Un rato haciendo Iglesia
"La obediencia es a la conciencia, y la conciencia sólo es de Dios". Ayer, en mitad de una semana francamente estresante, tuve la oportunidad de gastar una hora y media con un buen amigo. Un sacerdote, Javier Baeza, del "centro pastoral" (curioso eufemismo) de San carlos Borromeo. La parroquia de Entrevías, para que nos entendamos. Hablamos de la situación de la Iglesia, de Manel Pousa y su posible excomunión -ya les digo que va a ser difícil demostrar la "cooperación necesaria"-, del pasado y el futuro. Fue una charla reveladora y refrescante, sólo interrumpida al principio cuando nos topamos con una mujer a la que la Policía pedía los papeles. Y Javier, cómo no, se interesó por la situación, y supo parar los pies al agente cuando corrió el riesgo de extralimitarse. No llegó la sangre al río.
Y... sí, rezamos, o algo parecido, juntos. Nos pusimos delante de Dios, y ya se sabe, cuando dos o más se reúnen en Su nombre... incluso en Entrevías, allí está Dios. No cumple Javier el cliché de los curas "progres" que tanto asustan a la jerarquía "ultra" (sí, lo siento, otro cliché, mea culpa): está en contra del aborto, entiende que la Iglesia tiene una función imprescindible en la sociedad, imparte los sacramentos, guarda el celibato... y como Cristo, está en la calle. Trata de hacerse uno con la comunidad en la que le ha tocado vivir.
Javier es joven, apenas 43 años, muy lejos de la media. Y después de tanto ruido, tanta persecución e incomprensión, sigue con la fe en pie. Y con el sentido de peretenencia a la Iglesia a prueba de bombas. "Hay muchas cosas que no comparto, pero no me voy. Tampoco me borro de mi familia porque me enfade con mi padre, que me enfado. La Iglesia no es un lugar de peregrinación, nuestro lugar es la calle". Y uno parece estar escuchando a Jesús, el Nazareno, paseando por las calles de Madrid. O por lo menos reconociendo en la mirada y en la voz de Javier Baeza lo que tantas veces hemos escuchado, y sentido, en el fondo del corazón, a través del Evangelio.
Seguramente Javier se cabree por contar algunas de estas cosas, por hacerle "protagonista" de un buen rato en mitad de una semana difícil, como últimamente vienen siendo todas. Gracias, Javier, por la "confesión", por la disponibilidad, por los pulpitos y los Nestea... y por ser un cristiano normal. Un cura. Ni más, ni menos. Y yo un seglar. Ambos riéndonos y disfrutando de cómo las nubes corrían por el cielo de nuestro Madrid, tal vez el más bonito del mundo. Y haciendo Iglesia. Que sigue haciendo falta.
"Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda" (Mt 5, 20-26)
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