El miedo a la libertad o el derecho a ser Iglesia
Ocurrió lo mismo en Sevilla o en Coria-Cáceres. ¿Ni siquiera los organismos eclesiásticos que trabajan directamente con el mundo obrero están capacitados para dar una voz de Iglesia ante la crisis, la huelga o la reforma laboral? ¿A qué tanto temor? Resulta extremadamente irritante tener que recordar, a estas alturas, que Iglesia somos todos. Enfada soberanamente que los cristianos sigamos teniendo tanto miedo a expresar nuestras opciones, sin que necesariamente cuenten con el apoyo, aval, firma y sello del obispo, arzobispo o cardenal correspondiente.
También hay que decir que para otras protestas ese filtro no existe... o acaso que la identificación entre quienes plantean ese tipo de modificaciones y las altas jerarquías sea tan plena que desfigure la libertad de los seguidores de Jesús. Que Iglesia somos todos los seguidores del Resucitado. Que si queremos estar en sociedad tenemos que alzar la voz, en igualdad de condiciones y sin tanto condicionamiento. Y si no, no somos Iglesia, sino algo más parecido a una secta donde hay que peinarse, vestirse y modular la voz como el gran líder.
Hay que perder el miedo a la libertad, sea respecto a la huelga o a cualquier otra cuestión. Para parecernos a Jesús y, siendo más "pedestres" (y ortodoxos), para evitar ese mal que el Papa denunció hace poco: el de los enemigos de la Iglesia que, curiosamente, también están dentro de ella. Y no dejan moverse ni a la sombra que hay bajo sus pies.
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