El Papa habla, y muchos tienen que buscar su sitio
Cuando comenzaron a surgir los escándalos, aquellos que se dicen cercanos al Papa negaron la mayor. Cuando Benedicto XVI comenzó a hablar del horror de los abusos, tuvieron que comenzar a retroceder. Más tarde, en el momento en el que el Santo Padre trató de aplicar su política de "tolerancia cero", quienes antes habían acusado a los medios de inventarse los abusos, ya reconocían la valentía del Santo Padre.
Antes de que Ratzinger afirmara que el pecado -y el delito- de la pederastia tiene su origen en el pecado de los miembros de la Iglesia, y no tanto en la sociedad, los adalides del conocimiento y la ortodoxia seguían insistiendo en campañas contra la Iglesia y en la pureza de la misma. Ahora, en su viaje a Reino Unido, el Papa que pasará a la Historia -si su entorno le deja, claro- por declarar la guerra a los abusos sexuales y de poder contra menores por parte de sacerdotes, ha reconocido que no se actuó con prontitud ni diligencia, que hubo vaguedad. "La autoridad de la Iglesia no estuvo suficientemente atenta ni fue suficientemente rápida y decidida a la hora de tomar las medidas necesarias". ¿Qué dirán ahora aquellos que defendían que, siempre y en todo lugar, la Iglesia actuó con diligencia, que se tomaron las medidas efectivas y que jamás se trató mejor al delincuente que a la víctima?
No lo duden, decir "Diego" donde antes dijeron "digo". Encontrarán otros culpables a sus palabras, y seguirán tratando de ubicarse, a empellones, en la foto. Sepulcros blanqueados. Mientras, el Papa, sigue paso a paso tratando de hallar la solución. Muchas veces solo y traicionado. Pero sin detenerse: una buena muestra de lo que puede ser su Pontificado.
baronrampante@hotmail.es