Obituario: en la muerte del último cardenal de Sevilla Adiós, amigo. Adiós, Amigo

Amigo, con Bastante, Vidal y el padre Angel
Amigo, con Bastante, Vidal y el padre Angel

Nos deja el cardenal Amigo, don Carlos Amigo. A quien tanto debo. Cuya generosidad me permitió capear no pocos temporales en los tiempos difíciles. El único que, en un momento especialmente difícil, y cuando los enemigos de la dignidad querían rematar la presa cobrada, se atrevió a alzar la voz y exigir respeto. Nunca podré agradecérselo lo suficiente.

Y es que el cardenal Amigo fue siempre un faro de dignidad, apertura, diálogo y entrega. Para todo aquel que le necesitaba. Todos nos quedamos un poco huérfanos hoy.

Amigo nunca dejó de tender la mano, nunca dejó de ocuparse, y de preocuparse, por quienes pasaban por su vida. En Religión Digital conservamos magníficos recuerdos, y ejemplos, de su palabra abierta y abierta a todos. Una 'partera', imprescindible, profética, de la primavera de Francisco

Echaremos de menos esa voz clara, ese discurso que llenaba el auditorio, que hacía bambolear a la audiencia. Y también esa mirada llena de luz. Que desde hoy nos acompaña desde el cielo. A punto de arrancar la Feria de Abril. En una Sevilla que hoy, también, llora a su último cardenal. Gracias por todo

Escribo desde el lecho del dolor. Desde otro dolor, el de una madre postrada. Y escribo desde el dolor. El de corazón, por la muerte de una de las personas con mejor músculo, con mejor latido, de las que he podido conocer en más de 25 años de profesión.

Nos deja el cardenal Amigo, don Carlos Amigo. A quien tanto debo. Cuya generosidad me permitió capear no pocos temporales en los tiempos duros. El único que, en un momento especialmente difícil, y cuando los enemigos de la dignidad querían rematar la presa cobrada, se atrevió a alzar la voz y exigir respeto. Nunca podré agradecérselo lo suficiente.

Siempre he sido enemigo de los periodistas que se dicen amigos de sus fuentes, o de las instituciones de las que han de informar. Creía (y creo) que pasar de la amistad al compadreo, y de este, a la desinformación, a la "corrupción" informativa, va un paso. Pero me siento orgulloso de decir que quería, y mucho, al cardenal Amigo. Como quiero a otros obispos a los que mejor no nombro no les vayan a hacer un traje los guardianes de las esencias.

El cardenal Amigo, en Roma.
El cardenal Amigo, en Roma.


Y es que el cardenal Amigo fue siempre un faro de dignidad, apertura, diálogo y entrega. Para todo aquel que le necesitaba. Todos nos quedamos un poco huérfanos hoy. Desde su cama de urgencias, con un hilo de voz, mi madre recuerda aquel espléndido viaje a Sevilla para presentar mi biografía apresurada de 'Benedicto XVI, el nuevo Papa' (Esfera de los Libros) en 2005, que don Carlos presentó, y el cuidado exquisito que profesó a mis padres. Hoy, Amigo, estará conversando con mi padre en el cielo.

En los años oscuros, en los días en que cuervos tristes merodeaban por su presa, el cardenal Amigo no sólo habló, con esa voz rotunda, aplacando a las hienas, sino que quiso volver a acompañarme en la presentación de mi primera novela, 'Cisma' (Ediciones B), en una magnífica librería-teatro, que ya no existe como tal, en la calle Sierpe. Las mismas hienas que quisieron cobrar venganza contra este hombre De Dios, que afrontó los cambios sin ceder a la tentación de la queja. Un castellano de honor con alma andaluza y corazón en la frontera.

Carlos Amigo Vallejo
Carlos Amigo Vallejo Agencias


Amigo nunca dejó de tender la mano, nunca dejó de ocuparse, y de preocuparse, por quienes pasaban por su vida. En Religión Digital conservamos magníficos recuerdos, y ejemplos, de su palabra atenta y abierta a todos. Una 'partera', imprescindible, profética, de la primavera de Francisco. Como lo demostró en otra presentación (la tercera, qué suerte tuve), esta vez en Madrid, de mi 'Carlos Osoro, el peregrino' (2014, Esfera de los Libros). Ambos cardenales, tan de la mano en tantas cosas, tan atacados también. A veces, en lo bueno es válido aquello de 'Dios los cría'...y el Evangelio les junta.

Desde el lecho del dolor, recordamos a don Carlos. Y abrazamos en la distancia, en un segundo plano, donde siempre quiso estar, a su (nuestro) hermano Pablo. Si hoy todos nos sentimos un poco huérfanos, no puedo imaginar cómo andará ese corazón roto. Echaremos de menos esa voz clara, ese discurso que llenaba el auditorio, que hacía bambolear a la audiencia. Y también esa mirada llena de luz. Que desde hoy nos acompaña desde el cielo. A punto de arrancar la Feria de Abril. En una Sevilla que hoy, también, llora a su último cardenal. Gracias por todo.

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