Burda campaña contra Sistach a dos meses de la visita papal

Dice un antiguo refrán que guárdeme Dios de mis amigos que de mis enemigos ya me ocupo yo. El dicho viene que ni pintado para la situación que, desde hace más de dos años, viene viviendo el cardenal de Barcelona, Lluis Martínez Sistach, desde lo más profundo de una caverna que quiere "limpiar" la Iglesia (su retorcido concepto de Iglesia, claro) de todo aquel que se aparta medio milímetro de la cueva. La última campaña ha venido de la mano de una supuesta complicidad de las diócesis de Tarrasa (Sáiz Meneses) y Barcelona (Sistach) con hospitales que practicaban abortos.

Lo que se ha demostrado rotundamente falso. Como Meneses -gran obispo y mejor persona- cae bien a la caverna, ha bastado con la explicación de la diócesis. No ha pasado así con Sistach, pese al comunicado del Cabildo en el que niega que se practiquen abortos. Da igual: hay que acabar con Sistach, y no importa que la campaña se lleve a cabo cuando restan dos meses para la histórica visita de Benedicto XVI a la Ciudad Condal. Una visita que se ha fraguado sin el consentimiento de los ideólogos de la caverna, que todavía hoy no son capaces de aceptar que el cardenal de Barcelona, y su trabajo, están avalados por el propio Pontífice.

Otros, amparados en el anonimato -muchos sabemos quiénes son, pero depende de ellos mismos continuar o abandonar su cobarde estrategia-, siguen insultando y mofándose del cardenal de Barcelona. Cuánta razón tenía Benedicto XVI al afirmar, hace pocas semanas, que los auténticos males de la Iglesia no vienen del mundo, sino de los pecados de los que se dicen sus hijos más fieles. "Guárdeme Dios de mis amigos..."

baronrampante@hotmail.es
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