Los ataques contra Omella y Osoro amenazan con retrasar la reforma del episcopado Vuelve la 'guerra de dosieres': el tándem Ouellet-Rouco trata de bloquear las ternas de obispos para España

Rouco y Ouellet.... ¿Otros tiempos?
Rouco y Ouellet.... ¿Otros tiempos?

Al menos tres nombramientos han sido paralizados (no bloqueados) por la Congregación de Obispos durante este verano

El excardenal de Madrid sigue teniendo 'predicamento' (y sobres) para el prefecto Ouellet, que podría ser sustituido en breve

El sector ultraconservador del episcopado español vuelve a la 'guerra de dosieres' que ya fueron desestimados por Francisco

El cardenal Omella debe volver a las reuniones de la Congregación, algo abandonadas durante la pandemia

Son pocos, muy pocos. Cada vez menos. Pero durante años han manejado todos los resortes del poder en la Iglesia española. Y muchos continúan en las 'salas de máquinas'. Enterándose de todos los rumores y tratando de poner palos en las ruedas cuando no les convienen. De momento, han logrado que al menos tres ternas para distintos obispados de nuestro país -singularmente, Zaragoza-, cuyos nombramientos estaban previstos para la primera quincena de julio, se hayan retrasado (que no cancelado).

En el trasfondo, una lucha de poder, similar a la que debió sufrir en su día el cardenal Tarancón cuando cambió la cara del episcopado español tras el Concilio, y que se vio truncada tras el ascenso al pontificado de Juan Pablo II. Ahora, con Francisco en Roma y, por fin, con una cúpula episcopal afín al actual pontífice, el movimiento del sector ultraconservador se ha reproducido. Con varias salvedades.

En primer lugar, los 'buenos' (si es que se puede hablar de buenos y malos en este tipo de tejemanejes, que tienen muy poco que ver con el Evangelio de Jesús y mucho con el poder político-religioso) no tienen el carácter del purpurado nacido en Burriana. Omella y Osoro, tampoco Francisco, son de la hermandad del 'Ordeno y mando'. 

Plenaria de la Conferencia Episcopal
Plenaria de la Conferencia Episcopal

En segundo lugar, la Iglesia española ya no es la que era, ni tiene la relevancia hacia el interior de la Curia romana. Mucho menos de cara a una sociedad que, cada vez más, le vuelve la espalda. Y los viejos fantasmas, que nunca se fueron, regresan para dar una última batalla.

La pandemia fomenta el desorden

Y es que, en los últimos tiempos, junto al bloqueo de ternas (insisto, retraso, no cancelación, pues en breve podrán salir a la luz nombres y destinos), el sector ultraconservador (algún cardenal, varios arzobispos, algunos obispos y ciertos sectores de instituciones eclesiales acostumbradas a lograr lo que quieren en la Iglesia española) ha vuelto a la 'guerra de dosieres' que afectan a posibles candidatos, pero también a los actuales presidente y vicepresidente de la CEE, que si bien ya fueron desestimados por Francisco, sí logran ralentizar los procesos. La pandemia tampoco ha ayudado a unos cambios necesarios, tanto en Añastro como en Roma.

El bloqueo ha llegado hasta la Congregación de Obispos, cuyo titular sigue siendo el cardenal Marc Ouellet, cuya sustitución podría darse en breve, en cuyo caso se acabaría el problema. Pero, mientras tanto, el purpurado continúa escuchando los cantos de sirena de sus antiguos amigos. Entre ellos, el ex cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, que sigue teniendo predicamento (muchos dicen que también 'sobres') con el todavía máximo responsable del nombramiento de obispos en el mundo. Sí, es una pena tener que seguir hablando de quien fuera 'vicepapa español', que tendría que estar disfrutando de un merecido descanso en lugar de en miserias palaciegas. 

Omella y Francisco, a carcajada limpia
Omella y Francisco, a carcajada limpia

Un último servicio al Papa y a la Iglesia española

De momento, lo que ha ocurrido es que las ternas enviadas por el Nuncio Auza -y trabajadas con mimo por el sector renovador- se han encontrado con una suerte de 'silencio administrativo', al que no ayuda, como decíamos, el coronavirus. Desde que estallara la pandemia, el cardenal Omella, presidente de la CEE y miembro de la Congregación de Obispos, no ha podido acudir a Roma, ni ha podido intervenir en el proceso con el Papa y Ouellet.

Una situación que podría cambiar en breve, pues la tercera salvedad de este proceso es que los 'buenos' (insistimos, si se puede hablar de buenos y malos en esta historia) no tienen ningún cargo al que aspirar, pero saben que tienen al menos cuatro años para ofrecer este último servicio al Papa y a la Iglesia española. Y cuando Ouellet no esté, las trabas desaparecerán. Por mucho que los cortesanos de la vieja guardia (que todavía resisten en las curias de Madrid, Barcelona o Añastro) sigan haciendo lo que siempre han hecho mejor que nadie: tramar para resistir en el poder. Ellos también podrían hacer un último servicio, y abandonar. Antes de que, quien tiene potestad, los señale y pierdan sus privilegios. En cualquier otra empresa, ya habrían sido despedidos. Doctores tiene...

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