Asenjo y las cofradías
No ha entrado precisamente con buen pie monseñor Asenjo con las cofradías sevillanas. E igual que entender una diócesis sin su pastor es imposible, tratar de comprender la Iglesia en Sevilla sin el impulso de sus cofradías. Y, ojo, sin su poder. La pretendida imposición del arzobispo de Sevilla para que la Hermandad de Triana cediera a su Cristo de las Tres Caídas para la JMJ de Madrid, sin más explicaciones, no gustó para nada en Sevilla. "Que el Papa venga a Sevilla", se escuchó decir entre los cofrades.
La negativa a entregar el paso provocó rabia e indignación en monseñor Asenjo, probablemente más preocupado por agradar a su amigo y protector Rouco Varela que en ocuparse de las necesidades de su rebaño. Su antecesor, Amigo Vallejo, supo como nadie colocar a la Iglesia de Sevilla en el centro del mundo, sin perder su identidad ni su eclesialidad. Ya se ha demostrado que el camino iniciado funciona. Y cuando algo funciona, mejor no inventar. Porque se corre el riesgo de quedar condenado al ostracismo. Y Asenjo es un buen hombre que tiene dentro de sí a un gran pastor de la Iglesia. Ojalá pueda demostrarlo, y ser obispo de todos, en nuestra querida Sevilla.
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