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Operación al Papa

El Papa duerme, se cansa, come, caga y se pone enfermo… como todos

De domingo a domingo: León XIV anuncia que ha de operarse, se descubre un cáncer, se desatan los nervios, y regresa al Vaticano. Primeros nombramientos en una España polarizada. La lucha contra el hambre y la pasión de los misioneros, en el #resumensemanal de @bastantejesus en @religiondigit

El Papa duerme, se cansa, come, caga y se pone enfermo… como todos

El domingo pasado, saltó la noticia y, con ella, la preocupación: el Papa anunciaba, durante el rezo del Angelus, que debía operarse de un nódulo en el pulmón. De inmediato, la alarma saltó de las redacciones a las tertulias, de ahí a las sacristías, y corrió como un reguero de pólvora de preocupación… y de cálculos.

La operación, llevada a cabo el martes, confirmó los peores diagnósticos: el papa tenía Cáncer de pulmón. La palabra maldita, considerada tabú. Comenzó a hablarse de un Vaticano en precónclave, se buscaron explicaciones enrevesadas y, como sucede en tantas ocasiones en este mundo nuestro, emergieron teorías de la conspiración.

Sin embargo, León XIV superó la dificultad con una rapidez inusitada, fruto en buena medida de la técnica utilizada para la extracción del lóbulo inferior de su pulmón derecho. Por cierto, ‘marca España’, que no todo lo hacemos mal en estos tiempos de polarización. En apenas cuatro días, el Papa moribundo caminaba, trabajaba, firmaba nombramientos, celebraba misa y, este sábado, regresaba a casa. Este domingo le vemos desde el mismo balcón en el que anunció su enfermedad.

¿Cambia este pontificado? Habrá que esperar a los resultados de los análisis médicos, pero si podemos extraer algunas lecciones de lo ocurrido esta semana, sin duda, una de ellas es que este Papa es un hombre, y sabe ponerse en las manos de Dios y de los hombres. Así lo hizo anunciando su operación, aceptando una estrategia más agresiva de lo pensado, y no ocultando ninguna información. Y así lo hará en el futuro más inmediato: serán los médicos, y su situación física, la que determinen si el viaje a América se mantiene, se modifica o se retrasa. Porque el Evangelio nos llama a dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Y porque el Papa es un hombre, que duerme, se cansa, come, duerme, caga y se pone enfermo como todos.

Tenemos Papa para rato, una figura extremadamente necesaria en estos tiempos que corren, tan polarizados, con tanto odio y tanta mentira. Lo necesitamos para una España envuelta en unas elecciones clave para decidir qué queremos ser, pero también en Brasil, o en Estados Unidos. Lo necesitamos como voz de paz en mitad de la guerra de Ucrania, la violencia en Francia o el genocidio en Gaza. De hecho, desde el Gemelli, el Papa llamó a Putin. Otro gesto. Lo necesitamos dando voz a los sin voz, como hizo en el discurso enviado este viernes a la FAO con motivo del Día Mundial de la Alimentación.

Porque necesitamos hombres y mujeres que, más allá del ruido, los intereses espúreos o las estrategias calculadas, den un paso al frente, y sigan trabajando. Desde la normalidad, con criterios humanos, con la mirada puesta en Dios y en los hombres. Eso sigue haciendo León. Se ha notado, en estos días de hospitalización, también en la Iglesia española, con el nombramiento de los primeros obispos de la ‘era Pioppo’, que como anunciamos marcarán el comienzo de un proceso de cambio episcopal tan necesario como difícil de llevar a cabo. En manos de Prevost, y el cardenal Cobo, está la cosa.

Y el Papa ha elegido que Cobo le acompañará en este camino. Su compañero en Barcelona será el siguiente gran paso. Por lo visto esta semana en la Ciudad Condal, la unidad de acción será casi inmediata. Aunque los de siempre, con sus grotescas obsesiones, sigan viendo fantasmas detrás de las sábanas, con su bola y todo, donde únicamente hay un intento de volver a lo esencial: el Evangelio de Jesús. Algo que hacen realidad, cada día, miles de misioneros en todo el mundo. Hoy en su día, el Día del Domund. Y el de los pobres que acompañaron a Jesús, y que son imprescindibles para entender qué Iglesia queremos ser. ¿Los músicos del Titanic o los constructores de una nueva sinfonía? Sea como sea, lo contaremos #primeroRD

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