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Crónica de la inauguración del IV Encuentro de Pastoral Educativa para América
Ayer en horas de la tarde de Bogotá en Colombia y tranmisión online, el secretario general de CIEC, Oscar A. Pérez Sayago, da apertura al IV Encuentro de Pastoral Educativa para América. Bienvenidos al IV Encuentro de Pastoral Educativa para América.
Muchas gracias por asistir a esta invitación en medio de las dificultades económicas, sociales, educativas y pastorales producto del COVID-1; gracias por la alegría que tienen, por el camino que se han animado a realizar y a recorrer de manera virtual, por el esfuerzo y dedicación que tienen a diario en la Escuela Católica en sus países, eso se llama heroísmo.
¡Basta una persona buena para que haya esperanza! ¡Y cada uno de nosotros puede ser esa persona!
Los encuentros de pastoral educativa de CIEC nacieron con el objetivo de continuar la misión de Jesús y de la Iglesia desde la educación. Recuerdo el primero en Ecuador, luego en República Dominicana y el anterior en Panamá. Así, el gran reto de la educación en todas sus formas, en la escuela y sobre todo en la vida, es ser una de las influencias más eficaces para crear una conciencia y unas prácticas que apunten hacia otro tipo de mundo.
En esta ocasión, nos encontramos virtualmente para desarrollar el tema: ¿Cómo aprender a ser hermanos y hermanas? No estamos ante una opción que podemos asumir o no, sino ante una exigencia para la continuidad de nuestra vida en este planeta. Nos encontramos en una situación que amenaza nuestra especie y nuestra civilización. La Covid-19 que está afectando a toda la humanidad debe ser interpretada como una señal de la Madre Tierra de que no podemos continuar con la dominación y devastación de todo lo que existe y vive. O hacemos, como advierte el Papa Francisco “una radical conversión ecológica” (nº 5) o ponemos en peligro nuestro futuro como especie: “Las previsiones catastróficas ya no se pueden mirar con desprecio e ironía. Nuestro estilo de vida y nuestro consumismo insostenibles solo pueden desembocar en catástrofes” (Laudato Si’, nº 161).
En la Frateli tutti es más contundente: “Estamos en el mismo barco, nadie se salva solo, solo podemos salvarnos juntos” (nº 32). Se trata de una última carta para la humanidad.
Por eso en esta oportunidad hemos desarrollado el contenido del encuentro ¿Cómo aprender a ser hermanos y hermanas? en tres temas específicos:
Solo nos queda recorrer este camino de la fraternidad universal y del amor social porque entonces podremos continuar, bajo la luz bienhechora del sol y la paternidad de nuestro buen Dios sobre este pequeño planeta, azul y blanco, la Tierra, nuestro querido hogar y Casa Común. MUCHAS GRACIAS.
En primer lugar, se nos impone toda una reconversión; se nos plantea a todos la necesidad de una revolución cultural, un cambio sustancial en la manera de experimentar la realidad y las relaciones humanas y con la naturaleza, una transformación en el modo de interpretar la vida, de vivir y de convivir.
En segundo lugar, se nos impone el paso del antropocentrismo al biocentrismo, es decir, pasar de una visión de los seres humanos como dueños y dominadores de la naturaleza a entendernos como seres entre los demás seres vivos, como seres que tenemos que vivir en armonía y comunión con el resto de la naturaleza, a entendernos a nosotros mismos como un elemento más en la naturaleza que tenemos que compartir, no dominar ni disponer de ella arbitrariamente a nuestro antojo; entender la vida humana dentro del conjunto universal de la vida en el cosmos.
El biocentrismo significa principalmente crear un conjunto de relaciones por las cuales todos los seres podamos tener garantizada la vida. Significa llegar a comprender el universo como una unidad de vida, de la que participamos todos los seres que lo poblamos. En este camino al biocentrismo, la responsabilidad de la especie humana, a diferencia de las otras especies vivas, es la de administradora y guardiana de la naturaleza, por su capacidad de conocimiento, reflexión, predicción.
En tercer lugar, el camino hacia la conversión ecológica está señalado por la superación de la racionalidad instrumental, como único criterio de la acción humana, y la integración del pathos (sentimiento) y del eros (comunión afectiva y amorosa) también en las relaciones con la naturaleza.
El pathos nos conducirá a un modo distinto de relacionarnos con la naturaleza y el cosmos, a una manera de estar en el mundo y estar con el mundo; no sobre las cosas dominándolas, sino junto a ellas, como hermanos y hermanas en una misma casa común.
Esto significaría, a su vez, la recuperación del eros; el logro de una mayor unidad, sintonía y simpatía entre todos los seres de la naturaleza y el cosmos: de relaciones de cariño, ternura, de simbiosis.
La pedagogía de la Escuela Católica al vivir la conversión y espiritualidad ecológica nos induce a propiciar en el ámbito educativo, una renovada mística de la creación y a reconocer nuestra autentica vocación de ser custodios de la creación.
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