a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén. Esta afirmación merece ocupar un lugar central en la recepción del documento. Permite abandonar dos posturas estériles. La primera identifica la innovación con progreso automático y considera innecesaria cualquier evaluación crítica. La segunda percibe la técnica como una amenaza esencialmente hostil y responde mediante distancia o rechazo. La encíclica invita a discernir el tipo de construcción histórica que estamos promoviendo 18.

La reconstrucción de Jerusalén posee además una dimensión eclesial. La sinodalidad se vuelve un modo de habitar la transformación. La diversidad de voces, disciplinas, culturas y experiencias puede convertirse en un recurso cuando se orienta mediante escucha, diálogo y responsabilidad compartida. Científicos, investigadores, empresarios, trabajadores, educadores, legisladores, movimientos populares, comunidades de fe y organizaciones de la sociedad civil poseen contribuciones específicas. Ninguna mano basta por sí sola para afrontar la complejidad del desafío y ninguna aportación resulta insignificante 19.

La imagen bíblica evita que el debate se limite a una lista de riesgos. La encíclica conserva una disposición fundamentalmente constructiva. Reconstruir significa convertir la pluralidad en cooperación, proteger lo expuesto, reparar vínculos y edificar condiciones de vida dignas. El horizonte no consiste en frenar la historia, sino en participar en ella con sabiduría. La pregunta relevante no es si la humanidad utilizará tecnología. La pregunta consiste en discernir cómo orientar su desarrollo para que fortalezca la justicia, la comunión y el bien común.

3. Una Iglesia que camina con la humanidad

El aporte más significativo de Magnifica humanitas para la vida eclesial quizá se encuentre en su comprensión de la presencia cristiana en la historia. León XIV describe una Iglesia que entra en diálogo con los hombres y mujeres de su tiempo, comparte sus acontecimientos, preguntas y aspiraciones, e identifica junto con ellos nuevos caminos para el bien común y para una vida digna. El diálogo no aparece como una estrategia ocasional. Forma parte integrante de la vocación eclesial, porque el Evangelio interpela y acompaña la experiencia humana 20.

Esta formulación recoge el espíritu del Concilio Vaticano II. La Iglesia habita el mundo como signo de unidad para la familia humana. Reconoce la legítima autonomía de las realidades terrenas y respeta la responsabilidad propia de la comunidad política. Su misión no consiste en ocupar el lugar de las instituciones civiles. Su presencia se expresa mediante cercanía, escucha, servicio y discernimiento. Cuando interviene en los asuntos sociales, lo hace movida por la caridad evangélica y por la responsabilidad de permanecer próxima a las heridas concretas de la humanidad 21.

La encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa León XIV
La encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa León XIV | Isabel Villavecchia

La encíclica aplica esta comprensión a la transformación digital. La Iglesia no contempla la Cultura de la Inteligencia Artificial desde la distancia. Participa en los caminos mediante los cuales la sociedad crece y se organiza. Esta participación exige una actitud intelectualmente rigurosa. El documento reconoce la contribución de la filosofía, las ciencias humanas y sociales, y la investigación científica. La fe no teme el encuentro con los saberes contemporáneos. El diálogo interdisciplinario ayuda a comprender con mayor claridad las dinámicas económicas, políticas, culturales y educativas que acompañan el desarrollo tecnológico 22.

Esta disposición tiene consecuencias concretas para la teología. Magnifica humanitas invita a las academias y a las universidades a revitalizar los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, reconsiderándolos de manera que resulten eficaces para afrontar la revolución digital. León XIV afirma que la investigación teológica y filosófica puede profundizar y sostener el camino pastoral de la Iglesia, iluminar la conciencia de los creyentes y orientar su compromiso por sociedades más justas y fraternas 23.

La teología recibe así una agenda de investigación de gran amplitud. Necesita examinar la comprensión de la persona, la relación entre inteligencia humana y sistemas computacionales, el valor del cuerpo, la dignidad del trabajo, la formación de la conciencia, la verdad pública, el acceso al conocimiento, la desigualdad tecnológica, la propiedad de los datos, la responsabilidad de los desarrolladores, la gobernanza democrática y la paz. Esta agenda no surge de una fascinación coyuntural por la tecnología. Brota de la misión de acompañar la historia desde el Evangelio.

La pastoral también queda interpelada. El acompañamiento cristiano no puede reducirse a advertencias generales acerca de los peligros de internet o de las redes sociales. La Cultura de la Inteligencia Artificial atraviesa ya la experiencia cotidiana de niños, jóvenes, familias, trabajadores y comunidades. Los agentes pastorales necesitan comprender sus lenguajes, reconocer sus posibilidades, discernir sus límites y ayudar a formar criterios. La formación digital debe integrarse gradualmente en la catequesis, la educación en la fe, la preparación de líderes, la vida comunitaria y la acción social.

La conclusión de la encíclica intensifica esta orientación. León XIV invita a “considerar el mundo digital como un nuevo continente por evangelizar, que requiere misioneros generosos y maduros en la fe” 24. La imagen no autoriza una colonización religiosa de los espacios digitales. Expresa una responsabilidad misionera: habitar este ambiente con discernimiento, testimonio, creatividad y madurez. El texto convoca además a entrar en los lugares donde se construye el presente, laboratorios de investigación, empresas tecnológicas, escuelas, medios de comunicación, instituciones y comunidades locales 25.

Esta invitación corrige cualquier forma de pasividad eclesial. La Iglesia no está llamada a comentar tardíamente una transformación ya consumada. Puede contribuir mientras la historia permanece abierta. Su tarea incluye formar conciencias, promover alianzas, apoyar investigaciones responsables, escuchar a quienes quedan expuestos, participar en debates públicos y ofrecer una antropología capaz de mantener viva la pregunta por el sentido humano del progreso.

4. Custodiar la persona y desarmar la inteligencia artificial

El centro antropológico de Magnifica humanitas se encuentra en la dignidad inviolable de la persona. León XIV fundamenta esta dignidad en el misterio del Dios trinitario y en la Encarnación. El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, llamado a la relación, a la comunión y a la entrega de sí. Jesucristo revela plenamente el misterio humano porque su vida manifiesta una libertad abierta a los demás, capaz de construir relaciones solidarias y de realizar el don total de sí 26.

Esta antropología ofrece un criterio fundamental para evaluar la inteligencia artificial. El valor de la persona no depende de sus capacidades, riquezas, funciones, decisiones, eficiencia o productividad. Su dignidad “es un don que la precede y la excede” 27. Ninguna tecnología puede concederla, incrementarla, sustituirla o cancelarla. Esta afirmación adquiere especial relevancia en sistemas sociales que tienden a medir a las personas mediante indicadores de rendimiento, perfiles de comportamiento, valor económico o capacidad de consumo 28.

León XIV advierte que el paradigma tecnocrático puede normalizar una visión antihumana según la cual la plenitud consistiría en tener más, eliminar lo imprevisto, reducir la fragilidad y controlarlo todo

La custodia de lo humano requiere proteger esta dignidad ontológica frente a toda reducción funcionalista. La IA puede procesar grandes cantidades de información, reconocer patrones, producir contenidos y asistir en tareas complejas. Estas capacidades no convierten a la máquina en persona. Tampoco autorizan a interpretar la vida humana desde una única dimensión cuantificable. León XIV advierte que el paradigma tecnocrático puede normalizar una visión antihumana según la cual la plenitud consistiría en tener más, eliminar lo imprevisto, reducir la fragilidad y controlarlo todo. Cuando la eficiencia se vuelve medida de valor, la persona empieza a considerarse como un proyecto que debe optimizarse, en lugar de reconocerse como criatura llamada a la relación y a la comunión 29.

La categoría “desarmar” ofrece una de las formulaciones más fecundas de la encíclica. León XIV utiliza expresamente esta palabra al referirse a la IA. “Desarmar” significa “sustraerla” de una competencia armamentística que ya posee dimensiones militares, económicas y cognitivas. Significa romper la equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Significa sustraerla de los monopolios, hacerla discutible, refutable y habitable, restableciendo la pluralidad de culturas y formas de vida. El Papa afirma que la IA constituye ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar 30.

Magnifica humanitas
Magnifica humanitas

La fuerza de esta categoría merece ser comprendida adecuadamente. Desarmar no equivale a renunciar a la tecnología. Significa impedir su dominio sobre lo humano. La regulación conserva una función indispensable, pero la tarea alcanza una profundidad mayor. Es necesario examinar las visiones antropológicas incorporadas al diseño, las estructuras económicas que determinan prioridades, los criterios mediante los cuales se definen los objetivos y las relaciones de poder que la innovación puede reforzar. Cada decisión tecnológica expresa una comprensión de la humanidad.

Esta última afirmación aparece explícitamente en la encíclica. León XIV dirige un llamado a quienes desarrollan sistemas de IA y les recuerda que cada elección de proyecto expresa una visión humana. Los desarrolladores llevan una responsabilidad ética y espiritual. La innovación puede comprenderse, en cierto modo, como una participación humana en el acto creador, siempre que se cultive realmente un bien y que exista transparencia y responsabilidad hacia las comunidades involucradas 31.

Esta perspectiva ofrece una orientación constructiva para creyentes vinculados con ciencia, ingeniería, programación, educación, políticas públicas, comunicación y empresas tecnológicas. Su trabajo forma parte del espacio concreto donde se configura el futuro. La vocación cristiana puede expresarse mediante decisiones de diseño, evaluación de impactos, protección de los vulnerables, creación de mecanismos de corrección y compromiso con la transparencia. La espiritualidad no se separa de la responsabilidad profesional. La fe anima a verificar qué visión de la persona queda inscrita en las arquitecturas tecnológicas.

La custodia de lo humano incluye además la aceptación del límite y de la fragilidad. La encíclica cuestiona las narrativas que interpretan la vulnerabilidad como un error que debe ser eliminado. La corporalidad, la dependencia mutua y la necesidad de cuidado pertenecen a la condición humana. La Encarnación ofrece aquí un criterio decisivo. Dios no salva a la humanidad desde una distancia abstracta, sino que asume la carne. El cuerpo vulnerable conserva una dignidad que ninguna promesa de optimización ilimitada puede reemplazar.

5. Del discernimiento a la acción: gobernanza, educación, trabajo y libertad

La orientación antropológica de Magnifica humanitas se traduce en criterios operativos. León XIV insiste en que la inteligencia artificial debe ser gobernada. La pregunta ética no se limita al comportamiento individual de los usuarios. Alcanza la distribución del poder, la propiedad de los datos, la participación de las comunidades y la responsabilidad de las instituciones. La IA tiende a aumentar especialmente el poder de quienes ya disponen de recursos económicos, competencias y acceso a datos. Pequeños grupos influyentes pueden orientar información y consumo, condicionar procesos democráticos e incidir en dinámicas económicas en beneficio propio 32.

La encíclica propone respuestas concretas. El uso de la IA, especialmente cuando involucra bienes públicos y derechos fundamentales, debe estar acompañado por criterios claros y controles efectivos. Las comunidades y los cuerpos intermedios necesitan participar en el discernimiento y la vigilancia. La propiedad de los datos requiere regulación, porque los datos son fruto de contribuciones múltiples y no pueden quedar confiados exclusivamente a unos pocos actores privados 33.

Los principios tradicionales de la Doctrina Social de la Iglesia adquieren aquí una renovada capacidad crítica. El bien común permite nombrar las asimetrías económicas, políticas y epistémicas. El destino universal de los bienes exige buscar formas de acceso universal a las tecnologías y a la formación. La subsidiariedad protege la capacidad de las comunidades para decidir y corregir. La solidaridad visibiliza el trabajo oculto que alimenta modelos algorítmicos. La justicia exige examinar quién puede programar y quién queda reducido a objeto de programación. León XIV formula un criterio especialmente importante: la justicia social debe incorporarse desde el diseño mismo de la tecnología 34.

Esta afirmación tiene relevancia para instituciones eclesiales y educativas. La ética no debe aparecer al final del proceso, como una corrección añadida cuando el sistema ya se encuentra desplegado. La responsabilidad comienza con la definición de objetivos, la selección de datos, la identificación de usuarios, la evaluación de daños previsibles y la incorporación de mecanismos de recurso. Una cultura ética del diseño requiere participación interdisciplinaria, formación adecuada y voluntad institucional.

La verdad pública constituye otro ámbito decisivo. La encíclica reconoce que los flujos incesantes de información, opiniones e imágenes pueden influir en decisiones y preferencias mediante algoritmos sofisticados. El desafío alcanza la democracia, la confianza social y la libertad interior. La Iglesia está llamada a promover una relación responsable con la información, a cuidar la búsqueda de la verdad y a fortalecer prácticas de discernimiento capaces de resistir la manipulación y la simplificación 35.

León XIV firma Magnifica Humanitas
León XIV firma Magnifica Humanitas | Vatican Media

La educación ocupa un lugar estratégico. León XIV identifica desafíos pedagógicos, intelectuales y sapienciales. Los sistemas educativos necesitan actualizar planes de estudio, métodos de evaluación y formas de acompañamiento. Los docentes requieren formación continua para dialogar positivamente con las nuevas tecnologías y ayudar a los estudiantes a utilizarlas de manera responsable, crítica y creativa. La escuela ofrece algo que lo digital por sí solo no puede proporcionar: tiempo compartido para aprender y relaciones fiables 36.

La encíclica advierte también acerca de la fragmentación del conocimiento. El flujo de información puede sustituir la investigación, la reflexión y el discernimiento. Una acumulación de contenidos no garantiza sabiduría. La formación humana requiere silencio, lectura, estudio reflexivo, atención, análisis ponderado y preguntas acerca del sentido. Esta perspectiva resulta especialmente relevante para universidades, escuelas, centros de formación pastoral y comunidades cristianas. La alfabetización digital necesita incluir una pedagogía de la atención y una educación de la libertad interior 37.

El trabajo constituye otro campo prioritario. La automatización, la robótica y la IA están transformando rápidamente su estructura. León XIV reconoce la posibilidad de liberar a las personas de tareas pesadas, repetitivas o peligrosas. Al mismo tiempo, advierte que los enfoques actuales pueden desespecializar a trabajadores, someterlos a vigilancia automatizada y obligarlos a adaptarse a la velocidad de las máquinas. La orientación ética exige diseñar sistemas centrados en la persona y proteger el papel insustituible del trabajo humano 38.

El empleo no constituye solamente un medio de subsistencia. Es espacio de expresión, cooperación, responsabilidad y contribución a la comunidad. La reducción acelerada de puestos de trabajo puede generar precariedad

La encíclica vincula trabajo, dignidad, familia y paz social. El empleo no constituye solamente un medio de subsistencia. Es espacio de expresión, cooperación, responsabilidad y contribución a la comunidad. La reducción acelerada de puestos de trabajo puede generar precariedad, desigualdad e inactividad forzada. Las respuestas deben atender a contextos locales y nacionales, fortalecer la participación comunitaria y reconocer que una transición tecnológica desigual produce efectos diferentes en cada territorio 39.

Custodiar la libertad implica además reconocer los riesgos de dependencia, mercantilización y control social. La expansión tecnológica puede convertir hábitos, preferencias y relaciones en objetos de explotación. La responsabilidad compartida demanda políticas públicas, formación crítica, instituciones capaces de proteger derechos y comunidades que acompañen a las personas más expuestas. La libertad crece cuando la tecnología permanece integrada dentro de relaciones humanas sólidas y cuando las personas conservan capacidad real para comprender, decidir y corregir.

6. De la cultura del poder a la civilización del amor

La reflexión social de Magnifica humanitas culmina en una alternativa cultural. León XIV contrapone la “cultura del poder” y la “civilización del amor”. La primera absolutiza la fuerza, normaliza la competencia, convierte la diferencia en amenaza y utiliza la tecnología como instrumento de dominio. La segunda traduce la caridad en estructuras de justicia, da forma institucional a la fraternidad y reconoce al otro, persona o pueblo, como aliado necesario en la construcción del bien común 40.

La inteligencia artificial se desarrolla dentro de un mundo marcado por guerras, polarizaciones y debilitamiento del multilateralismo. Su aplicación militar intensifica preguntas éticas urgentes. La automatización puede acelerar decisiones, dificultar la atribución de responsabilidades y aumentar la distancia entre la acción y sus consecuencias humanas. León XIV reafirma la responsabilidad insustituible de la persona y reclama límites capaces de proteger la dignidad y la paz 41.

La civilización del amor no constituye una fórmula sentimental. Expresa un proyecto social exigente. Requiere instituciones justas, participación, solidaridad, cuidado de las víctimas, diplomacia y diálogo. Su realización depende de acciones concretas y de una cultura capaz de desarmar también las palabras. La paz se construye mediante decisiones políticas, económicas, educativas y comunicativas que protejan la vida y reduzcan las lógicas de exclusión.

Este horizonte permite comprender la dimensión positiva de la encíclica. La tecnología puede conectar personas, instituciones y pueblos. Puede ampliar el acceso al conocimiento, apoyar procesos educativos, colaborar con tareas humanas y contribuir a solucionar problemas complejos. Su fecundidad depende de la orientación que recibe. La innovación encuentra su sentido cuando fortalece relaciones, amplía la participación, protege la dignidad y sirve a una convivencia más justa.

La esperanza cristiana sostiene esta tarea. León XIV evita tanto el miedo paralizante como la confianza ingenua. La historia permanece abierta a la responsabilidad humana y a la acción del Espíritu. La Iglesia puede contribuir a construir condiciones de vida más humanas. El futuro tecnológico no está completamente determinado por una lógica inevitable. Puede ser orientado mediante decisiones personales, institucionales y políticas.

7. Incorporar Magnifica humanitas al pensamiento y a la acción de la Iglesia

Tomar proactivamente en serio Magnifica humanitas exige convertir su orientación en procesos concretos de recepción. La encíclica no debe quedar restringida a especialistas en ética tecnológica ni a comentarios ocasionales. Su propuesta afecta la formación cristiana, la investigación teológica, la educación, la pastoral, la acción social, la comunicación eclesial y la participación pública de los creyentes.

-La primera tarea consiste en integrar la Cultura de la Inteligencia Artificial dentro de la reflexión teológica. Las facultades, seminarios, universidades católicas y centros de formación necesitan promover estudios que relacionen antropología cristiana, ética, Doctrina Social de la Iglesia y transformación digital. El objetivo no consiste en añadir una unidad temática aislada. Se trata de reconocer que la IA plantea preguntas transversales acerca de la persona, la verdad, el trabajo, la justicia, la libertad, la comunión y la paz.

-La segunda tarea consiste en fortalecer la formación pastoral. Sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos, catequistas, agentes pastorales y líderes laicos requieren herramientas para comprender el ambiente digital que habitan sus comunidades. Esta formación debe combinar criterios teológicos, conocimiento básico del funcionamiento de los sistemas, lectura crítica de sus efectos y capacidad para acompañar a familias, jóvenes y educadores. La pastoral digital adquiere una profundidad mayor cuando se relaciona con la vida concreta de las personas y con las estructuras que condicionan su experiencia.

-La tercera tarea corresponde a la educación. Las escuelas y universidades católicas pueden ofrecer una contribución distintiva si integran competencia técnica, formación ética y cultivo de la sabiduría. El objetivo consiste en preparar personas capaces de utilizar herramientas de IA, comprender sus límites, reconocer sus efectos sociales y orientar su creatividad hacia el bien común. La formación del juicio resulta tan importante como la adquisición de habilidades. La escuela puede educar para una libertad que no se limite a consumir contenidos, sino que aprenda a discernir, dialogar y crear responsablemente.

-La cuarta tarea consiste en participar en la conversación pública. La encíclica invita a entrar en los espacios donde se configura el futuro. La Iglesia puede colaborar con universidades, empresas, legisladores, organizaciones civiles y comunidades locales para promover gobernanza, transparencia, acceso equitativo, protección de datos, evaluación de impactos y defensa de los vulnerables. Su contribución será más fecunda cuando combine principios firmes, escucha interdisciplinaria y disposición a construir alianzas.

-La quinta tarea implica mirar desde las periferias. La pregunta por la IA debe incluir a quienes poseen menor capacidad de incidir en su desarrollo. Trabajadores expuestos a automatización, comunidades con acceso limitado a formación, niños y jóvenes sometidos a flujos digitales intensos, personas vulnerables frente a la vigilancia y territorios afectados por desigualdades económicas necesitan ocupar un lugar central. La mirada cristiana evalúa el progreso desde la dignidad de cada persona y desde el bien de los pueblos.

Presentación de 'Magnifica humanitas' en el Vaticano
Presentación de 'Magnifica humanitas' en el Vaticano | EFE

La conclusión de Magnifica humanitas ofrece una síntesis motivadoramente fecunda. León XIV vuelve a Nehemías y propone reconocer en él una parábola de nuestra vocación. La transformación digital requiere mujeres y hombres que no permanezcan como “espectadores resignados” ni como “simples comentaristas de las ruinas”. Requiere personas dispuestas a entrar en las obras de la historia, escuchar, orar, discernir, organizar el trabajo y proteger lo expuesto 42.

Esta imagen resume el carácter proactivo de la recepción. La Iglesia puede acompañar la transformación desde una esperanza activa. Su aporte no consiste en bendecir indiscriminadamente cada novedad ni en levantar barreras frente a todo cambio. Consiste en participar con sabiduría, custodiar la persona, fortalecer vínculos, defender la justicia y orientar el desarrollo tecnológico hacia una ciudad más habitable.

Conclusión. Una esperanza que construye

Magnifica humanitas ofrece a la Iglesia una oportunidad histórica para renovar su presencia en la cultura contemporánea. León XIV interpreta la inteligencia artificial como una transformación profunda que alcanza la vida cotidiana, las instituciones, el imaginario colectivo y las relaciones de poder. Su respuesta se apoya en la tradición viva de la Doctrina Social de la Iglesia y en una antropología cristológica capaz de recordar que la dignidad humana precede toda capacidad, productividad y rendimiento.

La alternativa entre Babel y Jerusalén conserva toda su fuerza. Babel representa la autosuficiencia, la homogeneización y el sacrificio de la persona en nombre de la eficiencia. Jerusalén expresa la reconstrucción compartida, la escucha, el discernimiento, la pluralidad y la comunión. La Cultura de la Inteligencia Artificial puede convertirse en escenario de ambas posibilidades. Su orientación depende de decisiones humanas, estructuras económicas, instituciones políticas, prácticas educativas y compromisos comunitarios.

La encíclica invita a desarmar la IA, liberándola de la lógica del dominio, de los monopolios y de la equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. También convoca a hacerla habitable. Esta tarea necesita desarrolladores responsables, instituciones transparentes, políticas públicas, educación crítica, investigación interdisciplinaria y comunidades capaces de acompañar a las personas más vulnerables.

La encíclica invita a desarmar la inteligencia artificial, liberándola de la lógica del dominio, de los monopolios y de la equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Al mismo tiempo, convoca a hacerla habitable, es decir, a orientarla decididamente hacia el servicio de la persona humana y del bien común. Esta tarea requiere desarrolladores responsables, instituciones transparentes, políticas públicas justas, educación crítica, investigación interdisciplinaria y comunidades cristianas capaces de acompañar especialmente a los más vulnerables.

La Iglesia posee una responsabilidad específica en este proceso. Puede y debe entrar proactivamente en diálogo, formar conciencias, cultivar sabiduría, tejer alianzas y participar activamente en los espacios donde se está configurando el futuro tecnológico. Su aportación más propia consiste en recordar que la técnica solo alcanza su sentido pleno cuando sirve a la vida, fortalece la justicia y construye paz; y en anunciar que la fragilidad humana no es un error que deba corregirse, sino un rasgo constitutivo de una humanidad llamada a la compañía, la comunión y el cuidado recíproco.

Magnifica humanitas no se limita a diagnosticar los riesgos de la inteligencia artificial ni a proponer principios abstractos. Ofrece una orientación concreta, esperanzadora y motivadora: la de quienes, como Nehemías, deciden no permanecer como espectadores ante las ruinas de su tiempo, sino asumir la responsabilidad de reconstruir, con realismo y con otros, una ciudad más habitable. Esa es la actitud que León XIV en su primera encíclica, propone a la Iglesia y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad en la era de la inteligencia artificial.

Notas

1 León XIV, Magnifica humanitas, n. 1

2 Ibid.

3 León XIV, Magnifica humanitas: Carta encíclica sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la

inteligencia artificial (15 de mayo de 2026), n. 1, https://www.vatican.va/content/leo-

xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html.

4 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 4-5.

5 León XIV, Magnifica humanitas, n. 16

6 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 6, 16.

7 León XIV, Magnifica humanitas, n. 4

8 La expresión “Cultura de la Inteligencia Artificial” se emplea en este artículo como categoría interpretativa del

autor. Su fundamento textual se encuentra en León XIV, Magnifica humanitas, nn. 4, 6, 90, 110.

9 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 4, 29.

10 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 3-4, 17.

11 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 3-4, 28-45.

12 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 28-45.

13 Cf. León XIV, Magnifica humanitas, n. 5.

14 León XIV, Magnifica humanitas, n. 5.

15 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 7-9.

16 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 10.

17 León XIV, Magnifica humanitas, n. 8.

18 León XIV, Magnifica humanitas, n. 9.

19 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 10-14, 86.

20 León XIV, Magnifica humanitas, n. 2.

21 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 18-24.

22 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 23-24.

23 León XIV, Magnifica humanitas, n. 47.

24 León XIV, Magnifica humanitas, n. 238

25 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 238, 241.

26 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 48-50.

27 León XIV, Magnifica humanitas, n. 50.

28 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 51-53.

29 León XIV, Magnifica humanitas nn. 112-113.

30 León XIV, Magnifica humanitas, n. 110.

31 León XIV, Magnifica humanitas, n. 111.

32 León XIV, Magnifica humanitas, n. 108.

33 León XIV, Magnifica humanitas, n. 108.

34 León XIV, Magnifica humanitas, n. 109.

35 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 131-143, 237.

36 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 145, 147.

37 León XIV, Magnifica humanitas, n. 146.

38 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 150-152.

39 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 151-154.

40 Cf. León XIV, Magnifica humanitas, nn. 182-188.

41 León XIV, Magnifica humanitas, nn. 193-200.

42 León XIV, Magnifica humanitas, n. 241.

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