Ayer, el Papa protagonizó uno de esos momentos que quedan grabados en la mente y el corazón de cualquiera que conozca la historia. En el
Parlamento británico, justo en el mismo lugar en el que fuera condenado
Tomás Moro por mantenerse fiel a su fe, Benedicto XVI lanzó un histórico mensaje sobre la
vigencia de la religión y de lo religioso en el mundo actual, y acerca de la importancia de la coherencia, en la vida privada y en la pública. El espíritu de Moro, traicionado por los suyos, condenado por aquellos que le amaban y le aconsejaban, abandonado por sus servidores, se palpaba en el ambiente.
Poco después, y ante líderes de otra confesiones religiosas, el Santo Padre
imploraba por la unidad de los cristianos en Westminster, un lugar que ningún otro Papa ha pisado jamás. En la misa que dará comienzo en breves instantes, se prevé que Benedicto XVI hable,
por primera vez en un acto eucarístico, de los abusos sexuales.
Benedicto XVI actúa en conciencia y coherentemente. Muchos de los que le aplauden y acompañan desearían que no fuera tan lejos en su camino. Rodeado de incomprensiones, palos en las ruedas e intentos de sabotaje, el Papa prosigue recorriendo un peregrinaje de coherencia.
Un nuevo Tomás Moro. Aunque le cueste la vida.
baronrampante@hotmail.es