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La juventud cristiana también está en Sol

Cristo, en la acampada. ¿Dónde están los obispos?

Hace 22 años, una veintena de obispos salían a la calle para protestar contra el matrimonio igualitario. Pocos días después, solo uno, monseñor Omella (en estos días ocupado en culminar su proceso de sucesión, y de lograr que todos estemos muy perdidos, aunque lograremos dar con el nombre), se manifestaba en la concentración por la Pobreza Cero. Los obispos están a punto, otra vez, de perder el tren del camino correcto de la Historia

Acampada en Sol | EFE/Rodrigo Jiménez

"... Y el Verbo se hizo caricia, solidaridad, vida, Palabra. Y acampó entre nosotros". Nunca es tarde para volver a leer la realidad con la mirada del Evangelio, desde esas 'piedras vivas' de las que hablaba León XIV en su reciente viaje a París. Una mirada que se hace más urgente desde las carpas de Sol, desde las tiendas de campaña, símbolo de aquellos que se están quedando sin casa, pero también de los que malviven en otros campamentos, en las playas, a punto de ser expulsados al país de que salieron huyendo.

Hoy, los jóvenes católicos nos están dando una lección. Una más. Algunos de ellos, siguiendo la pasión del Evangelio descarnado del Resucitado, de Aquel que caminaba entre los pobres, que se hacía uno de ellos, que reivindicó al Samaritano y el compromiso con el prójimo (sin establecer categorías sobre el término), han tomado sus tiendas. de campaña y han acampado. En Madrid, en Santiago, en Sevilla, en la misma Oviedo donde el mismo arzobispo de siempre hoy apunta a "la irresponsable indolencia gobernante, o la crispación del ambiente con demagogia populista", muchos chicos y chicas (también mayores) siguiendo las palabras de Cristo, están con el descartado. Con vigor y sin violencia, por más que el portavoz de los obispos hiciera ayer hincapié en "episodios de violencia" inexistentes, mientras callaban hace meses, cuando los ultras reventaban, día sí y día también, la calle Ferraz.

Militantes de la JOC y la JEC acampan en Sol

Nuestros políticos tienen mucho que aprender de la gente. Nuestros obispos, mucho más de su grey. Es difícil hacerlo peor. En el Parlamento, y en la sede de la Conferencia Episcopal donde, "oficialmente", no se abordaron ni la crisis de Ceuta ni el drama de la vivienda.

¿En qué mundo viven nuestros obispos? ¿Por qué este miedo?No hablamos de todos, claro está. Pero sí de una dinámica general, un marasmo colectivo. La perspectiva de un adelanto electoral, y el temor a lo que pueda venir (porque puede venir, sin duda puede hacerlo), ha paralizado a la gran mayoría de la jerarquía católica española, que parece haber olvidado todas y cada una de las palabras lanzadas por León XIV. La polarización no se frena con el silencio, sino con la toma de postura y la propuesta. Y mirando a los ojos de la gente, con misericordia, eligiendo estar con los que sufren. Es imposible no recordar el lema episcopal del añorado, hoy más que nunca, Papa Francisco: 'Miserando atque eligendo'.

Es tiempo para valientes, para creyentes defensores de los pobres, que sepan ofrecer una palabra profética contra la injusticia, y que pongan sus manos, sus pies, sus gritos, para frenar la ola de odio, aporofobia, deshumanización y crueldad que nos circunda

No son tiempos para tibiezas, que no es lo mismo que tratar de tender puentes. Es tiempo para valientes, para creyentes defensores de los pobres, que sepan ofrecer una palabra profética contra la injusticia, y que pongan sus manos, sus pies, sus gritos, para frenar la ola de odio, aporofobia, deshumanización y crueldad que nos circunda. Es tiempo para que los obispos ofrezcan una voz de ciudadanía comprometida, y no mezclen churras y merinas, como inexplicablemente hizo esta misma semana el presidente de la Conferencia Episcopal, comparando el desahucio de Maricarmen con la situación de Ceuta o el aborto. Son trampas al solitario. Además, muy burdas. Y, sobre todo, no construyen.

Comisión Permanente de la CEE | CEE

Hace 22 años, una veintena de obispos salían a la calle para protestar contra el matrimonio igualitario. Pocos días después, solo uno, monseñor Omella (en estos días ocupado en culminar su proceso de sucesión, y de lograr que todos estemos muy perdidos, aunque lograremos dar con el nombre), se manifestaba en la concentración por la Pobreza Cero. Los obispos están a punto, otra vez, de perder el tren del camino correcto de la Historia. Por fortuna, y como acertadamente señalaba el añorado maestro Castillo, cada vez es más necesario diferenciar entre Iglesia, Religión y Evangelio. Y demostrar que los seguidores del Evangelio de Jesús, una vez más, sabemos estar donde estaría Cristo. Hoy, en la acampada. Tal vez, también, camino del Congreso. Allí donde estamo dejando de esperar a nuestros pastores.

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